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Una vez lo hizo, una vez sostuvo mis manos con tal fuerza mientras hacíamos el amor que me dolió, pero no me quejé, Roberto lo notó y lo hizo nuevamente, la segunda vez me dio una cachetada suave, y notó que no me importaba hasta que la cachetada fue mas fuerte y vio fuego en mis ojos, el fuego de la excitación. No hizo mas, solo me hizo el amor de la manera mas deliciosa.Me llevó a casa y nos despedimos como siempre, poniéndonos de acuerdo para la próxima cita y con un beso de gracias y amor.
Durante toda esa semana me llevaba a mano a la cara y me erizaba pensando en el golpe. Mi chucha se mojaba de acordarme y un calor recorría mi cuerpo, hirviendo de deseo. Jamás me habían pegado, nunca lo había si quiera pensado y jamás lo permitiría, pero Roberto se había atrevido y después me había cogido como si nada y ni siquiera tocó el tema. Yo solo pensaba en eso, en ese golpe y el ardor en mi cara, conjuntamente con la excitación de mi cuerpo, mis tetas y mi chucha.
El día llegó y como siempre nos saludamos y seguimos hablando sin tocar el tema de los golpes, pero yo no dejaba de pensar en ello.
Una vez dentro de la habitación empecé a besarlo deliciosamente pasando mis labios por todo su cuerpo ambos nos desvestimos ardiendo, pero me detuve y para decirle: hoy quiero que me pegues, quiero que lo hagas quiero sentir tus golpes. Roberto sonrió y dijo: lo vi en tus ojos, sabía lo que eras desde que te ví te gusta que te peguen, te gusta jugar.
Inmediatamente me tomó por el cabello bruscamente y sin soltarlo me tiró en la cama, allí procedió a pegarme en las nalgas cada vez mas fuerte, yo me retorcía de lo que creía era dolor, pero no, era placer, un placer que jamás había experimentado, me golpeaba en las nalgas, la espalda, mordía mi cuello fuerte y me alaba del cabello, todo esto elevando mi culo para mostrarle mi chucha a la que también golpeaba haciéndola mojarse cada vez mas.
Nuevamente me aló el cabello y me llevó hacia su verga, la cual estaba tan erecta, hermosa y mojada. Sin decir nada Roberto llevó mi boca a su verga y me dijo: chúpala!. De inmediato muy obediente la tomé y la disfrute entera, saboreando cada secreción divina que manaba y mamándola fuerte. De un solo templón de cabello me retiro, quedando yo con el deseo de saborearla, no le rogué, pero con mi boca hacía gestos para que me dejar chuparla.
Al tirarme en la cama me dio una bofetada y yo me acaricié donde me golpeó, esto bastó para que entendiera y me continuara golpeando por todo el cuerpo, a cada golpe yo me acariciaba, excitando mas y mas y tocándome machuca hasta que sin pensarlo logré tener mi primer orgasmo masoquista. Mi cuerpo temblaba y estaba tan caliente por lo golpes que parecía tener fiebre, eso era lo que sentía como si tuviera fiebre. Roberto me miró con ternura y me dijo: desde que el primer día supe que te podías venir con solo pegarte, lo supe.
A pesar de haberme venido, el deseo continuaba, mi cuerpo pedía mas, el hombre a quien amaba en quien confiaba plenamente me podía dar algo que era nuevo y no tenía por qué preocuparme. Instintivamente corrí a mamarle la verga, Roberto ya no podía mas gritaba de placer y me decía: No puta me la vas a sacar no sigas, no, que te quiero romper el culo. Eso bastó para
que de un salto me pusiera en cuatro sobre la cama y que lo mirara en esa posición y le dijera: Pues ven hazlo, pero me tienes que seguir pegando si quieres mi culo.Roberto corrió a la cama y como ya tenía entrenado mi culo y como los flujos lo tenían un tanto mojado, me dio dos palmadas en las nalgas y me lo enseño en la puerta del culo, desde su posición dijo: estás lista puta, te la voy a meter, medía un poco y luego, me gritó muévete puta rica y lo metió de un solo golpe haciéndome lanzar un grito increíble. Luego a cada embestida me golpeaba con la palma de la mano, bombeaba y pegaba, este ritmo me hacía gritar cada vez mas fuerte. Roberto no dejaba de decirme perra, puta, zorra, estás tan buena, que culo mas rico hasta que cuando no pudo aguantar mas, empezó a pegarme tan fuerte que marcaba mi espalda. A así entre golpe y vergazos ambos tuvimos un orgasmo gritando de placer, mi culo lleno de su leche, mi espalda y culos rojos por los golpes. Roberto tenía las manos igual de rojas de la paliza que me había dado. Luego supe que eso era sadomasoquismo Roberto y yo lo practicamos, para variar y nos ha dado resultado. A veces le pego yo, pero esa es otra historia, otra deliciosa historia.
por Viudita
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