|
|
Nuestras pupilas estaban cansadas de tanta luz. Por la mañana temprano habíamos salido a recorrer aquel paisaje exótico al que no estaba acostumbrado. Primero el sudor, después la lluvia, la humedad era nuestra compañera.
Nuestros cuerpos estaban todavía doloridos del traqueteo del viejo autobús. Nuestras mentes confusas de tantas sensaciones nuevas. El paisaje rico en olores y colores lo teníamos todavía presente cuando cerramos las persianas de la ventana del Hotel. La habitación no tenia aire acondicionado, seguíamos sudando. Fuera se oía el bullicio de la noche, los cláxones de los coches, las risas de la gente. El Paraíso por la tarde se llenaba de alegría. Al empezar a ponerse el sol las calles pierden los rastros de la tormenta tropical de cada día. El agua deja paso a las riadas de gente que busca diversión en el ranció alcohol y en los cuerpos calientes.
Mientras yo ordeno la bolsa de la cámara de fotos, tu descansas sobre la cama, las aspas del gran ventilador giran sobre tu cuerpo, moviendo el aire cálido de la habitación. Estas de costado. Tu piel morena destaca sobre tu corto vestido azul celeste. Tus hombros desnudos brillan y siguen calientes después de recibir todo el día los rayos de un brillante sol. Dos finos tirantes bajan hasta el vestido, insinuando dos pechos desbocados, libres de toda atadura. Por el escote sobre sale el volumen de tu pecho izquierdo. El otro pecho, que casi roza la cama, insinúa el pezón excitado bajo la tela del vestido.
Tus piernas juntas, una encima de la otra, flexionadas por la rodilla esconde tus muslos tersos bajo tu corta indumentaria. Tu cadera bien marcada por tu posición sobre la cama. Me sigues mirando, yo sigo de espaldas a ti, pero no pierdo detalle a través del gran espejo que cubre la pared. La luz tenue de la habitación se mezcla con los destellos rojos del luminoso del hotel que intermitentemente entra por las rendijas de la ventana mal encajada. Con los cambios de luz tu figura queda recortada sobre la cama como una imagen onírica, que va del color cobrizo de tu piel morena al rojo de la luz que inunda la habitación.Mi camisa blanca sigue pegada a mi cuerpo empapado, noto como por la espalda baja el sudor frío que intenta mitigar el calor al que estamos sometidos. Es una sensación agradable. Sigues recostada sobre la cama apoyando tu cabeza sobre un brazo, clavando tu codo sobre el colchón. Avanzo hasta el lecho. Con los pies me descalzo, lanzando mis zapatillas por el suelo de la habitación.
Me tumbo también estirado de costado enfrente de ti. Mi codo roza el tuyo, mis rodillas, cubiertas todavía por mis pantalones blancos de algodón, rozan las tuyas. Los dos frente a frente atravesados sobre la gran cama. Extiendes tu mano hasta llegar a mi camisa, desabrochas uno a uno los botones, dejando al descubierto mi pecho húmedo. Con la palma de tu mano me acaricias mientras
Yo acerco mi sien para apoyarme a la tuya. Las gotas de sudor arrancan de tu cabello bajando por tu cara. Mi lengua bebe del sendero salado que ha dejado. Giras tu cabeza hasta rozar con tus labios mi mejilla. Tu mano sigue por dentro de mi camisa acariciando mi hombro. Mis labios arrancan un beso furtivo de los tuyos. Al contacto, nuestras salivas y sudores se unen.
Mi mano se desliza por tu cadera. Despacio baja hasta el borde de tu vestido. Mis dedos empiezan a dejar al descubierto tu muslo. Avanzo despacio por tu piel arrastrando el vestido hasta llegar a tu cadera. Tu con tu mano buscas la mía que ya llegado al hasta la cintura de tu braga diminuta.
Tus dedos se entrelazan con los míos. Levantas mi brazo, Yo con la otra mano busco los dedos de la otra mano para entrelazarlos. Abro tus brazos y al perder el equilibrio tu espalda y piernas quedan extendidas en la cama. Te mantengo con los brazos extendidos y apoyados contra el colchón, con mis piernas monto sobre ti, manteniéndome de rodillas en la cama. Dejando tu cuerpo entre mis piernas. Intentas levantar tu cabeza buscando mis labios. Yo me retiro cara sin dejar libres tus brazos. Desistes del intento, dejas caer tu nuca sobre la cama. Te tengo a mi merced. Con mi boca empiezo a robarte besos. Primero la frente, los párpados, las mejillas, los hombros desnudos. Tus brazos buscan liberarse de mí.
