La tetería III
(LA HORA DE LA VERDAD)
Por  Yaire
No habíamos podido impedir que nuestros cuerpos se calentaran de nuevo tras deslizarse por nuestras gargantas aquel liquido amargo que trataba de mantenernos despiertos y activos, pese a que nuestros cuerpos sin duda hubieran pedido un descanso, bien merecido por otra parte.  Pero  nuestras mentes aguijoneaban a nuestros músculos pidiéndoles que no se rindieran ahora, y era mas poderoso el deseo que el cansancio ahora que el momento tan deseado estaba tan  cerca.

Por otra parte nos intrigaba saber que estaría pasando con Rosa que no había echo ni un solo ruido desde que se encerró en la cocina. Pero tampoco era cuestión de dejar lo que estábamos haciendo para ponernos a espiar que es lo que hacia Rosa en la intimidad que le daba la penumbra de la cocina.

Así que tras acabar con nuestra segunda taza de te y sin ningún tipo de prisa nos acomodamos entre los cojines. Por un momento se me paro el tiempo y me quede mirando sus ojos oscuros y los rizos de su pelo que le caían como una cascada sobre sus labios carnosos, me incline sobre ella y la bese dulce y suavemente sobre los labios, mis manos recorrían sus mejillas y su pelo, y mis labios y mi olfato buscaban el aroma de los huecos de su cuello, la deseaba mas incluso que hacia una hora y mas de lo que pensaba que jamás podría desear a alguien, mi cuerpo luchaba con mi mente para ir mas de prisa y poseerla ya, pero teníamos tiempo. Mi sexo duro rozaba su entrepierna y ella notándolo tan cerca, a las puertas del camino de su placer, lo guió suavemente hacia su abertura con una de sus manos, acariciándolo pero sin llegar a permitirle entrar, nos movíamos lenta, rítmicamente, con el mismo compás, mi sexo acariciando cada milímetro de aquella entrada que se humedecía mas y mas a cada roce, a cada caricia. Separo un poco mas sus largas piernas dejando que entrara un poco, solo el principio, aguantando la respiración, y aunque yo me moría de ganas por empujar con fuerza, y sentir como penetraba en ella con todo mi calor la deje hacer, porque nunca me defraudaba cuando sus cambios rompían nuestra rutina. Con cada entrada ella suspiraba un poco mas, y con cada roce exhalaba un gemido, gemidos que eran como latigazos en mi columna,  y cuando su clímax fue en aumento y llego su primer orgasmo se abrazo a mi y de un golpe seco la introdujo hasta el fondo de su ser, quedándose muy pegada a mi y haciendo pequeños círculos con su caderas para rozar su pelvis con la mía. El estar tan juntos  me hacia sentir como si fuera a traspasarla, me tenia fuertemente atenazado, pegado a ella haciéndome sentir su sexo húmedo, pegado a mi, acariciándose con mi cuerpo, y el calor que me hacia llegar de allí abajo me hizo pensar que aquello ahora mismo debía de ser el infierno, mientras que ella, cuyo orgasmo cada vez iba mas y mas en aumento debía pensar que aquello realmente era el cielo. Se quedo quieta, inmóvil como si no tuviera fuerzas siquiera para respirar, y me miro expectante, a la espera de mi reacción, que no fue otra que empezar de nuevo a besarla por todo el cuerpo, sus dulces pechos, sus pezones, su cuello.

Arrodillado frente a ella, encogido mientras besaba su cuerpo, volví a poner frente a frente nuestros sexos y lentamente la introduje dentro de ella, empecé a moverme rítmicamente, pero con mas cadencia que antes, la cogí de las caderas y la incorpore, sentándola sobre mi sexo el cual entraba y salía del fondo de aquella cueva caliente y cada vez mas húmeda como si de una  bomba petrolífera se trataba, como si quisiera conseguir sacar algo, ella me rodeaba el cuerpo con sus piernas y mi boca  se perdía entre sus pechos, besándolos, mordisqueándolos, apretándolos contra mi cuerpo. Mientras mis manos se encontraban asiendo sus perfectas nalgas, sujetándolas y moviéndolas para penetrarla con mas fuerza, seguía subiendo la temperatura y nuestros cuerpos empezaban a sudar, y a temblar del cansancio, pero no podía parar de hacerle el amor, quería morir allí, con ella, de aquella manera, ¿Acaso habría alguna manera mejor de morir?

