Un tipo afortunado

 
Todo empezó un jueves por la tarde, cuando Cristina, una compañera de clase y la chica que llenaba mis fantasías eróticas me preguntó si el próximo fin de semana me iría a la casa que tienen mis padres en la costa. Uy, discúlpenme, todavía no me he presentado yo. Me llamo Marc, estudio tercero de medicina en Barcelona, y aunque no me considero precisamente un sex-símbol, tampoco estoy mal que digamos.

Bien, pues retomando nuestra historia... ah si, ya sé donde estábamos. Pues eso, Cristina es una chica preciosa. Rubia natural, con una cabellera que le llega casi hasta la cintura y unas medidas de 92-60-90 (calculadas a ojo por un servidor). Tiene una cara muy agraciada y un cuerpo de esos que si te pidiera cualquier cosa la harías, fuese lo que fuese. En la facultad se rumoreaba mucho acerca de ella: que si se acostaba con tal o con tal otro, que la habían visto hacérselo con otra chica, que si tal, que si cual... bueno, era normal, la chica estaba bien y lo sabía y, claro, también provocaba un poco.

Pues bien, como les empecé diciendo, mis padres tienen una casa en la costa Brava y Cristina lo sabía porque yo se lo había comentado alguna vez. El jueves teníamos clase juntos y, al acabar se me acercó.

- Hola Marc, ¿cómo te ha ido hoy?

- Pffff... normal. Creo que a esta tampoco me presento al examen...

- Vaya... - yo aquí ya la noté algo tensa, pero tampoco le di más importancia -

- El tío este es subnormal, se cree que nos podemos empapar la parte gorda de la asignatura en una semana... bah! paso! para pasármelo tan mal como el año pasado... no, yo esta la dejo.

- Ya... oye, ¿ te acuerdas que me dijiste un día que tus padres tienen una casa cerca de Playa de Aro, y que ahora casi nunca van?

- Si... - Verás, es que yo y unas amigas estamos montando una especie de fraternidad de estudiantes, y nos gustaría pasar un fin de semana discutiendo los pormenores y... ¿Te importaría que fuésemos a tu chalet?

Mirándome con aquellos ojazos marrones que tenía era difícil negarse a cualquier cosa que me pidiera pero... joder! era la casa de mis padres! si me pillaban, se podía organizar una y buena...

- Te lo agradecería de veras No le hizo falta decir nada más.

- Sábado por la mañana nos encontramos delante de la facultad y os guío hasta allí, ¿de acuerdo?

- Gracias, eres un sol - y seguidamente me rodeó con sus brazos y me estampó un beso en la mejilla.

- Y... a lo mejor me apunto a la cosa esa.

- Es que... es solo para chicas

- Ah - solo supe decir yo medio desconsolado.

No cabe ni decir que lo que paso el viernes no tubo mucha importancia, excepto tal vez mi desvelo por conocer la forma de 'agradecérmelo' que tendría Cristina. Tampoco cabe decir que en este aspecto mi libido funciono como nunca. Soy un pillín, he de reconocerlo.

Y llegó el tan ansiado sábado por la mañana. Frente a la facultad había dos coches en el que se repartían un total de 7 chicas, a cada cual mas guapa. Estaban todas las compañeras de Cristina y mías: Begoña, Marta, Ana, Clara, Isabel y Sandra. Las saludé y les indiqué que me siguieran.

Al salir de Barcelona cogimos la autopista rumbo al norte. Con la capota del coche bajada (si, tengo un descapotable), Phil Collins sonando a todo trapo y dos coches llenos de chicas siguiéndome, tardamos una hora y cuarto en llegar. Les enseñé la casa, y le di a Cristina una copia de las llaves, pues la otra me la quedé yo.

- Trátamelo todo muy bien y no me rompáis nada eh - dije yo medio en broma medio en serio

- No te preocupes cariño, que ni se notará que hemos estado aquí - respondió Cristina besándome nuevamente en la mejilla

- Bueno chicas, pasaoslo bien - dije mientras me despedía con una sonrisa, a lo que ellas respondieron al unísono.

