Prueba de vocación
 por MIranda
Era una primavera linda en la ciudad, cálida, con sus días un poco  nublados por la lluvia, pero nunca tristes ni melancólicos como suele suceder. Esa mañana había amanecido preciosa, los pájaros trinaban afuera, el sol se colaba suave por la ventana y el viento cálido traía olor de flores y campos, era mi primer día en el convento.

Si bien es cierto, jamás tuve inclinaciones para ser monja, ni inquietudes por la vida religiosa, los chicos desde pequeña me llamaban la atención, me gustaban las fiestas, salir, bailar, provocar a los muchachos (aunque de un toqueteo por encima de la ropa no pasaba), sobretodo si me sacaban ya muchos años, (los niños de mi edad me parecen estúpidos) y el pasearme ahora con un rosario en la mano, en traje de pingüino, y acostándome a las 8 de la noche no me hacía la más mínima gracia.

Siempre fui de las niñas controversiales del cole, tú sabes... la niña que tiene el novio más guapo aunque ella no esté tan guapa, o la que anda con un "señor" que le lleva 10 años, incluso en una ocasión estuve liada en un escándalo con un profesor, que realmente no fue nada, pero ya sabes lo que dicen: Pueblo chico, infierno grande, esto, aunado a otras cuántas andanzas fue lo que llevó a mi madre a meterme de monja.

La madre superiora nos llamó a levantarnos a las 6 de la mañana, no era nada divertido el asunto, y aunque la mañana estaba bonita, habría preferido quedarme a dormir otro rato, pero no, hoy era un día especial, tendríamos un retiro espiritual ya que nos visitaban unos sacerdotes, novicios y seminaristas de otro estado, "¡Genial! -pensé- tal vez veamos algo bueno entre todos ellos", me puse la falda larga, una blusa blanca de manga larga, me recogí el cabello, me maquillé y salí a desayunar junto con las hermanas, quienes ya estaban con los sacerdotes. Claro, me llevé la regañada del año, en primera por llegar tarde, en segunda por llevar desabotonada la blusa los primeros 2 botones y en tercera por andar maquillada, lo peor del caso fue que cuando volteé a ver a los sacerdotes y novicios pude darme cuenta de que la mayora eran ancianos o simplemente nada atractivos, y los pocos jóvenes más o menos bien que se encontraban ahí me habían visto como si fuera prostituta... Estábamos en lo más interesante del regaño (o sea el único segmento en que la madre logró tener mi atención) cuando un joven entró corriendo, por el atuendo pude distinguir que era novicio, tena cara de despistado, era muy alto y delgado, moreno, usaba gafas y su cabello era negro, casi tan negro como sus ojos profundos, Cargaba una pila de libros que parecían pesados, aún para él. Al entrar también fue reprendido por el padre superior debido a su demora, después la madre continuó regañándome frente a todos y una vez que hubo terminado con mi "historial de placeres carnales indebidos" (como ella misma lo llamó) decidió dejarme ir.

Una vez cambiada y desmaquillada, salí nuevamente cuando el desayuno ya estaba por terminar (de manera que cuando llegué a la mesa la disculpa fue "te tardaste demasiado, tienes que esperar hasta la comida"), fui a sentarme a la mesa y vi como el chico de los libros estaba platicando por un sacerdote que parecía muy prepotente, cuando de repente en un comentario que no le agradó le tumbó los libros de la mesa, el pobre chaval se arrodilló en el piso a recogerlos, y bueno, el que no sea una monja no significa que sea una perra, así que lo ayudé a levantarlos

-Gracias, se lo agradezco mucho- dijo juntando los libros y poniéndolos sobre la silla, aún sin dirigirme la mirada

-Hombre, no es nada, he visto lo que el tipo te dijo -en ese momento ambos estiramos la mano para coger el último libro, y su mano quedó sobre la mía, la dejó un momento y luego la retiró bruscamente como asustado- niño, que no muerdo... no soy una ninfómana-devora-hombres como dijo la madre superiora -él solo rió un momento y luego clavó sus ojos en los míos, no era guapo, ni siquiera un poco atractivo, pero algo había en él que llamaba mi atención

-Fernando -dijo tendiéndome la mano- mucho gusto hermana...

-María Paula -le dije estrechando su mano y antes de que pudiera terminar volvió a inquirirme

-Cuántos años tiene si no es indiscreción? se ve usted muy joven para ser hermana- Reí un poco

-Tengo 18 años, pero no soy hermana, me tienen recluida por mal comportamiento jajaja ¿tú cuántos años tienes?

- 24, pero entonces, ¿usted no está aquí por voluntad propia? -me dijo mientras me ayudaba a levantar

- Háblame de tú, no me gustan los formalismos, y sí, has acertado, no estoy por voluntad propia, ¿tú sí?

