La casita |
Ya sé, ya sé amor, que aquí no nos conoce nadie.... debo apresurarme a darte las gracias por haberme traido a este lugar maravilloso. Ha sido una sorpresa exquisita. Una casita de labranza para pasar un fin de semana alejados del mundanal ruido y la antinatural polución de la ciudad. Cómo no agradecerte a tí y al universo por este campo de flores rojas que se extiende para nosotros, moteado aquí y allá de almendros en la flor pálidamente rosada de la primavera. Nada hubiese querido yo más que poseer un valle a los pies de la puerta de mi casa. Bueno, esta es nuestra casa, mientras dure el fin de semana.¿Te apetece caminar un rato, corazón, en medio de esta libertad? Me apetecería compartir contigo la mía, sabiendo que no hay riesgo de que se torne en media libertad, sino de que se duplique o multiplique al alearla con la tuya.
¿Eso sería maravilloso, no?. Es fácil empezar. Sentir el calor de tu mano envolviendo el calor de la mía. Sentir tus dedos entrelazados con los míos, sobre todo tu pulgar acariciando mi índice. Sentir tu mano en la mía es como sentir el latido de tu corazón. De manera distendida caminamos charlando cogidos de la mano. Poquito a poco nos van abandonando los nervios a los que nos ha sometido este deseado reencuentro. Ya nos conocemos un poquito, y ahora los dos deseamos mostrarnos el uno con el otro tal y como somos de la forma más natural posible, como si fuéramos amantes no desde hace una primavera, sino de muuucho tiempo, y necesitáramos de nuevo mirarnos a los ojos y sentir en la mirada nuestra pasión y darle alas con las que volar entre nuestros alientos y alimentarla y desatarla a besos de tanto amar.
"Estás guapísima, Mimi"
Sé que cuando me has besado para presentarme nuestro paisaje mi perfume ha hecho mella en ti, amor, y te ha provocado una sensación del todo agradable. Las mujeres sabemos de esta magia, y entonces solemos esconder aromas sorpresivos en muchos rincones de nuestra geografía femenina, como tesoros que hubieras de explorar, encontrar y conquistar.
"¿Te sientes más tranquila ahora, querida?" Intentas tranquilizarme pues sabes que aún no estoy del todo distendida. Notas en mis ojos furtivos que me apetece mucho abrazarte pero me cuesta dar el primer paso. Sé cómo piensas y sé que piensas que la única manera de vencer esta pequeña y última barrera que de ti aún me aleja es, sencillamente, derribándola. Sé que vas a hacerlo. Sé que sabes cómo hacerlo. Por fin me agarras firmemente por mi cintura y tu mirar azul anegando mis ojos me rinde y por fin te digo, "bésame".
Hemos caminado un buen rato y, aunque no haya sido tanto trecho estamos ya en una zona alejada donde nadie nos ve, perturba nuestra conversación de amorosas miradas ni nuestra intimidad por desnudar.
Vas acariciando la suavidad del sol sobre mis cabellos negros mientras mis labios buscan ya con mucha ansia los tuyos sonrientes y pícaros de hacerme sufrir en esta espera. Me tienes dominada con tu mirar y con tu ternura alternadas.
Tus manos se escabullen de nuevo hasta posarse en mi cintura, hasta rodearla mi en un abrazo apretándome contra tí y siento esta sensación inconfundiblemente tuya y cálida penetrar en todo mi cuerpo.
Uhmmmm, besas muy bien, amor prohibido mío. No sabes, o quizá sí, cómo he extrañado tus besos, tu arte de humedecer mis labios, increible y agradablemente realzado ahora por la sorpresa oportunísima de este ligero viento que sopla intensificando estas sensaciones. Estamos de pie, acariciándonos ya y sintiéndonos los cuerpos bajo las manos. Estamos enfrentados, deseándonos, notando como la piel y el deseo se van calentando. Sé que quisieras desnudarme aquí mismo bajo este sol entre las flores pero...aún no sabemos si nos pueden ver. Qué más da, cariño...¿ no es maravilloso este sentir deshinibido? qué nos importa si nos miran o nos envidian...
