Lucía
 por Daniela
Tengo una amiga que me encanta. Tiene un culito redondeado y firme como no he visto otro nunca, y sobre todo, el pecho más voluminoso y sexy de toda la ciudad. Ella se llama Lucía, y la pobre era hasta hace unos días tan ingenua, que en confianza me dijo que
nunca se había masturbado y que necesitaba que yo le explicara cómo lo hacía.

Yo le conté con todo lujo de detalles, ya te puedes imaginar, cómo me masturbaba (de mil maneras diferentes, aunque seleccioné para ella las más placenteras). De sobra sabía que este tipo de chicas tan aparentemente inocentes, en cuanto prueban el placer sexual, se convierten en casi ninfómanas desesperadas, y por supuesto, en el caso de Lucía, objetivo mucho más alcanzable para mis deseos.

Pero mis intenciones se vieron frustradas, porque Lucía no consiguió correrse con ninguna de mis técnicas (aunque reconoció que habían resultado tremendamente placenteras, y que habían aumentado
muchísimo más su deseo):

- Daniella, he probado de todas las formas que me dijiste, y sólo consigo ponerme muy caliente, sintiendo la sangre latir en mi clítoris, con los pezones que se me van a salir... pero no alcanzo el orgasmo que tanto necesito.- Me decía la muy guarra, mientras yo ya sabía lo que iba a contestarle.

- Por qué no pruebas a  ligarte a algún tío, y te lo haces con él y punto. Eres una chica muy atractiva, no te será tarea difícil.

- Sí, ya, pero sabes que soy tan tímida... Y como nunca salgo, pues no conozco a chicos que me atraigan...

- Bueno, no te obsesiones. Todo llegará.

Y me despedí de ella justo en aquel momento. Aunque no a través de su orgasmo, había logrado que Lucía estuviera muy, pero que muy caliente. Aprovecharía aquella ocasión, pero antes, ella iba a rogármelo.

Pasados unos días me llamó para que fuese a cenar a su casa; por supuesto acepté. Me preparé detallosamente; me depilé el cuerpo entero, me impregné de aceite hidratante, me perfumé, me maquillé... me coloqué unos vaqueros y una camiseta negra ajustadísima de gran escote.

Cuando llegué a su casa, Lucía ya había dispuesto la mesa y la comida estaba preparada. Todo era delicioso, aunque yo ya había decidido cual sería mi postre.

Empezamos a hablar, y decidí contarle que escribo estos relatos en la web, y que en ocasiones me cito con algunos de mis lectores (y lectoras, ¿como no?) y practicamos sexo juntos:

- ¿De veras Daniella escribes esas cosas tan subidas  de tono en internet?

- Mira, si no lo crees, vamos a mirarlo un momentito. ¿Donde tienes el ordenador?

- En la sala de estar.

- Pues vamos.

Y visité con ella esta web, y leímos mis relatos  y algunos de los demás escritores.  Ella, cada vez me hacía más preguntas, y se acercaba más a mí, salida como estaba ya. Entonces, y como por error, visitamos juntas algunas webs porno que yoconocía. Lucía ya no podía más y me dijo:

- Dani, ¿por qué no me ayudas a masturbarme?

- No creo que sea buena idea.- le contesté, porque me excitaba que me lo rogara, y sabía que no le cabía otra alternativa.

- Por favor... mira!- Y la guarra de mi amiga se bajó las bragas y me enseñó la laguna de fluidos que se había organizado allí.

En ese momento, no pude resistirlo más, y acepté:

- Está bien. Acompáñame al baño. Veremos qué se puede hacer.

- ¡Gracias Daniellita!

Ya en el baño, le ordené que se quitara toda la ropa, y que se introdujera en la bañera. Yo hice lo mismo, por supuesto. No sé como pude resistir el deseo de comerle en ese mismo instante su coño entero, y lamerle los pechos hasta saciarme, por que Lucía estaba buenísima y desprendía un olor a hembra en celo que nunca yo había conocido.

Se introdujo en la bañera, que habíamos llenado a media altura. Y comenzamos:

- Lucía, ¿en serio quieres que te masturbe? ¿Te apetece de verdad tener ahora un orgasmo?

- Claro que sí. Por favor, Daniella, quiero que me des ya ese placer. Te ofreceré a cambio lo que tu quieras. ¡Te lo ruego, empieza ya!

- Bueno, no te enfades...

En ese momento cogí la ducha, abrí el agua caliente, y dirigí el chorro difuso a la entrepierna de Lucía. Ella se estremeció, y progresivamente fue abriendo sus piernas, hasta alcanzar con ellas un ángulo máximo. Yo la veía como instintivamente se pellizcaba los pechos, se tocaba el pubis... pero llegado un momento me miró
y me dijo:

-¡Ves, Daniella! Ahora estoy tan caliente como siempre, pero sé muy bien que no alcanzaré mi orgasmo... Necesito algo más fuerte!

