Julia
Por Fistulo
 
Por fin llegaba, la estaba esperando desde hacia una hora, estaba nervioso y cabreado, como siempre dijo “ buenos días,” tendió la toalla en la hamaca, dejando a su hijo de tres años a la sombra de la misma y comenzó el momento mas deseado por mí a lo largo de todo el día.
 
Se recogió el pelo, largo y negrísimo en un moño, levantando los brazos, dejándome ver sus sobacos llenos de pelos, la polla suavemente despertaba de su letargo, luego se subió el vestido  hasta la cintura, dejándome ver sus muslos morenos, hermosos, torneados, largos y sedosos, su piel brillaba, el bikini que Julia se había puesto era de color rojo pastel y como siempre, le salían por los bordes una hermosa maraña de pelitos rizados, se los intento tapar con una de sus manos, dejándome ver un poco de su chocho.

Al llegar a sus pechos, se atranco el vestido y tuvo que dar un enérgico tirón, levantándose un casco del sujetador y permitiéndome ver parte de su pecho en forma de pera, blanco como la leche.

Mi polla, pego otro respingo y la tienda de campaña, se fue formando en mi bañador.

- No sé que haría sin su ayuda Salvador -

Estas palabras que me dedicaba Julia, eran por que mientras ella me daba la función, yo me ocupaba del niño, que por cierto me había dado varias patadas en la barriga.

Julia, estaba casada y tenia solamente un hijo, con 30 años, guapa, morena y con un cuerpo de película, estaba pasando un mes en la playa, su marido venia los fines de semana y yo había tenido la suerte de tenerla de compañera en la sombrilla.

Me llamo Salvador, tengo 47 años y estoy divorciado no tengo hijos y mi mayor pasión es follar, me gustan todas y no desperdicio ni una ocasión, me conservo en forma, bastante fuerte y con una polla de 19 cm. Que caracolea mas que la jaca de Peralta.

Estaba en el mismo hotel que Julia y más de una vez la había invitado (junto con su marido) en el bar, no nos tuteábamos por que decía que su esposo, le había dicho que poca confianza con los hombres, pero yo sabia que acercándome al niño, también me acercaba a ella.

Me gustaba con locura y estaba deseando comérmela toda.

Aquel día estaba la mar con olas y como es lógico, me ofrecí para ayudarla, nos metimos los tres, yo con el niño en brazos y le dije a Julia que se agarrara por detrás a mi cintura.

- No se preocupe Vd, que el niño no se cae - Dije cuando una ola un poco mas fuerte, nos dio de lleno.

La cogí por la cintura y la arrime a mi cipote que estaba totalmente tieso, no dijo nada ni tampoco se retiro, es mas una de las veces, su mano, se poso mas de la cuenta encima de mi tranca, pasados unos minutos en los cuales tuve una monumental corrida al bajar la mano y posarla en su coño, salimos y sin decir palabra, nos tumbamos cada uno en su hamaca.

El niño, jugaba en la arena con su palita y su cubo, cuando Julia, me dijo que si podía ponerle crema en la espalda.

Me quede de una pieza, nunca me lo había pedido antes, así que mientras ella se daba la vuelta, me embadurne bien las dos manos y suavemente las deposite encima de su cuerpo, nuevamente mi polla se puso tiesa y viendo tan cerca esas cachas y ese culo, a punto estuve de irme nuevamente.

Julia, no decía nada y mis manos cada vez se hacían mas atrevidas, le sobaba toda la espalda, los hombros, el cuello, los sobacos, una de las manos, había bajado hasta la canal de sus pechos y ella con los ojos cerrados, se dejaba hacer, sin pensármelo dos veces, baje mis manos hasta sus muslos y mientras los magreaba, me cambie de postura, apoyando mi cipote, sobre una de sus manos.

Cuando más entusiasmado estaba y estando a punto de meterle la mano en el coño, una carga de arena caliente cayo sobre los dos, mientras que el niño sé descojonaba de risa y Julia, se levantaba indicándole que eso no sé hacia.

Mientras me dirigía hacia el agua, diciéndole a su madre que no-tenia importancia, intentaba por todos los medios tapar el bulto que tenia en el bañador.

Nade, durante media hora hasta que aquello se puso normal y el resto de la mañana no ocurrió nada digno de ser contado. Julia se ocupaba de su hijo y cuando nos despedimos para el almuerzo, le mire descaradamente el coño, mientras me pasaba la lengua por los labios, ella se puso un poco nerviosa y la cara roja como un tomate.

Aquella noche, estaba en la discoteca del hotel, bailando con una alemana, cuando un trueno potente anuncio lo que seria una tormenta de verano, la lluvia azotaba los cristales mientras un fuerte viento tiraba manteles, hojas, macetas etc.