-Yo sí qué?

-¿Estás por tu voluntad?

-Pues... sí...

Tomó los libros y en ese momento los superiores llamaron a salir al jardín, según para tener la primera plática del retiro, salimos los dos juntos, pero a la madre no le cayó en gracia mi nuevo amigo, de modo que me tomó del brazo y le dijo a Fernando que se adelantara, mientras que yo me quedaba con ella. La plática fue muy aburrida, entre las caras buscaba a Fernando a ver qué tal lo estaba pasando, pero la madre al notarlo me metió tremendo pellizco. Terminó la plática, luego vino una actividad en equipos, y otra, y otra... hasta que por fin nos dejaron un momento solos para "reflexionar"... yo lo único que quería era desintoxicarme y escuchar el silencio (y si podía, ver a Fernando, algo en él había llamado potentemente mi atención). Me aparté hasta llegar a un pasillo largo, un poco oscuro, que salía a un jardín, ahí me senté en el piso y escuché mi respiración, la contuve un momento... no estaba sola...

-¿María? ¿María Paula, eres tú?-escuché una voz que me llamaba, un escalofrío recorrió mi espalda

- Sí... ¿Fernando? -pregunté nerviosa

-Sí... ¿qué haces aquí? -me preguntó un poco agitado

- Pues... supongo que lo mismo que tú -le dije mientras gateaba en pos de él

-¡No te acerques!-me gritó y al momento escuché el sonido de un zipper
-Tranquilo -dije sin detenerme- no voy a acusarte, lo que hagas no es de mi incumbencia

-Así es, no te importa, vete -me dijo mientras se volteaba contra una columna y yo llegaba junto a él

-Oye... no pasa nada -le dije mientras le ponía las manos en los hombros- no he visto nada de lo que hayas estado haciendo, a penas cuando me llamaste noté tu presencia -¡claro que sabía lo que había estado haciendo!, y ahora la contraluz lo delataba, poda observar un gran bulto en su pantalón, no puedo decir que fuera el más grande que había visto, pero sí tenía un tamaño muy considerable
-¿Por qué viniste aquí? -me dijo calmándose un poco, pero aún sin darme la cara

-Quería estar en un lugar relajado, a oscuras, sola... -y mientras le decía iba deslizando mis manos por sus hombros, sus brazos, sus manos, hasta llegar a su cintura- un lugar lejos de donde están todos los demás -le dije, y se sobresaltó al sentir mis manos sobre su camisa, no tenía la malicia de cualquier muchacho, era diferente...

-Por favor, vete... no quiero que me veas así- me dijo agachando la cabeza

-¿Así cómo Fernando? -le pregunté tratando de disimular que había notado su rígido miembro, él volteó a verme a los ojos, se quedó un momento contemplando mi rostro, como examinándolo, le dirigí una mirada dulce y una sonrisa discreta, él me miraba con timidez y algo más, no poda definir qué era, le inquirí nuevamente solo con la mirada

-Eres muy bonita María... y tan... inocente... no creo que lo que haya dicho la superiora sea verdad...-yo bajé instintivamente la cabeza, sentí cómo el color corría por mis mejillas, sentía que su mirada me desnudaba, me acariciaba la piel, me hacía una peligrosa invitación a toda clase de placeres pecaminosos a realizarse en ese mismo pasillo, y sin embargo no sentía que fuera lascivo, sino al contrario: dulce, curioso, como un niño que fantasea con abrir el cajón que mamá le ha prohibido

-No sabes si pueda ser verdad o no

Le dije mientras miraba su miembro palpitante. Todo eso me excitaba mucho y mi conchita comenzaba a humedecerse, imaginando todo lo que podríamos hacer… quería tener su pene entre mis manos, acariciarlo, frotarlo contra mí, quería sentir sus dedos corriendo por mi sexo, besarlo, acariciarlo de mil formas, desnudarlo, tenerlo dentro, lo deseaba como nunca había deseado a un hombre antes; era muy extraño, pero ejercía un poder terrible sobre mí, en ese momento me habría sometido a cualquiera de sus deseos, aún a los más bajos, a los más viles, no me importaba estar en un convento ni que él tuviera una vida consagrada a seguir, y era quizás eso lo que hacía la situación más ardiente, el saber que era prohibido, que "no debía", pero aún así lo quería para mí, para mí y para nadie más. Me senté junto a él quedando volteada hacia la columna donde antes se había escondido, él estaba de perfil hacia mí, recargado en la pared, con las rodillas encogidas, de repente, volteó hacia mí, su mano buscó mi rostro y comenzó a acariciarlo suavemente, mientras que con el pulgar recorría los párpados, la nariz, las mejillas, para finalmente llegar a mis labios, comenzó a acariciarlos pausadamente, sintiendo cada uno de sus pliegues, poda sentir cómo sus yemas resbalaban fácilmente sobre el brillo labial, su textura suave y el delicado vaivén que jugueteaba con las carnosidades; yo entreabrí la boca y comencé a rozarme poquito a poquito contra sus dedos, de manera que le daba pequeños besitos a su pulgar, mismos que poco a poco se fueron aumentando de potencia hasta convertirse en francas y descaradas chupadas, y aunque su dedo era la que las reciba, él sabía que yo pensaba en otra parte de su cuerpo... en éstas estábamos cuando se retiró bruscamente.