- No me gusta tu desconfianza, Lucía. Aún no hemos terminado, queda algo que hacer que te dará tu orgasmo...

- Pues dámelo ya, ¡por favor!. Tengo el coño a cien, no puedo aguantar más, quiero correrme de una maldita vez!

- Vale. Te haré eso que necesitas... pero antes vas a venir aquí, adonde estoy, y me vas a chupar mi almejita.

- ¿Cómo?, ¿qué dices, Daniella?

- Venga ya, puta. Sabemos de sobra que estás tan caliente como una perra, y que mi desnudez te está matando... ¿o no?

- Sí... pero no sé...

- No es cuestión de saber o no... Es cuestión de que si no me chupas ahora el clítoris e introduces tu lengua en mi vagina, te quedas con las ganas: Recojo y me voy.

- Está bien...- decía sumisamente, aunque yo sabía de sobra que ella estaba deseando.

Se acercó a mí, saco su lengua puntiaguda, la acercó a mi clítoris, y empezó a lamerlo desde abajo hacia arriba, lentamente. Yo me encargué de que aumentara su velocidad, apretándole los pezones y adelantándole verbalmente lo que le esperaba después.

Ella misma empezó a introducir primero un dedo, luego dos y así hasta casi su mano entera dentro de mi agujerito, que ya os podéis imaginar como se encontraba disfrutando de la esclavitud de aquella chica de senos enormes y culo de cine.

Tras un breve periodo de tiempo, tuve un orgasmo desproporcionadamente grande, aumentado por la visión de aquella cara bonita que me lamía mi conchita con obediencia. Le agarré con fuerza la cabeza y la apreté contra mí, sintiendo como su nariz se introducía entre mis labios, que estaban inundados de mis fluidos tras mi orgasmo.

Cuando la solté, su mirada era la de un animal en busca de la cópula. Tenía las pupilas dilatadas, la boca enrojecida, la respiración acelerada. La miré y le dije:

- Muy bien, Luciíta. Ahora, te enseñaré la clave del placer.

- Rápido, lo quiero ya. Y ahora, sin más retrasos, maldita zorra.

-Vaya con Lucía... resulta que se pone borde! Me da igual, sé de sobra que a partir de hoy me necesitarás para siempre- Y le sonreí con malicia.

La coloqué otra vez convenientemente, y ahora con mi cara más cerca, le dirigí los finos chorritos de agua caliente a su coño, que estaba rojísimo de excitación.

- Daniella, ¡quiero que hagas ya lo que tengas que hacer! ¡¡No sé cómo, pero dame ya ese orgasmo!!

Y fue entonces cuando retiré el agua de ella. Cogí la alcachofa de la ducha, la quité y dejé un único chorro de agua saliendo con fuerza; aunque primero reducí la salida de agua para irla aumentando posteriormente progresivamente:

-Así, así me encanta Daniella... uauh!

-¿Te gusta ahora, putita? ¿Y qué pasa si me voy y te dejo solita?.

-No te vayas, guarra. Vas a estar aquí hasta que yo me corra, quieras o no!!

-Está bien... –

Y en ese momento, yo le mordisqueaba ligeramente los pechos que tanto había deseado furtivamente.

-¿Sabes? Siento ya que voy a explotar de placer...siento algo especial...

-¿Si? Seguro... pues mira ahora!-

Y entonces abrí el máximo la salida de agua, de manera que salía un chorro gordísimo y muy potente, que chocaba contra el clítoris gigante de Lucía, y salía disparado hacia atrás, colisionando con el agua que iba en dirección contraria...y así se formaba un torbellino que la volvió loca:

-Aaaahh,  síí... – encogía sus piernas, las abría, las volvía a estirar...- Dame así, dame así... no pares, me estoy corriendo... – y partir de ese momento, no hizo más que gritar y jadear como una perra. Yo mientras tanto, tuve otro orgasmo masturbándome a través del roce con su pierna, del que ella ni se percató.

Una vez Lucía se recuperó de su corrida brutal, nos enredamos juntas en el agua de la bañera, que estaba llena de saliva y de nuestro agua vaginal... aquella noche le enseñé a Lucía, algunas de las muchas cosas que conozco sobre el sexo.

Y hasta hoy, sigue dependiendo de mí, aunque me gusta en ocasiones que me acompañe en mis citas porno con vosotros, mis lectores y lectoras. Por eso me encantaría que me dijeseis en vuestros mails si preferís que vaya sola o con Lucía... Gracias!!

¡Hasta la próxima!

por Daniela
 
 

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