Vestida para ti
 por La Bruja
Todos los días me visto  especialmente para él. Busco las formas más agradables de recibirle cuando llega del trabajo.

La ducha.

Me gusta sentir como el agua moja cálidamente la piel que me envuelve. Son las caricias que sustituyen a sus dedos cuando no está conmigo... pensar en ellos me excita.

Abundante, blanco y cremoso esparzo el gel por la palma de mi mano, lo acaricio extendiéndolo más sobre ella, esa sensación de viscosidad es igual a cuando le masturbo y su semen queda impregnado entre mis dedos.

Volar.

 Lo difundí por mis hombros alternándolo repetidamente. La lefa recorrió mis grandes pechos, pringosos los dedos apretaban suavemente los endurecidos y rosados pezones produciendo esa sensación que estaba entre el dolor y el deseo.

El agua siguió concediéndome mimos y más mimos. Jabón... agua.. lefa...  jabón... agua... lefa... Me resistía a no seguir jugando con mi imaginación, ella me llevaba hasta él.

Las caricias descendían por las amplias laderas de mis nalgas. Blancas burbujas resbalaban hacía el centro hundido de mi ombligo. Lenta, pausadamente caminaba pintando de alba el negro pubis.  Cada poro de mi piel bebía de aquellas sensaciones para embriagar mi mente con mis propias caricias.

El chorro del agua caía intensamente, aumenté su caudal y lo orienté hacía mi sexo. Me penetraba y golpeaba en el centro de mi deseo... Dedos que al deslizarse abrasaban  como las ascuas del intenso fuego del placer. Escalofríos recorren todo mi cuerpo de abajo arriba... Sueños que volaban buscando el objeto de mi goce desencadenaron un hermoso y sublime orgasmo.

Secando mi cuerpo la ducha quedó concluida.

Me duche pensando en él, puse el perfume en esos sitios donde sé que le gusta oler.

Le gusta la ropa interior blanca ¿por qué ponerme otro color, si es ese el que le gusta? Elegí un conjunto que lo formaba una braguita que sin ser una tanga las bandas laterales estaban formada por una tira muy estrecha que subía hasta mi cintura eso hacía que mis piernas se vieran largas y esbeltas. La camisola recogía el pecho como un sujetador dejando ver parte de mi cuerpo y aquellas diminutas braguitas a través de su transparencia blanca.

La espera.

Me senté encima de la mesa de su ordenador recostando ligeramente mi cuerpo hacía tras y apoyando mis pies sutilmente sobre los reposabrazos del sillón, me dispuse a esperar, de un momento a otro él iba a llegar...

Escuché la llave girar en la cerradura. Ya estaba en casa.

Me miró  aturdido, sorprendido... boquiabierto... Estaba fuera de lugar, no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo. Atónito se fue acercando deshaciéndose de la chaqueta que llevaba puesta y aflojándose el nudo de la corbata.

Sentí su olor muy próximo, se acercaba... absorbí su aroma de hombre llenándome toda de él. Mi aliento empezaba agitarse.

Relamiéndose antes de comerse aquel manjar pasó uno de sus dedos por una de mis piernas ascendiendo desde el tobillo hasta el muslo, comprobando aquella exquisitez que yo le estaba ofreciendo. Con la otra mano apartó la otra pierna para poder situarse delante de mí, entre mis piernas. Volvió a dejar  la pierna en su posición inicial apoyada en el reposabrazos.

El juego.

Intercambiamos penetrantes y lascivas miradas. Sedienta de deseo mi lengua se paseaba lujuriosa contorneándose por encima de  mis labios.  Incorporando mi cuerpo lentamente me acerque a él buscando su mano y cogí uno de sus dedos. Humedecí mis labios y ella continuó incitándolo con sus movimientos. Lentamente pasé un dedo por ellos provocando una cierta descarga entre sus yemas y mi boca. Mi lengua se sentía fascinada lamiéndolo. Entraba y salía buscando ansioso mi humedad y el roce del  mordisqueo de los dientes que seguían avivando aquellas descargas que paulatinamente nos iban excitando por momentos.  Sacó aquel dedo para meter un segundo que con cierta ansiedad yo seguí lamiendo, una y otra vez entraban y salían...

Mi boca estaba llena de deseo. Sacando los dedos de ella se acerco tanto que su aliento se confundía con el mío, apenas unos milímetros separaban nuestras bocas. Sólo estaba ahí, provocándome como yo ya había hecho antes. Movía la cabeza hacia un lado y otro, manteniendo aquel milímetro que nos distanciaba. Seguía sintiendo su aliento tan mío que me resultaba difícil contener mis impulsos.

Rozó mis labios, solo un leve roce y se separo de nuevo, mi cuerpo reaccionó sintiendo un espasmo en mi estomago.

Aquel milímetro, aquella separación terminó cuando se apoderó de mi  lengua con una pasión inusitada. Mientras nos besábamos, mientras nuestras salivas hacían intercambios de bocas y se convertían en una sola, sus dedos coqueteaban con el borde de mi braguita acariciando mis nalgas, produciéndome escalofríos que empezaron a recorrer todo mi cuerpo.

