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PARTE IV Macho con vestido
Esa noche Batman fue llevado a la recámara que se utilizaba como su celda. Durmió varias horas. Despertó de repente cuando sintió varias manos sujetándolo y desnudándole. En vano intentó evitarlo, pues eran muchas manos las que lograron desnudarle, dejándole solamente la máscara.
Acostado sobre su abdomen, sintió el pinchazo de una aguja en su nalga izquierda. No lo pudo evitar, algo desconocido le fue inyectado. Casi de inmediato lo soltaron y sintió mareos y más debilidad.
“¿Qué me hicieron?” preguntó a las mujeres, que en silencio, pero sonrientes, empezaron a cargarlo para llevarlo al baño.
Lo llevaron a la bañera y le bañaron con agua tibia. Se sentía tan débil que se dejó hacer todo. Mientras lo secaban, una de las mujeres empezó a untarle una crema en las piernas.
“Depiladora”, dijo mientras le untaba la crema.
Quiso en momentos forcejear, pero su debilidad era mucha y sentía que las mujeres tenían más fuerza que él. Después de unos minutos le limpiaron la crema, dejando sin vellos las piernas del superhéroe. Luego vino lo inesperado, empezaron a vestirle de mujer. Le pusieron medias blancas, un liguero y un corsé muy apretado. Le calzaron unas zapatillas de delgado y alto tacón, le pusieron uñas postizas, le pintaron los labios con un rojo intenso y le pusieron un vestido ajustado de la parte alta y de amplia pero corta falda.
Era la peor humillación para Batman, que no pudo evitar ser travestido. Estaban rociándole perfume en el cuello cuando entró Gatúbela.
“Miauu, sí que eres toda una señorita”, le dijo, divertida.
“¿Qué pretendes con todo esto?”.
“Ah, mi querido Batman, ya verás, ya verás”.
Se acercó y le levantó la falda, comprobando que no llevaba pantaletas y acarició los muslos enfundados en las finas medias y los ligueros blancos. Nuevamente las manos de Gatúbela fueron a inspeccionar su miembro, sus testículos y hasta sus nalgas, acariciándolas con las uñas.Soltó una carcajada y dio indicaciones a sus ayudantes que de inmediato le llevaron de ahí. Fueron a una gran sala, donde había muchas puertas. Abrieron una y al otro lado estaba un hombre semidesnudo, atado a la pared.
Era un hombre muy musculoso y con expresión fiera. Estaba sin rasurar y sudoroso. Se le acercó Gatúbela y le tocó el pecho y el marcado abdomen. Tenía un taparrabos que se levantaba de su entrepierna por la enorme erección que le provocó la caricia. Mientras empezaba a gruñir y forcejear, Gatúbela explicó a Batman:
“Tiene varias semanas ahí, atado; y diariamente mis gatitas le excitan sin dejarle terminar”.
Como si estuvieran de acuerdo, acercaron a Batman a aquel prisionero y entre todas le voltearon de espaldas, levantándole el vestido y mostrándole el trasero al encadenado, que de inmediato empezó a gruñir con más fuerza. Batman sintió una de las manos acariciando su trasero y otra embadurnándole una especie de aceite. Se acercó Gatúbela y con fuerza le separó las nalgas; sintió que le echaban un chorro del aceite directamente en el ano, que estaba cerrado y se apretó más al sentir el líquido viscoso que intentaba entrar.
Sintió los dedos de Gatúbela abriéndole un poco, acariciándole con las largas uñas los pliegues de la entrada.
“Es virgen, mira”, dijo.
Los gruñidos y forcejeos del encadenado se hicieron más fuertes. Batman fue acercado más al hombre y volteado boca arriba. Las mujeres le doblaron las piernas hacia arriba y acercaron su trasero al abdomen sudoroso de aquel hombre.
Sintió un estremecimiento de miedo y de sus labios salió un “no, por favor”.
Las carcajadas de Gatúbela se dejaron escuchar nuevamente y fue ella quien tomó una pierna de Batman y la pegó al pecho de aquel hombre. Acercó el pie a su rostro y el perfume que emanaba de las medias y su larga abstinencia le excitaron aún más. Batman temía lo peor y suplicó a Gatúbela. De inmediato fue retirado y vio cuando Gatúbela quitaba el taparrabo al encadenado, saltando a la vista una enorme tranca, gruesa, con venas resaltadas y chorreando líquido.
Una de las mujeres se acercó a él y con sus manos empezó a acariciar aquel tronco, apretándole cuando parecía que iba a explotar en un contenido orgasmo.
Gatúbela levantó la falda de Batman y palpó su pene, que se empequeñecía aún más con la visión de aquel portentoso miembro.“Pues bien, en unos minutos los grilletes de este macho serán abiertos y tú serás desvirgado por él si no logras escapar”, le explicó; “dispondrás de unos minutos correr por el salón de juegos y ponerte a salvo, si es que lo logras, y llegar hasta la escalera que lleva a un segundo piso, donde podrás cerrar la puerta y evitar la cogida”.
