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Hola, soy un chico de 30 años y siempre he estado indeciso en publicar mis sueños, pero lo de ahora me ha dado fuerzas para hacerlo. Esto me ha pasado hace sólo unos meses. La historia comienza hace muchos años. Era Septiembre y empezaba en un nuevo Instituto, allí conocí a Marta, una chica preciosa, pequeñita pero con un buen cuerpo. Pechos pequeños y una boca y labios que te invitaban a comértelos. Además tenía unos ojos grandes, preciosos. Lo mejor era cuando sonreía, pues a la vez sus ojos brillaban, te miraban de una manera muy insinuante. Con los años, ha mejorado.Me hice muy amigo suyo y empezamos a salir juntos, ella con su pareja y yo con la mía. Yo era virgen todavía, y mis calentones siempre los apagaba pensando que hacía el amor con ella. Siempre de la misma postura, ella encima de mí, clavándose mi sexo en su monte de Venus y galopando encima de él hasta terminar corriéndonos los dos. En un momento dado, ya ninguno de los dos podíamos tapar lo que sentíamos el uno por el otro, por lo que tuvimos un pequeño desliz, sin que pasara de besarnos en la boca. Un día la acompañé a su casa, sus padres no estaban, por lo que pensé que iba a ser el gran día, sin embargo antes de empezar, aunque yo ya tenía el miembro que me iba a explotar, aparecieron. Les saludé, estuve un ratito y dije que me iba, pues era tarde. Ella me acompañó hasta el bajo (vive en un noveno) y en el ascensor empezamos a comernos los labios, yo paré el ascensor entre dos pisos, porque quería más, pero fue imposible, así que tuve que tuve que apagar mi fuego yo sólo otra vez.
Me hice una de mis mejores pajas, tenía la polla durísima. Empecé a bajarme el pellejo hasta dejar mi glande descubierto al completo, y subir y bajar lentamente, mientras, pensaba que estábamos en el ascensor, la iba desnudando y lo hacíamos de pié.
Nuestras parejas empezaron a mosquearse, por lo que lo dejamos estar y nunca más hablamos del tema.
Pero la historia empieza ahora, ella pasaba una mala racha y me llamó, diciendo que se acordaba mucho de mí y que por qué habíamos roto la relación que teníamos. Entonces un día, me hice daño en un talón y me dieron la baja laboral. Estaba yo sólo en casa, con el pijama, cuando sonó el timbré y resultó ser ella. Yo, tenía una sensación de nervios y a la vez de morbo que no puedo explicarla, y a ella le pasaba lo mismo, se la notaba. Empezamos a hablar de cosas intrascendentes, que si tu hija que si mi hijo, el trabajo y tal. Hubo un momento de silencio y nos miramos los dos sin decir nada, hasta que ella rompió el silencio y me preguntó en qué estaba pensando. Entonces, pensé que era mi oportunidad:
- Estoy como loco por besarte.- la dije
Entonces ella me respondió, “pues hazlo” y se lanzó a mis labios. Nos hundimos en un profundo beso que duró y duró, nos fuimos cambiando de posiciones hasta que acabó encima de mí, entonces empecé a quitarle el jersey y el sujetador que llevaba puesto. En esos momentos mi sexo estaba a cien y me imagino que el suyo también, porque gemía como si ya estuviera dentro de ella y lo frotaba contra mi miembro. Me comí sus pechos duros y pellizqué sus pezones con mis dientes hasta que dio un gemido algo más fuerte que los que daba mientras nos besábamos. No sé si se correría, porque todavía tenía los pantalones y sus braguitas puestas. Después de eso, me hizo tumbarme en el sofá, retiró mis pantalones y calzoncillos y mi duro sexo salió totalmente erecto, pidiendo ser comido. Se bajó lentamente hasta él, sin dejar de mirarme, lo que me ponía aún más cachondo, estuvo un rato chupándomela de arriba abajo, luego se la dejaba toda dentro, absorbiendo mi capullo y jugando con su lengua, me daba un placer tremendo, era la mejor comida que me habían hecho en mi vida. Estaba a punto de correrme, pero como nunca lo había hecho dentro de la boca de ninguna mujer, me dio reparo y aguanté, cuando de repente, vio la hora y se tenía que ir. Al menos esta vez no tuve que apagar mi fuego sólo, ya que se compadeció de mí y al ver mi polla tan gorda, me hizo una maravillosa paja, que acabó toda la leche en mi cuerpo. Sabía que eso era lo máximo que podría conseguir, pues ya me había dicho que la daba miedo llegar a más. En cambio, yo no perdía la esperanza de que con algún calentón se atreviese a hacer el amor conmigo. Pero eso ya es otra historia.
por Chalexal
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