- ¿Qué pasa?- le pregunté mientras me acercaba un poco más a él y lo miraba a la cara -¿hice algo mal? -le dije en un tono maliciosamente inocente

-No, no... todo esto está mal -me dijo volteando al frente- tú no deberías estar aquí, esto no debía haber sucedido...

-Todo sucede por una razón... quizás tú seas el que no deba estar aquí encerrado rezando -le dije mientras miraba insistentemente sus labios

-¿Tú qué sabes? -me dijo en un tono irónico-, eres una chiquilla... no puedes saber si debo estar aquí o no

-Puede que no sepa mucho -le dije mientras me le acercaba peligrosamente- pero sé que de no gustarte lo que hacías, no seguirías aquí conmigo -lo miré primero a los ojos, y luego lo besé en la mejilla, justo por fuera de los labios y lo volví a mirar largamente -¿Ya ves?, para éstas alturas otro ya habría huido

-¿Y cómo sabes que la que debería haber huido no eres tú?

Fue una respuesta inesperada para mí y todo lo que siguió pasó muy rápido: yo no lo haba notado, pero mientras lo besaba él había puesto su mano derecha sobre mi pierna izquierda, al momento de responder, me jaló hacia él y me besó. Sus besos eran desesperados, arrebatados, respiraba con dificultad y su lengua buscaba la mía casi con furia, abrí mis piernas y se colocó en medio de ellas, sentía como su sexo estaba de duro y caliente, y empujaba con una fuerza como si quisiera follarme por encima de las ropas, la falda a penas cubra mi tanguita, y su gran miembro presionándose contra mí me hacía empaparme, muy poco escapaba a su vista y a mis sentidos, cogió mi mano con firmeza y la llevó a su bragueta, me hizo tocar su miembro por encima del pantalón, al sentir lo duro que estaba no pude contenerme y con las dos manos abrí el zipper y lo saqué, nunca haba tenido una verga en mis manos, se sentía muy dura pero su piel era muy suave, quería besarla, lamerla, chuparla y sacarle toda la leche, comencé a frotarlo suavemente desde la base hacia arriba, a penas rozando suavemente, daba pequeñas vueltas con los dedos alrededor y en su punta, él bramaba a cada caricia, pero lo hacía quedamente, después de todo haba más gente en las cercanías, escuchaba su respiración entrecortada, sentía sus besos sobre mi cuello, mi boca, su lengua recorría hábilmente lo que la blusa no le ocultaba, su mano derecha recorría por dentro de mis muslos, en caricias largas y deliciosas, mientras que la izquierda me apretaba fuertemente contra su pecho, sentía sus huevos queriendo alcanzar mis manos, que seguían recorriendo su gran y durísima carne, hasta que sacar el primer chorro de semen que fue a dar justo a mi coñito, él gemía un poco más fuerte, sin llegar a gritar, pero sabía que le encantaba, mis pezones estaban también muy duros y los senos comenzaban a dolerme de lo tensos, mi hilo dental ya estaba muy recorrido para ese momento, seguí acariciándolo, de abajo hacia arriba, tocaba sus testículos con la mano derecha y con la izquierda jalaba su verga, exprimiéndola, quería todo lo que tenía dentro de él, lo quería dentro, solté sus huevos y dirigí su mano hacia mi raja, estaba muy caliente y a punto de correrme, sus dedos no pusieron oposición a tocarme, aaahh qué delicia!!!!!, comenzaba a tocarme y a posar sus dedos sobre mí cuando intempestivamente se hizo hacia atrás, rápidamente metió su polla en el pantalón y volvió la vista al final del pasillo, yo estaba todavía jadeante, llena de deseo, frustrada y sorprendida por su súbita reacción, con las piernas abiertas, casi acostada en el piso...

-¿Pero qué... -le dije todavía con la respiración entrecortada- ...qué carajos te pasa... Fernando?