Mis besos te llenan de turbación, quieres corresponderme y no te dejo. Yo sigo encima de ti. Con mi camisa desabrochada que cae sobre tu cuerpo dejando al descubierto mi pecho y estomago. Desde mi ombligo ves como baja una fina línea de vello negro que se pierde por la cintura de mi pantalón.
Mi cuerpo se desliza bajando por tu cuerpo, mi boca besa tus pechos que rebosan por el escote de tu vestido. Al contacto de mis labios te estremeces. Tus muslos buscan el contacto de los míos, flexionas las piernas y tu vestido se pliega sobre tu vientre dejando al descubierto tu pubis cubierto por un pequeño triángulo de ropa que se abulta entre tus ingles. Tus manos dejan de hacer fuerza, te has resignado a mi iniciativa. Dejo tus manos libres mientras bajo hasta tu vientre, subo tu vestido con mis dientes dejando que mis labios besen tu ombligo.
Tus manos retiran mi camisa por mis hombros.
Me incorporo y acabo quitándomela. Vuelvo a bajar hasta percibir el calor de tu cuerpo cerca de mi cara, con mis dedos retiro tus tirantes y tu acabas de desacerté de ellos, dejando el vestido libre. Retiro el vestido hasta tu estomago dejando a mi vista tus pechos. Mientras mis manos acarician por primera vez tus pechos, retiro mis piernas para permitir que tú abras las tuyas. Dejo caer mi cara de nuevo en tu vientre, mis piernas ya están casi fuera de la cama. Tu mirada se pierde en las aspas del ventilador mientras dejas que mis labios empiezan a besarte tu pubis. Notas mi aliento próximo a tu sexo.Tienes las piernas flexionadas con las rodillas levantadas. Tus pies fuertemente apoyados en el colchón te permite levantar tu pelvis buscando mi cara cada vez que la retiro. La cara interna de tus muslos presionan mis mejillas. Levanto mi mirada y veo tras tu vientre el vestido arrugado en tu estomago, tus pechos reposando sobre tu cuerpo con los pezones erectos al fondo tu cara que la levantas para ver mis ojos de excitación. Sientes mi aliento en tu sexo. Percibo el calor que desprende. Tus muslos tiernos tiemblan con la presión de mis labios en tu pubis.
Te estremeces, el sudor de nuevo fluye por nuestros cuerpos. Delicadamente mis dedos bajan entre tus pechos arrastrando mis yemas por tu estomago, por tu ombligo, por tu vientre. Arrastro la cintura de tu braguita dejando al descubierto tu vello rizado, me ayudas con un leve movimiento y dejo que baje por tus piernas. El calor es intenso, tu espalda húmeda por el sudor se adhiere a la colcha de la cama. Rozo con mis labios mojados tus pétalos carnosos, al abrirlos tu humedad hace brillar los pliegues rosas y delicados. El roce te estremece. Tu respiración se acelera, el corazón inunda las arterias de tu vientre con sangre nueva.
Me incorporo mientras tu me liberas de los pantalones. De nuevo frente a frente. Yo me pongo de rodillas y sentado sobre mis talones encima de la cama. Dejo que pases tus piernas por mí cintura. Tus brazos por mi cuello, mientras mis manos te abrazan. Nuestros cuerpos unidos se complementan. Llenando espacios y buscando la caricia dulce de nuestros sexos. Nuestros movimientos suaves y delicados se dejan llevar por el rápido latido de nuestros corazones. El ventilador testigo mudo de nuestro encuentro no deja de lanzar aire cálido sobre nuestros cuerpos. Los besos buscan los rincones escondidos de nuestra piel. Saliva y sudor se mezclan, pasión y amor nos hace responder a cada caricia con otra más intensa y larga. Cerramos los ojos intentando retener este momento, cuando los espasmos y las palpitaciones salen a flor de piel. Vientre contra vientre, pecho contra pecho, boca contra boca. Unidos y confundidos en un mismo sentimiento, en un mismo placer. El temblor nos inunda al unísono.
Nuestros cuerpos se tensan en un largo orgasmo. Caemos a la cama exhaustos del que ha sido el primer encuentro de la noche.
ALATRISTE
Volver al Indicede Alatriste