“Por favor, no”, rogó.
“Está decidido”, enfatizó ordenando enseguida a las mujeres abrir los grilletes de aquel hombre, que no hablaba, solamente respiraba con resoplidos y gruñía de vez en cuando.
“Corre, corre... corre que te violan”, dijo Gatúbela.
Indeciso, empezó a caminar con dificultad, pues llevaba las zapatillas.
“Te van coger, te van a perforar...” escuchaba los gritos de Gatúbela mientras caminaba a toda prisa, casi corriendo, por un pasillo, hasta llegar al oscuro salón, donde había juegos mecánicos, una alberca con esponjas, bancas...
PARTE V
El desfloramientoSe descalzó como pudo las zapatillas y las arrojó a un lado, así, descalzo sobre la alfombra, no se escucharían los taconeos. Empezó a buscar la escalera, pero no se veía por la semiobscuridad del lugar. Caminó en silencio, casi conteniendo la respiración, entre los juegos. Cerca, a su derecha, escuchó un resoplido y actuó con rapidez. El hombre se lanzó sobre él y apenas logró tirarse a la alfombra, obligando a que su perseguidor se fuera hasta la alberca de esponjas. Batman no perdió un solo instante y corrió alrededor de la alberca, pues en el otro extremo vio la escalera. Llegó a ella y volteó hacia atrás, observando que el hombre no podía salir de la alberca, que estaba llena de pedazos de esponja de todos tamaños y colores. La escalera subía exactamente por arriba de la alberca y pensó que la utilizaban para arrojarse a ésta desde lo alto.
Estaba descalzo y sentía el frío metal de la escalera a través de las medias. Cuando iba a subir el último barrote de la metálica escalera, colocó rápidamente la mano izquierda en la puerta, pensando en cerrarla una vez arriba.
Subió al piso y se quedó inmóvil al encontrarse cara a cara con una de las mujeres, que le dijo: “sorpresaaaa”, y le empujó con fuerza hacia abajo. Nada impidió su caída. Fue a dar a la alberca, donde seguía aquel hombre. Como pudo se deslizó entre las esponjas hasta una orilla, donde logró sujetarse y tratar de subir. Atrás, se acercaba el hombre, gruñendo. Las luces se encendieron y ambos quedaron cegados por un momento. Hizo un esfuerzo y logró subir el torso. Estaba subiendo cuando sintió una mano en su pie derecho. Pateó con el izquierdo una y otra vez, pero no cedía la mano.En su desesperación logró alcanzar uno de los juegos que estaba a la orilla de la alberca y se sujetó lo más fuertemente posible, mientras observaba que cerca estaba Gatúbela, divertida, y sus mujeres, algunas de las cuales tenían cámaras que lo filmaban todo.
“Por favor, por favor...” suplicó nuevamente.
Gatúbela se acercó a Batman y empezó a pisarle las manos, obligándolo a soltarse. Cayó pesadamente sobre el hombre, derribándolo entre las esponjas. Sintió mojadas las medias al caer sentado sobre el pecho de su perseguidor. Las fuertes manos le sujetaron por la cintura y empezaron a forcejear. Logró sujetarse nuevamente de la orilla de la alberca y trató de salir, pero fue en vano. A aquel hombre que había estado sometido a la abstinencia forzada le sujetaba con fuerza de la cintura, impidiéndole huir.
Sintió una de las fuertes manos explorando su trasero, acariciando sus nalgas y tocando la entrada de su virginal ano, untando más el aceite que tenía.
Se quedó quieto mientras se sujetaba con ambas manos de la orilla y trataba de reunir fuerzas para huir. Dobló las piernas tocando con sus pies los muslos de aquel macho, sintiendo de inmediato la humedad del sudor de quel hombre en sus medias. Quiso sorprenderle y de repente se impulsó utilizando los fuertes muslos como base.El hombre ya lo esperaba y no le dejó escapar, aprovechó el salto de Batman para jalarle con fuerza y lograr que su trasero se pegara totalmente a su abdomen, dejándole a cada lado las piernas. Batman, a través de las medias, sentía el sudor en los costados de aquel hombre que pretendía violarle. Sintió como garras fuertes las manos apretándole la cintura y forcejeó tratando de huir.
Era tarde, ya estaba indefenso. Empezó a sudar cuando uno de los brazos le rodeó con fuerza la cintura mientras que sentía una mano acariciarle los muslos y las nalgas. Sintió los dedos abriéndole el canal entre las nalgas y la punta del caliente miembro en la entrada de su virginidad. Hizo un intento más por escapar y le clavó con fuerza las uñas en el brazo que le sujetaba por la cintura. En respuesta recibió un golpe en el estómago que le obligó a doblarse, instante que aprovechó para colocar nuevamente la cabeza del miembro en el virginal ano. Sintió que le desgarraban el ano cuando la imponente cabeza empezó a penetrarle despacio, pero con mucha fuerza.
¡Aaaaahhh! Se escuchó el grito desgarrador en todo el salón.