Cogí nuevamente el coche y me dispuse a ir a Andorra. Hacía tiempo que no iba por allí, y como que siempre había ido en invierno, a esquiar, pues pensé que era un buen momento para ver el país en verano. Si, mi familia tiene pasta, ¿porque negarlo?.

Puse música en el casete del coche y me dispuse a telefonear a un colega que conozco de allí, para quedar e ir a comer algo. Nada, el móvil no sale por ningún sitio. Ni en la guantera, ni en los asientos de atrás, ni por el suelo... paro el coche y miro en el maletero. Tampoco.

-¡ Mierda! - pienso yo - no me lo he podido dejar en Barcelona porque recuerdo haberlo puesto en el coche... joder, en el chalet. Y ahora para atrás otra vez... me cago en... Bueno, que se la va a hacer... media vuelta y un par de horas perdidas. Cuando llegué al chalet no se oía nada.

- Seguramente las chicas deben haber ido a la playa - pienso. Abro la puerta con cuidado y me dirijo a la sala de estar. Seguro que me lo he dejado encima del sofá. Con un poco de suerte Cristina estará aquí sola y ella y yo... pero deja ya de pensar en eso Marc, ¡coño! mira que tu también...

No podría ni haber imaginado por un momento el espectáculo que me esperaba al entreabrir la puerta del saloncito. En la alfombra, desnudas y formando un perfecto 69 estaban Isabel y Sandra. Me quedé petrificado viendo la escena. Estoy seguro que en aquel momento si me pinchan no sale ni una gota de sangre... pero lo que tampoco esperaba ver al levantar la vista y mirar al sofá era a Marta, Ana y Clara también desnudas, sentadas y con las piernas bien abiertas masturbándose mútuamente. Si bien yo no reaccioné al instante, mi polla si lo hizo, provocándome la mayor erección que recuerde. Me quedé allí unos momentos, no sé si serian segundos, minutos o incluso horas, pues perdí la noción del tiempo, mirando a aquellas cinco chavalas jadear de placer mientras se hacían el amor unas a otras. Era evidente que habían montado una buena orgía lésbica.

Ni siquiera me percaté de que Cristina y Begoña no estaban en el grupo, hasta que sentí unas manos que me recorrían la espalda de abajo a arriba hasta llegar a mi hombro. Al girarme no pude más que sorprenderme al ver a las dos muchachas en pelotas y bebiendo unos refrescos. Ambas sonreían, con una mezcla de asombro y dulzura en sus muecas.

-¿ Pero tu no te ibas a no sé dónde? - me preguntó Cristina

-¿ Eh? - fue la única cosa que conseguí balbucear, pues aún estaba en estado de 'shock', como quién dice

- Será suyo el móvil que había en el sofá - Dijo Begoña

- Si - Fue lo único que me salió

- Vaya, te lo olvidaste... bueno, ya que estas aquí, tendremos que agradecerte que nos hayas dejado la casa, ¿no? - y cogiéndome de la mano, Cristina me llevó con sus otras compañeras que, enfrascadas en lo suyo, ni siquiera se habían percatado de mi presencia.

- Mirad chicas, ahora podremos agradecer a Marc como es debido su generosidad - Les dijo Cristina.

La primera en levantarse y venir hacía a mí fue Marta. Me abrazó y me estampó un beso en la boca, metiéndome la lengua bien hasta las amígdalas creo. Noté como unas manos empezaban a desabrocharme el cinturón y a bajarme los pantalones y los calzoncillos. Era Begoña, que no quería perderse nada de la acción. Por su parte, ahora era Cristina quién había tomado el relevo de Isabel y estaba encima de Sandra, lamiéndole el coño mientras esta hacia lo mismo con ella. Era fantástico.