Un camarero, me dio un suave golpe en el hombro, haciendo que me apartara de la jugosa boca de Natacha, saque mi mano de debajo de la falda y con cara de fastidio, cogí el teléfono que este me tendía.

Julia con un ataque de histeria, me pedía que fuese a su habitación ya que la tormenta la tenia muy asustada, con una excusa, me despedí de mi linda alemana y subí al décimo piso, justamente estaba llamando a su puerta, cuando un trueno horrendo, sonó como un cañonazo.

Julia, con un camisón color carne por encima de las rodillas y con un gran escote que dejaban ver su pechos, abrió la puerta y se abalanzo a mis brazos, mientras pegaba un grito que casi me deja sordo.

Una vez dentro de la habitación y mientras intentaba calmarla diciéndole palabras en su oído, le acariciaba el pelo que lo tenia suelto, estábamos los dos en el centro de la habitación, abrazados, pegados de tal manera que sus pezones me hacían daño, mientras mi polla que ya estaba en forma, estaba incrustada entre sus piernas.

Hubiese estado toda la noche así, no sentía la tormenta ni la lluvia ni los truenos, solamente sentía el calor de su cuerpo, su intenso perfume, sus carnes duras que mis dedos acariciaban, le besaba su cuello, su oreja, la mejilla, me parece que así será el paraíso.

Julia, al cabo de unos minutos, mucho más tranquila, se separa y cogiendome de la mano me llevo hasta la habitación, donde su hijo, dormía a placer en la inmensa cama de matrimonio, luego de darle un beso en la frente y apagar la luz, salimos hacia el saloncito entornando la puerta para poder oírle caso de que se despertase.

Fuera, la tormenta poco a poco iba perdiendo intensidad, descorrimos las cortinas y apagamos la luz, las olas rompían en la playa, salpicando de espuma hasta la piscina del hotel, las hojas de las  palmeras, bailaban una danza sin parar.

Tenia nuevamente abrazada a Julia, pero esta vez totalmente desnuda, le besaba sus labios, ella me los mordía, su lengua me hacia cosquillas en el paladar, mis manos masajeaban su espalda, su culo, sus nalgas, mi polla, apoyada en su hermosa pelambrera, le llegaba hasta el ombligo, cuando una de mis manos, se desplazo hasta sus pechos y comencé a sobarlos, note como con un suspiro y unas convulsiones, Julia había tenido un orgasmo.
 
La tendí en la moqueta con las piernas abiertas y colocándome de forma invertida para hacer un 69, le comía su coño, que tenia un sabor agrio, su gran cantidad de bello pubico, me dificultaba encontrar su clítoris, pero mi lengua que estaba dentro de su vagina, no paraba de lamer, mientras, ella me chupaba la polla, su lengua me producía un gran placer, mientras que sus manos manoseaban mis huevos.

Con un grito ronco, apagado por el ruido de la lluvia, me corrí en la boca de Julia, mientras ella, moviendo el culo, también se corría.

No sé que me pasaba, quería mas y más, volví a besarla después de unos instantes de tranquilidad, la olía por todos lados, mi polla que no se había desplomado, seguía en plena forma, me coloque encima y se la metí con mucha tranquilidad, poco a poco, sus paredes vaginales me apretaban dándome un masaje que me transportaban al séptimo cielo, me corrí nuevamente pero seguía metiendola y sacándola, Julia me pellizcaba el culo y yo mientras tanto le mordía sus pezones.

Sus jadeos y suspiros, me enervaban, quería que aquello durara toda la vida, no me cansaba de su cuerpo, el sudor corría por mi cara, pero una fuerza interior muy poderosa me obligaba a follarla  cada vez con mas pasión.

Unas fuertes convulsiones, de la mujer, seguidas de un “--- para, para me vas a destrozar---”, indicaron que había llegado al clímax.

Julia, lloraba y reía al mismo tiempo. Me dijo que nunca se había sentido tan satisfecha, yo que había tenido otra alegría, me encontraba al limite de mis fuerzas.

Nos quedamos tendidos, mientras la tormenta definitivamente se alejaba mar adentro.

Un rayo de sol en plena cara, me despertó, Julia, tendida a mi lado, dormía placenteramente, pude admirar su cuerpo desnudo, su melena negra, le tapaba un pecho y su chocho, cubierto de bello pubico, parecía un gato echado, sus muslos, morenos y hermosos, acababan en unos pies menudos y sin ningún defecto, su cara bellísima, reflejaba una paz y tranquilidad propia de una hembra feliz.

Con gran pena, recogí mi ropa y sin hacer ningún ruido, abrí la puerta echando una ultima mirada antes de cerrar a la mujer que sin lugar a dudas me había dado mas placer que ninguna.
 
 
 

Fistulo
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