Desierto
 por Rodano
En la noche de la tercera luna avanzaba tambaleándome entre las arenas de un espacio infinito sin referencia alguna.

El calor me hacía sudar  desprendiéndome de la poca humedad que mi cuerpo alcanzaba a albergar. Mis pasos cansados entre la arena de un desierto desolado eran cada vez más cortos, mis pulmones hacían lo posible para aspirar el aire que podían, que dada su temperatura corroía mis entrañas como si fuera el mismo aliento del diablo.
Tenía que cruzar aquellas desoladas tierras más allá de la muralla oscura y salir a la mar.

Pero mi cuerpo una vez vigoroso  estaba muy desgastado y cansado, parecía que había envejecido mil años. Mi vista se desvanecía por momentos, sólo un delgado hilo me unía al mundo de los vivos, sólo una pequeña fuerza interior me mantenía aferrado a la vida.

De pronto pude oler una ráfaga de aire húmedo, me reía para mis adentros sinceramente pensaba que se me había ido la cabeza. ¡Agua!  en ese infierno infecto. Abrí los ojos y vi un enorme lago con unas palmeras alrededor y gran cantidad de árboles con frutos, dátiles en el suelo y lo más sorprendente era que no había dejado este mundo, con una fuerza extra que emanaba de lo más profundo de mi espíritu crispe mis músculos y les dije:

- ¡Vamos chicos un último esfuerzo!

Avanzaba a un buen ritmo dado mi estado pero justo antes de llegar a la orilla del lago tropecé y caí de bruces sobre la arena, no podía levantarme estaba  lesionado abrí los ojos y entre las aguas emergió una bella criatura, tenía los cabellos dorados, vestía con una túnica blanca muy fina que insinuaban sus pechos, me miró, sus ojos parecían gemas resplandeciendo entre las aguas.

Caminando sobre las aguas se acercó a mí y me preguntó:

-¿De donde eres extranjero? ¿Qué haces tan lejos de tu tierra?

No tenía fuerzas para contestar, ella sonrió se inclinó sobre mí y cerró mis ojos.

Al rato quedé mecido en un soporífero sueño, no sé cuanto tiempo estuve dormido, días, semanas. El caso es que cuando me desperté tenía aquella bella criatura a mi lado, su gesto parecía algo cansado, tenía la parte de debajo de su túnica desgarrada, el trozo de tela que faltaba estaba  envolviendo mi tobillo a modo de venda. Entendí en ese momento que aquella criatura me había devuelto a la vida, le cogí la mano y le di mil gracias, ella sonrió, con mucho cuidado me abrazó y nos tumbamos.

A la mañana siguiente estabamos los dos en plena forma, mientras descansábamos me comentó que había pasado dos días durmiendo. Al anochecer estabamos hambrientos, nos dimos un festín con dátiles y otros frutos que yo no había visto nunca. Durante la cena no había cesado de  prestarle todo tipo de atenciones hacia al final de la cena la tenía entre mis brazos, ella yacía complacida en mi pecho. Nos volvimos a mirar y me besó en la mejilla, yo le devolví la atención, al contactar mis labios con su cara noté que se estremecía. Ella se levantó y cogiéndome de la mano me introdujo en el seno de aquel lago. La volví a abrazar y la besé en los labios que ardiendo de pasión empezaron a entremezclarse entre los míos. Con cuidado la despojé de la túnica. Nos tumbamos sumergiéndonos entre las aguas, ella me abrazó y al momento flotábamos sobre las aguas. Nos abrazábamos apasionadamente,  comencé a lamer uno de sus delicados pechos, ella sonreía complacida.  Guiaba mis manos entre su cuerpo, era muy delicada, yo la mecía con suavidad entre mis brazos. Tras un instante nos acoplamos sumegiéndonos en una danza de placer mutuo. Cada vez a un ritmo mayor, el agua a nuestro alrededor batía sobre nuestros cuerpos mientras el viento gemía a nuestro alrededor. Al rato todo volvió a su calma y me dormí en la calma  que me proporcionaba su cuerpo.
 

por Rodano
 
 

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