Marta me quito la camiseta y empezó a lamerme y besarme el pecho, bajando hasta llegar a mi pene, que entonces ya estaba más duro que una barra de hierro (bien, a que tío no se le pone así al estar en esta situación...) se lo metió entero en la boca y empezó a hacerme una maravillosa mamada. Mientras, Begoña, que se había entretenido en besarme la espalda y ayudarme a desnudarme también apareció delante mío, besándome en el estómago y besando también a Marta en las mejillas. Separé a Marta lo suficiente para poder acabar de quitarme los calzoncillos que aún tenia metidos en los pies y sentarme en el pequeño sofá que tenia detrás. Ambas volvieron a por mi pene, chupándolo con fruición.

No solo era el espectáculo de ver a aquellas dos chicas mamándomela, si no el ver a las otras cinco follando como desesperadas. Mientras Marta y Begoña se comían mi polla, en el sofá de delante Cristina y Sandra se dedicaban a comerle el coño a dúo a Ana, mientras Clara y Isabel se ocupaban de una teta cada una. Era obvio que Ana se lo estaba pasando de muerte con cuatro de sus compañeras prestándole sus atenciones. No tardó en llegar al orgasmo, llenando con sus gritos toda la casa. Y de paso yo también me corrí, duchando de semen las caras de mis dos amantes.

Fue un orgasmo devastador, que me dejó tirado en el sofá. Poco fue el tiempo que tuve de descanso, pues parecía que las chicas querían guerra. Marta se levantó, pasó una pierna sobre mi cabeza y fue a sentarse sobre mi cara, dejando su depilado coño al alcance de mi lengua. Mientras, Cristina y Sandra se ocupaban de volver a poner mi polla en 'pié de guerra'. Lamí los labios exteriores del coñito de Marta con fruición, pasando luego a profundizar más y empezar a lamerle el clítoris. Mientras, las lenguas de Sandra y Cristina hacían un trabajo bárbaro en mi polla, pues ya estaba lista para volver a actuar. Cristina apartó a Marta y Sandra de mí y, mirándome a la cara me dijo :

- Voy a ser tuya cariño, te voy a demostrar toda mi gratitud por la casa.

Solo en mis sueños más húmedos había oído una frase como esta. Se sentó sobre mi verga y empezó a cabalgarme. Mientras, Sandra y Marta que estaban a nuestro lado se habían echado mano mútuamente y disfrutaban masturbándose la una a la otra mientras nos miraban. Las otras cuatro chicas estaban todas a cuatro patas, formando un círculo de manera que a cada una le lamían el coño y ella lamía el coño de alguna. Cristina se recostó sobre mi pecho, acercó su cabeza a la mía y, después de mordisquearme ligeramente la oreja me dijo:

- Seguro que siempre habías soñado con tirarte a tantas tías a la vez

- No... como mucho a dos - Es lo único que pude responder

- Te vamos a dejar seco cariño

Y acto seguido redobló sus embestidas contra mi miembro. Sandra y Marta estaban a punto de correrse, y también alguna de las otras chicas, a juzgar por los gemidos que se oían por toda la habitación. Poco a poco Cristina fue parando en sus embestidas, se levantó y cogiendo mi polla con la mano empezó a masturbarme lentamente mientras miraba a las otras cuatro y les decía :

- Venga chicas, a quiénes les toca ahora.

Clara e Isabel se adelantaron del grupito, yendo a tomar mi polla con sus manos. Empezaron a cascármela mientras se morreaban. Sandra y Marta le comían el conejo a Cristina que, sentada en el sofá grande se acariciaba los pechos y gemía y se retorcía. Begoña y Ana eran ahora las 'usuarias' de la alfombra, empapando esta con los jugos y la sudor producto del 69 que estaban haciendo. Ya estaba bien de mamadas. Lo que quería era metérsela a alguna. Cogí a Isabel, la puse de espaldas contra el suelo y le metí la tranca hasta los huevos. Clara aprovechó el momento para sentarse sobre la cara de Isa y obligarla a comerse su coño.