Él caminó en mi dirección y se hincó frente a mí, respiraba por la boca, mi sexo palpitante estaba frente a él, todo rojo y henchido como rogándole que se uniera, mis jugos tibios le pedían que no me dejara así, incitándolo a seguir en el juego, deslizó su mano entre mis piernas, tocando dentro de mis muslos hasta llegar a mi conchita, rozó suavemente mis labios menores, con lo que me estremecí, pero no parecía interesado, siguió subiendo su mano lenta y pausadamente, poda sentir cada uno de sus dedos deslizándose suavemente sobre mí, hasta que dio con mi hilo dental, lo levantó un poco y lo acomodó, no sin antes pasar una larga caricia por mi raja, sentí que retiraría su mano y la detuve, pero él se soltó, tomó mis rodillas entre sus manos y las unió, como ya no queriendo ver, las besó todavía unidas y me dijo: "Lo siento, no puedo hacerlo, mi vocación es otra" Yo estaba atónita, estiré las piernas ya cerradas en medio de sus piernas, con la cabeza gacha, él se levantó y me tendió la mano, yo lo rechacé.

-Déjame en paz Fernando, creo que ya me has humillado lo suficiente- le dije mientras me levantaba y sacudía la falda-, no necesito de tu ayuda

-Por favor María, perdóname, no fue mi intención -trató de explicarse mientras lo miraba fríamente- es que... me siento confundido

-Aaahhh estás confundido -dije en tono sarcástico- eso lo explica todo, y mientras sales de tu confusión andas probando con cuántas mujeres puedas darte una revolcada -di media vuelta y eché a andar- ¡eso es no tener madre!

-¡Paula escúchame!-me dijo mientras me asía fuertemente del brazo- no es como tú piensas, estoy confundido, nunca antes había hecho algo así con una mujer, ¡Nunca!

-Sí... ahora resulta...

-Escúchame, por favor, todo lo que necesito es una prueba

-Jajaja, ¿una prueba? -le dije acercándome a él y tirando de mi brazo para liberarme- bueno, creo que ya tuviste tu prueba: Yo soy una puta y tú eres un santo, ya comprobaste que lo que dijo la madre superiora es verdad, no hay nada que aclarar -le dije dirigiéndole una mirada fría, enojada y decepcionada-, así que con permiso, me largo -di media vuelta y comencé a caminar, él me siguió mientras hablaba, me tomó de los hombros y me hizo voltear a verle

-María, tú no eres ninguna puta ni yo soy un santo, y lo que diga la madre superiora me tiene sin cuidado, eres una mujer bellísima, hermosa, y yo soy un estúpido por lo que hice, no sé qué pasó

-¿No sabes qué pasó? pues yo sí -le dije casi gritando en su cara- lo que pasa es que le tienes miedo a las mujeres, por eso te escondes detrás de esas ropas, pero vaya, qué digo, quizás no les tengas miedo -le dije alejándome un poco y mirándolo de arriba abajo- quizás es solo que no te somos atractivas

-¡Óyeme no!, ser todo menos maricón -me dijo acorralándome contra una pared del pasillo- lo miré retadoramente, fijaba la vista en sus ojos, estaban desorbitados, desesperados, no sabía qué contestar, sus labios temblaban, puse una mirada más dulce, acaricié su cara con mi nariz, busqué sus labios pero él retiró la cara, cosa que me enfureció

-Pues qué bien lo disimulas- lo empujé hacia atrás para salir de ahí

-Es diferente, soy cristiano consagrado...

-Consagrado pero no capado por lo visto

Giré sobre mí misma y caminé hacia el otro lado, escuchaba sus pasos que me seguían y me apresuré; casi al llegar al final del pasillo él puso sus manos sobre mí, primero por los hombros, luego las deslizó hábilmente sobre los brazos, los senos, la cintura, y no pude resistirme, su encanto era demasiado fuerte, la caricia de sus manos hacía hervir mi sangre, lo haba sentido ya, y lo deseaba con tal locura y tal pasión que me habría sido imposible resistirme ante un roce siquiera, me apreté contra él, aún de espaldas para sentir su sexo, él pareció notarlo y se repegó aún más, sonó la campana nuevamente, los 45 minutos de meditación habían terminado, él posó su cabeza en mi hombro, mientras con la mano derecha acariciaba mi sexo y con la izquierda mis senos, sentí que me derretía entre sus brazos, me besó el cuello y luego me dijo en secreto:

-Estaremos 2 días más aquí, nos quedaremos en el hotel a 2 cuadras del templo, estoy en la habitación 12, ¿vendrás a visitarme por la noche?

-Sí- me escuché decir, sus caricias me tenían absorta, era imposible decir que no ante tan tentadora invitación, pero algo me preocupaba, me solté y me volví hacia él- ¿pero cómo voy a salir de aquí? la madre superiora me tiene vigilada, duermo con otras 2 hermanas, me será imposible salir sin que lo noten

-No te preocupes -me dijo abrazándome- creo tengo un plan que nos puede funcionar

Continuará...
 
 

por Miranda
 
 

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