¿Qué tal?
TOM

-¿Qué tal?
-Bien
-¿Preparada para la última sesión?
-Sí
-Pasa, pasa.
-¿Cuándo expones?
-El mes que viene.
-Tendrás preparadas éstas.
-Sí.  Me sobra tiempo.
-¿Las enmarcas tú?
-Por supuesto.  Me gusta tanto como retratar.
-¿Porqué sólo bustos?
-Para que la gente sólo se fije en el rostro y la mirada.
-Podrías variar.
-La siguiente exposición la quiero hacer de desnudos de mujer.
-Pero de bustos, claro.
-No. De cuerpo entero.  La mujer estará en un rincón sentada en el suelo sobre una arpillera.
-Le picará.
-Eso en lo que pretendo.  Una expresión sensitiva.
-Pues podrías empezar conmigo.  Cuando seas famoso yo también pasaré a la historia.  Quiero que me hagas más fotos que a nadie.
-Bien.  Sí es eso lo que prefieres.  Por mí encantado.  He estado toda la semana soñando con tu cuerpo desnudo.  Te hacía fotos en un sin fin de posturas.
-Y yo he soñado que me las hacías y que me gustaba tanto...
-Carla, que cosa tan bonita eres...  Verás, las haremos en blanco y negro desde ángulos inauditos.
-Qué bien hablas.
-Usaremos sólo un foco, una cartulina blanca para el relleno y tiraré las fotos tumbado boca abajo como si tuviera en mis manos una metralleta.  Poco a poco iré reptando hacia ti sin parar de disparar.
-¡Qué emocionante!  Empecemos..
-Vale.
-Guau.
-Espera, yo te desvisto.  Tranquila.  No te pongas nerviosa.
-El nervioso eres tú.  ¿Tanto te gusto?
-Más que todo.
-Soy bonita, ¿a qué sí?
-Más que eso.
-¡Cuidado, el pelo!
-Lo siento.  Hueles a recién duchada. ¿Qué champú usas?
-Uno.
-Ah, uno.  Conozco la marca.
-El sujetador se abre por delante.  Ves...
-Dios.
-No usarás el nombre de Dios en vano.
-Dios mío.
-¿Te gustan?
-Me tiemblan las manos.  No sé si acertaré a disparar.  Me van a salir movidas las fotos.
-Así parecerán más modernas.
-Yo te quito también el pantalón.  Por favor.
-Soy toda tuya.
-Estás solamente a mi disposición.
-Si quitas primero los zapatos podrás sacar el camal.
-Es verdad.  ¡Qué braguitas tan lindas!
-Blancas y de encaje, como todas las que uso.
-Son mis preferidas.  Al quitarlas el pubis da un golpe de efecto a los ojos por el alto contraste.
-Qué exagerado.
-Sobre todo si es muy negro.  ¿Lo es?
-Averígualo tú.
-No.  No.  Quisiera  que este instante durará toda una vida imaginando lo que aguarda detrás.
-Pues quedémonos así  para siempre.
-Para siempre.
-Huéleme al menos, tócame.
-Hueles a suave sexo mezclado con detergentes perfumados y colonias exóticas.
-Te has dejado algo.
-Y a polvos de talco.  Te has empolvado las ingles.
-Eres un buen catador.  Como todo maestro debes, además de oler, saborear el vino.
-Después.  Primero quiero tocarte.  Me gusta el abultamiento de tu región púbica.  Es tan sensual y erótico.
-Me derrito al ver la cara de  gusto que pones al manosearme.
-¿Notas el peso de la palma de mi mano?
-Lo noto.
-¿Notas que me estoy muriendo de placer contenido?
-Lo advierto.
-¿Notas como mis dedos traviesos se desmandan y quieren sumergirse en la blancura de tus braguitas?
-Parecen peces de sangre caliente.
-¿Notas las yemas en la abertura de tu sexo?
-Si, noto las descargas eléctricas que me mandas.
¿Y sabes que si me pidieras en este momento lo que fuera, lo haría sin pensar?
-Lo sé.  Bájamelas, te lo suplico.
-Sí, poco a poco.  Dios mío que mata tan copiosa, tan sedosa, tan negra.
-Cátame como al mejor de los vinos.  Mete tu lengua y haz que me muera.
-No me lo puedo creer.  Estar aquí con mi boca rozando tu...
-Por dios, chúpame ya.  Méteme la lengua.  Muévela.  Lámeme...  Así, así.  Ay, ay, más, más, no te pares, más.  Sigue, sigue, sigue, sigue...
-¿Cómo puede ser tan delicioso?  Espera...  Ahora.  Siéntate encima de mi cara.  Restriega tu sexo en ella.  Hazlo.  Con fuerza.  Restriégate...
-¡Qué gusto!  Ensalívame para que me deslice con más facilidad.  Así. Sí, sí, sí.
-Para.
-¿Qué pasa?
-No puedo aguantar más.  Deseo metértela.
-Ah, eso no.  Soy virgen.
-Entonces ¿qué hago yo?  Me va a dar un ataque.
-Eso tiene solución.  ¿Tienes alguna crema?
-En el baño, encima del lavabo.
-Voy a por ella.
-¿Para qué?
-Es una sorpresa.
-Vale...  ¿La encuentras?
-¡Tachan!  Sácatela y te embadurno.
-A sus órdenes.
-Ahora yo el culito por fuera y por dentro... así...
-Será posible.  No me lo puedo creer.
-Pues créetelo.
-¡Vamos!  Sin miedo.  Poco a poco.  Ves como entra.  Un poco más...  Ya está, toda adentro.
-¡Oh, qué placer!  ¡Qué gusto!  ¡De qué manera me oprimes el miembro!  ¡Con qué fuerza!  ¡Esto es demasiado!
-No temas.  Empuja fuerte.  Del calor y el roce lo tengo súper dilatado.
-¡Llego...!
-Aguanta un poco.  Quieto.  Ahora yo.  Arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo, abajo..., fuerte...
-Dios, dios, dios, dios, dios, dios...
 

TOM
 

                                                                   Volver al indice de Tom