Ahora era Sandra la que recibía las atenciones orales de Cristina y Marta. Aquello se había convertido en una orgía a gran escala, donde yo era el único y afortunado macho. Mirase donde mirase solo veía cuerpos sudorosos retorciéndose de placer.

De pronto noté como dos manos me recorrían la espalda. Era Begoña. Entonces todo pasó muy rápido. Hubo un nuevo cambio, y Isabel se levantó situándose al lado de Bego. Empezaron a besarse como locas mientras me invitaban a tumbarme. Cristina y Ana se ocuparían ahora y también a dúo de mi polla. Les pedí a Bego y a Isa que se pusieran una a cada lado y, cuando lo hicieron, les metí mano a cada una en la entrepierna. Estaba echado boca arriba en el suelo, con cada mano ocupada en masturbar a una chavala, mientras dos nenas más me estaba haciendo un trabajito de 'garganta profunda' a la vez... si existía el paraíso, seguro que no era mejor que aquello.

No pude contenerme mucho viendo a Bego e Isa darse las lenguas de manera provocadora mientras me miraban y me sonreían descaradamente. Me corrí embadurnando las caras de Cristina y Ana. No podía más y, aún así, era evidente que las chicas no estaban dispuestas a permitir que yo me rindiera tan rápidamente.

Con la cara completamente embadurnada de esperma, Cristi y Ana se besaban y lamían, mientras que Bego e Isa me pedían que no parase de hacérselo con el dedo

- Ooohhh.... si.... cariño.... continua, no pares por favor....

- Sigue así capullo, métemelo más adentro.... oooohhhh.... siii!!!

Y se corrieron al unísono.

Acto seguido fueron Clara y Sandra las que se situaron a mis lados y empezaron a hacerme una paja. Sandra me masturbaba con una mano, mientras Clara me acariciaba las pelotas y me besaba los pezones. Delante de mi, el fantástico espectáculo de cinco chicas sentadas en el sofá, cada una con una mano en el coño de una de sus vecinas y masturbándola.

Ana estaba en una punta, con su mano derecha en su coño y con la izquierda pajeando a Begoña, que a su turno también le hacía un dedo a Cristina. Esta no solo estaba ocupada con el conejo de su amiga Bego, si no que también jugueteaba con el de Marta y, esta última estaba dedicada al completo al coño de Isabel.

Yo por mi parte no podía ser menos, y eché mano a las chicas que tenia a mi lado, Clara y Sandra. Estuvimos un rato así, sin mediar palabra, solo mirándonos y dándonos marcha manualmente, hasta que yo me corrí. Entonces, y como una avalancha de orgasmos las otras chicas también empezaron a correrse. Primero fue Ana, seguida por Cristina y Marta. Luego les tocó el turno a las dos con las que yo me encontraba, Clara y Sandra.

Finalmente fueron Bego y Isa quienes terminaron por correrse también. Descansamos un momento. Solo entonces fui capaz de preguntar:

- Alguna de vosotras ha visto mi móvil?

Las chicas empezaron a mirarse unas a otras. A Cristina entonces se le escapó una risita, y todas empezaron a reír. Yo, dándome cuenta también de lo estúpido de la pregunta empecé también.

- Tranquilo, ya te he dicho antes que lo habíamos visto. Lo tienes en la cocina - Me dijo Bego sonriéndome.

- O sea, que lo de la hermandad era para esto, ¿no Cristina? - le pregunté directamente.

Ella meneó su larga cabellera rubia, me sonrió y dijo

- No, solo nos estábamos calentando. Ahora nos vamos al jardín a follar un rato... hasta la hora de la cena,¿ te vienes?

Sabía que el lunes siguiente no sería capaz de acudir a clase y que seguramente no me aguantaría derecho el resto de la semana, pero... que narices!

Este relato está dedicado a todas las chicas bisexuales liberadas que me han decidido a empezar a escribir relatos eróticos. Va por vosotras ;-) !

Freejack

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