Su boca abandonó la mía. Surcos de deseo se abrieron en mi cuello mientras sentía sus labios húmedos sobre mi piel. Comía y comía de mí.

En un acto reflejo una de sus manos se fue directa a su bulto, aquel miembro había crecido y la presión le molestaba.

Recuperándome un poco y dejándole solo la corbata, con cierta rapidez le quité la camisa al mismo tiempo que mi lengua dejaba señales de saliva en su pecho mientras besaba y chupeteaba sus tetillas

Desabroche el pantalón dejándolo caer al suelo, entonces pude ver que su polla tremendamente erecta hacía hueco entre su cuerpo y el elástico del slip. Rosada y tentadora  su cabecita asomaba de entre su prisión. Andantes liberadoras mis manos bajaron aquella prenda dándole aquel miembro toda su libertad. Enhiesta y dura no podía ocultar aquellas primeras gotas de deseo que su rajita dejaba escapar.

En un gesto de intimidación, mientras estiraba de la corbata en cierto modo le obligue a sentarse en su sillón.

Arrodillándome entre sus piernas, ahora aquella polla estaba toda a mi merced. En ese momento era mi aliento el que se paseaba por su entrepierna y sus genitales. Absorbí aquel olor a sexo, algo difícil de definir pero me dejo toda embriagada igual que si hubiera olido el mejor de los vinos.

En su piel, en su respiración, en su sudoración y en aquel miembro viril estaba presente su estado de excitación. Las fornidas venas latentes de deseo palpitaban al roce de mi dedo. Cada vez aquella hendidura estaba mas mojada y aquel deslumbrante glande se hacía notar y llamaba mi atención.
 

Empecé a recoger aquel fluido lamiendo y hundiendo mi lengua  en aquella diminuta rajita.

Aquel buqué me estaba extasiando de tal forma que necesitaba degustarlo. Metí aquellos endurecidos genitales y los cate dentro de mi boca.

Su respiración se dejaba oír, sus jadeos la acompañaban. Desde allí abajo levante mis ojos y pude ver como todo aquel placer se reflejaba en su cara.

Por su glande, una y otra vez dejé caer abundante saliva que recorría ansiosa todo aquel endurecido falo, resbaló, caminó y coqueteó hasta llegar a mojar de nuevo sus testículos

Que visión más seductora me estaba ofreciendo. Sin poder resistirme a aquello y mientras mis manos masajeaban sus bolas mi boca engullía despacio su polla.

Entraba... y entraba... ganaba terreno... más y más...  llegando así hasta lo más profundo de mi garganta, mis labios la apretaban pretendiendo extraer todo su jugo y dejar mi paladar impregnado de él. Quería darle el máximo placer satisfaciéndole como a él le gustaba.

Aquel aroma empapó algo más que mi boca, el aire, la habitación olía a sexo.

Incorporándome me acerqué a su boca para darle a probar de su propio aroma. Ávido lo bebió y lo paladeó. Buscaba ansiosamente con su lengua aquel sabor que yo le ofrecía excitándose si cabía aún más.
 

Sutilmente sus manos agarraron  mis bragas quitándomelas muy ágilmente.
Tras despojarme también de la camisola, metió su nariz en mi sexo y absorbió...  metió su boca y comió...  metió su lengua y lamió... bebió y me extasió como yo se lo hiciera antes a él.

Abriendo mis piernas me posicioné encima de su viril miembro y lentamente me fui dejando caer sobre él. Saboreamos el momento, despacio... muy despacio...   sentía la rugosidad de sus venas, la dureza de su excitación, lentamente...  mi pelvis golosa se contorneaba haciendo círculos sobre su miembro, uno tras otro, y giraba... y volvía a girar rotando sobre ella. Sentía su glande como dibujaba en mi interior. Mientras nuestras lenguas se enredaban, mientras nuestras salivas se mezclaban, mientras  mis dedos lo arañaban, mientras sus manos amasaban mis pechos, mi sexo no dejaba de engullir su sexo  y era todo mío, entraba... entraba... salía... subía... bajaba... estaba todo dentro de mí y me movía y se movía... El fuego del deseo ardía en mis entrañas sintiéndolo dentro de mi.
 

La sutileza y suavidad de nuestros movimientos fueron sustituidos por otros mucho mas salvajes y rápidos llenos de una  codicia desesperada  haciéndonos perder por un momento todo contacto con este mundo hasta llegar al éxtasis final.

Abrazados, sentíamos el palpito de nuestras respiraciones como se iban relajando. Me miró tan dulcemente que nos envolvimos en los suaves tonos de aquel nuevo atardecer fundiéndonos en un beso

Una vez más, un día más, una tarde más me vestí para ti y seguiré haciéndolo mientras me quieras como yo te quiero a ti.
 

por La Bruja
 
 

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