EL CUMPLEAÑOS
 por Rodano
En el relato anterior "Azul", cuento la maravillosa experiencia que tuve cierta vez con una compañera de trabajo llamada Mirian. Aquel verano se acabó y volvimos a las actividades rutinarias.

Tras acabar el verano mi compañero, el extremeño, buscó un trabajo algo mejor y Miriam siguió en las torres, los apartamentos apenas se ocupaban pero los restaurantes seguían funcionando, yo continué con mis estudios.
 
De vez en cuando el extremeño y yo hablábamos pero a Miriam la veíamos muy retraida y en algunas semanas no supe de ella.

Cierto día a la hora de comer me llamó el extremeño y me dijo que iba a ser el cumpleaños de Miriam y si le regalábamos algo, mi respuesta fue afirmativa y quedamos en ir a comprar el regalo un viernes por la tarde, me comentó que iba a ser en el apartamento de Miriam y que a ella sólo le había dicho que la razón de nuestra visita sólo era la de saludarla y ver como estaba que hacía mucho tiempo que no sabíamos de ella, Miriam se ofreció a invitarnos a cenar en respuesta a nuestra cortesía..
 
El día acordado nos reunimos el extremeño y yo en la calle principal de nuestra ciudad, entre esas tiendas había perfumerías, tiendas de ropa, tiendas de complementos etc pero para nuestro bolsillo no eran asequibles y decidimos buscar en otro lado.

Cerca de mi casa encontramos una pequeña de complementos y bisutería pero estabamos indecisos no sabíamos exactamente a Miriam que le gustaba así que decidimos comprarle un pequeño joyero que la dependienta introdujo en una bolsita con dos asas, decidimos entregarle el regalo en la bolsa sin envolverlo.

Cerca de la diez de la noche el compañero y yo quedamos en la puerta de la casa de Miriam tocamos y subimos a su piso, tocamos el timbre y oímos unos taconazos que se acercaban, Miriam nos abrió, llevaba unas botas, una falda marrón por debajo de las rodillas y un jersey.
Los dos a la vez la felicitamos y le dimos la bolsita que ella abrió y cogió el joyero. Entró en su habitación y lo puso en la mesilla, mientras nos decía que era muy bonito.

Nos besó en la mejilla y fuimos a cenar. En la cena Miriam se mostró muy amable y simpática. Yo estaba a su derecha y el extremeño a la izquierda, de vez en cuando nos besaba en la mejilla y nos acariciaba. Al finalizar la cena decidimos salir a dar un paseo y fuimos a bar de la esquina de su casa y tomamos unas copas, estábamos contentos, ella reía a carcajadas. Nos agradeció al menos un millón de veces que nos hubiéramos acordado de su cumpleaños.

En cierto instante nos preguntó si teníamos novia, nosotros le respondimos negativamente a continuación la conversación continúo agradablemente , yo de vez en cuando apoyaba mi mano en su cintura, despreocupadamente , en una de las veces que lo hice ella me miró a los ojos y puede entrever un destello en sus ojos que no supe interpretar. Conforme pasaba la noche mis despreocupadas caricias se fueron haciendo menos inocentes, ella estaba espléndida. Al fin de la noche estabamos cansados y volvimos a su casa, cuando subimos y entramos en el salón ella de repente se volvió y nos dijo:

-¿ Queréis ver el regalo que me he comprado para mi cumpleaños?
Entrad en el salón, que tengo que buscarlo que no me acuerdo donde está.

Al cabo de unos minutos volvió, se había puesto una bata y llevaba algo en una bolsa como la nuestra pero de otra tienda. Nos la dio y ambos la abrimos y vimos que sólo había dentro una pequeña piedra, alzamos la mirada y la vimos con una mano en cada lado de la puerta, con la bata abierta, dejándanos ver sus encantos, llevaba un sujetador que realzaba sus pechos, dejó caer su bata por su hombros ..
 
 
Se sentó con nosotros y nos preguntó si nos gustaba su regalo, le respondimos ambos afirmativamente. En un instante estabamos besándole en el cuello , en los labios, le soltamos el sujetador, dejando sus pechos libres, empezamos a lamérselos, eran muy suaves, a cada caricia ella se estremecía, luego le desprendimos del resto de la indumentaria, estaba completamente desnuda, ella nos desabrochó los pantalones y en un segundo estabamos los tres desnudos.

Le recorríamos todo su cuerpo con nuestros dedos, se relajó y mientras sonreía nos besó en los labios. Se puso en pie y nos guió a su habitación, se sentó en la cama, abrió provocativamente sus piernas, nos llamó con la mirada y nos introdujimos en la seguridad que nos daba sus piernas, le besábamos los senos, cuando estaban totalmente erectos, comenzamos a pellizcarlos. A continuación nos pusimos de rodillas y comenzamos a lamerla donde más placer le daba. Gemía muy fuerte, a continuación me acosté en la cama y ella se subió sobre mí y comenzamos a copular, veía como sus pechos se movían a cada embate, cuando me dejó exhausto hizo otro tanto con mi compañero, repetimos la operación varias veces, al terminar estabamos los tres muy complacidos, mi compañero y yo dormimos esa noche entre sus pechos.
 
 

por Rodano
 
 

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