Ya le había entrado el glande y seguía el tronco, que entraba en su virginal conducto. Las fuerzas le abandonaron y se soltó, quedando a merced de su violador, que empezó a bombearle con fuerza y rapidez, penetrando cada vez más aquel estrecho túnel.
Batman sentía que perdería el conocimiento, le faltaba el aire y sentía que la sangre se le agolpaba en la cabeza. El dolor era intenso, por los muslos y las medias le corrían los jugos seminales del hombre y su propia sangre.
“Yaaaa, yaaa, por favor, por favoooor, aayyyy....”
Gritaba con voz enronquecida.
El contenido orgasmo del violador llegó de repente, depositando en lo más profundo del antes varonil cuerpo de Batman grandes cantidades de semen.
“Me quemma, yaaa, yaaa, quítenmelooo...” seguía gritando.
Pensó que ahí terminaba todo, pero no. Sin sacarle todo el miembro le giró el cuerpo hasta ponerlo acostado boca arriba, penetrándole con más fuerza y más profundamente con el miembro, que a pesar del orgasmo no perdía su dureza.
Le levantó las piernas y las juntó sobre el sudoroso pecho y empezó a besarle sobre las medias, mientras con la otra mano le sujetaba de la cintura, bombeándole el trasero con mucha rapidez.
Batman perdió el conocimiento. No se dio cuenta cuando terminó su violador llenándole nuevamente el interior de su cuerpo con esperma caliente. Tres orgasmos tuvo dentro del cuerpo de Batman, hasta que quedó agotado. Cuando el violador quedó agotado, se metieron a la alberca de esponjas las mujeres a sacar a Batman y lo llevaron en una camilla a una enfermería, donde lo acostaron sobre una cama.
Estaba inconsciente. Las medias blancas que llevaba estaban sucias y empapadas de sudor; se le habían caído tres uñas postizas; el vestido estaba sucio, mojado con sudor y manchado con su propia sangre. De su torturado trasero le escurrían grandes cantidades de blanco semen y la sangre que daba testimonio de la brutal sodomización, de la pérdida de su virginidad.
PARTE VI
Después de la violaciónCuando recuperó el conocimiento estaba en la enfermería. Le dolía todo el cuerpo y sentía náuseas. Se sintió bajo la sábana ya sin el vestido y el corsé. Sus manos sintieron una pantaleta cómoda y una bata delgada, suave al tacto. Era todo lo que tenía. Su máscara la había conservado, seguramente nadie conocía aún su identidad. Intentaba moverse y no podía, sentía un profundo dolor en el vientre, el trasero y las piernas. Sintió que le volteaban y le inyectaban algo, poco antes de quedarse dormido.
Cuando despertó estaba a su lado un hombre con una bata médica grande; le daba de comer en la boca. Apenas comió poco y le inyectaron nuevamente, y siguió durmiendo.
“Pobre, te tomaron a la fuerza”, le dijo una voz varonil que le despertó. Era el “médico”.
Batman no sabía que decir, o hacer. Se acercó el doctor y le dijo que él lo había cuidado, y que ahí estaría bien, a salvo del violador. Agradeció sus palabras y bebió del agua que le ofrecía. Se durmió nuevamente. Despertó cuando sentía tibio el miembro. Sentía una erección que le quemaba. Bajo la sábana, alguien estaba chupando su miembro, provocándole una erección.
La sábana no le dejaba ver quien era y se dejó hacer. Unas expertas manos de mujer recorrían su vientre y sus muslos mientras una ardiente boca le chupaba con dulzura, con cariño. Sintió la cercanía de un orgasmo y sintió dolor en el trasero. Pero la boca era tan experta que le hizo terminar. Fue un doloroso orgasmo que le hizo gritar en medio de la excitación. Bebieron hasta la última gota de su venida y entonces vio que salió de entre las sábanas una chica muy guapa vestida de enfermera, que solamente le sonrió y le mostró sus labios llenos aún de su esperma. La mujer se retiró y llegó el doctor.
“¿Cómo estás?”, le dijo.
“Me duele todo”, respondió Batman.
“Yo te seguiré cuidando”, le dijo al tiempo que se sentaba a su lado, en la cama. Una de las velludas manos del médico se fue bajo las sábanas y empezó a acariciarle los muslos. La pantaleta seguramente se la había quitado la mujer antes de la felación.
Batman estaba desconcertado. La caricia le gustó y le hizo brincar el miembro. El médico miraba directamente a los ojos a Batman, y éste sintió vergüenza cuando el doctor tomó su miembro, comprobando que las caricias le habían excitado.
“Relájate, que yo te trataré con suavidad”, le dijo.
Batman empezó a excitarse cuando las manos recorrían su cintura, sus piernas, su espalda, su trasero. Algo extraño le sucedía. Tal vez las inyecciones...
Se decidió y su mano derecha tomó el brazo izquierdo del doctor. Era un brazo delgado pero muy velludo. Al contacto sintió más excitación. De repente sintió que se dormía.Continuara.........................
por Antonio
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