Entonces ella se arqueo hacia atrás y apoyando las manos en la alfombra comenzó a mover sus caderas y su pelvis y a apretar los músculos de su interior, presionaba con fuerza mi sexo que entraba y salía de aquella fiesta de movimientos sensuales cada vez mas duro y a punto de explotar, y fue entonces teniéndola frente a mi cuando no pude mas. Nuestras miradas se cruzaron,  una mezcla de pasión, lujuria, deseo  y amor, note en su mirada que ella deseaba que yo tuviera la misma sensación de que ella había disfrutado minutos antes, y esa mirada fue como un espasmo que recorrió todo mi cuerpo, y mientras eyaculaba en su interior no deje de mirarla a los ojos que me miraban demostrándome que sentía mi calor dentro de ella, demostrándome que había conseguido lo que deseaba y siguió moviéndose y presionando mi sexo hasta que mis músculos se contrajeron involuntariamente y caí encogido encima de su cuerpo húmedo por el sudor  que recorría nuestras pieles mientras ella llenaba de besos y caricias mi espalda y mi cuerpo.

Quede así inmóvil durante un rato, correspondiendo a las caricias de mi compañera como buenamente podía con mis besos y caricias pero no conseguía estirar los músculos del cuerpo, aquel había sido con diferencia, pensé, el mejor polvo de mi vida, y luego mi mente misma rectifico, aquello no podía ser pegar un polvo, eso era algo que había ido mucho mas allá, entonces repare en que seguía sin saber nada de Rosa, no habíamos oído ruido ninguno de los dos, por un momento pensamos mientras nos vestíamos que ni siquiera había estado pendiente de nosotros. Solo minutos después cuando ya hubimos acabado de asearnos y arreglarnos nos percatamos de lo equivocados que habíamos estado, Rosa todavía colorada por el sofoco salió a despedirnos con un paquete en la mano, era pequeño, del tamaño de un sobre, pero con el envoltorio duro que dificultaba el tacto  y llevaba algo en su interior duro pero plano.
 Se dirigió a nosotros y nos dijo:

- Muchas gracias chicos, por esta tarde tan maravillosa que he pasado en vuestra compañía, verdaderamente ha sido un placer ver a dos amantes tan expertos y bien compenetrados darse placer mutuamente, Ah Yaire, guarda eso no hace falta que me pagues nada- dijo al ver que sacaba la cartera para cumplir con mi parte del trato- vas a pagarme de otra forma muy diferente.

Por un momento imagine que me iba a pedir realizar alguna “perversión” con ella, pero su sonrisa me tranquilizo al momento.

- Te estoy muy agradecida por la tarde y pienso que tu debes estarlo conmigo también, por eso te voy a hacer este regalo, tu sabes lo que debes hacer con el, esta noche cuando llegues a casa abre el sobre y examina su interior, espero que no te defraude.
- No entiendo nada.
- Lo entenderás......esta noche.

Consternado por no haberme dejado cumplir con mi parte del trato nos despedimos de Rosa y nos dirigimos al coche, acompañe a Abigail hasta su casa y una vez allí me despedí de ella con un beso, no sin antes recordarle que habíamos quedado para ir al cine ese miércoles, pero esa es otra historia, así que me dirigí a mi casa. Una vez allí me duche me puse un pantalón de pijama y una camiseta amplia y me desplome en mi sofá con un poco de música de fondo dispuesto  a descubrir el contenido del  sobre, dentro había un disquete de ordenador, cogí mi portátil y lo abrí.

¿Recordáis que yo pensaba  que Rosa había estado al margen y que no se había enterado de nada?  Pues en el disquete de ordenador que me regalo al salir estaba toda la experiencia que acabáis de leer, contada desde su perspectiva, ¿Cómo lo vivió ella? Intensamente, mas de lo que yo o tu jamás entenderemos pero esa es otra historia también.

FIN
 
 

Yaire
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