Te lo hago saber dándote una solución fácil, agradabilísima, inmediata. Desabrocho mi aterciopelado sujetador negro por su broche entre mis pechos. Te va a encantar tanto como a mí acariciármelos así, por encima de mi blusa, sintiendo tanto tú como yo sus redondeces en libertad. Los sentimos libres, móviles, excitantes, muy apetecibles y receptivos. Por encima de mi blusa tus manos retiran despacito el tejido de mi sostén y podemos por fín notar cómo se marcan mis pezoncitos, perfilando su figura cada vez más evidente, brotando al contacto con la calidez de tu tacto. Esta sensación nos enardece, nos hace enloquecer por dentro y por fuera y por un momento recorremos nuestros cuerpos con aceleradas caricias, unidos en un baile de labios y palabras.
Me gusta tanto cuando tomas mi rostro entre tus manos. Has abandonado mis labios pero son tus ojos los que ahora me hablan de tu deseo y mientras, controlándote, me dices"tranquila, corazón", dominándome. Ahora eres tú quien desabrocha, esta vez dos botones de mi blusa. Los suficientes para poder aplicar tus caricias sobre la suavidad de mis senos, y sobre la femenina rugosidad de mis pezones, ofreciéndome así un placer muy sutil y estremecedor. Sé que también para tí es una sensación maravillosa acariciar mis pechos desnudos. Lo es tanto que te escucho gemir a tí también, sobre todo cuando me escuchas susurrarte "amor, acariciame todo lo que te apetezca, me tienes entregada, soy toda tuya"...mi dulce voz resuena en tus oídos, te excita todavía más. Yo lo noto...acabo de rozar mi mano sobre tu pantalón y sé que tu cuerpo y tu alma son también enteramente para mi.
Durante largo rato acaricias mis senos, recreándote en esta situación tan erótica. Posees un absoluto control desde donde me miras y me tomas. Voy a besarte con pasión, amorcito mío...mi cuerpo rezuma mucha pasión y deseo, mi excitación va al galope, in crescendo. Me excita mucho el que todavía no sabes una cosa....pero pronto la vas a descubrir..He conseguido atraparte en un beso largo, jugando a lamer tu lengua, estoy intentando distraerte y despistarte pues quiero sentir y sentir esta excitación que me desborda en su crecida. Pero no puedo evitar, ni quiero ya evitar, que tu mano baje hasta mis muslos. La detienes justamente donde acaba mi falda, o donde empieza, según como te la mires. Tus dedos exploran el interior de mi prenda, tocando en lentas caricias por sobre el tejido de mis medias. Subes tus caricias hasta donde acaban mis medias, o donde empiezan...ese suave y sexy encaje adherido a mi piel, recorriendo toda su circumferencia, desde el interior de mi muslo hasta llegar a mi culito. ¿Qué agradable sensación, verdad, cariño? descubrir que no llevo braguitas, que mi sexo está desnudo para ti. Noto que esta sensación inesperada te ha cortado la respiración por un segundo...por un segundo he conseguido descontrolar tu dominio. Te lo devuelvo en una mirada, provocadora, pícara.
Ahora estás acariciando la redonda tersura de mi culito desnudo con ambas manos. No hace falta que te lo pida. Sabes perfectamente lo que para mi es el sentir cómo me abres lentamente, separando con cuidado mis cachetes, hasta que llegas intuir mi coñito todo abierto y deseoso de ti. Tus besos recorren mi cuello y mis brazos rodean el tuyo. Así abandonada me dejo hacer deliciosamente mientras me aprieto mucho contra ti y el movimiento de mis caderas se define en un vaivén sobre tu sexo provocándote, más y más.
Ya no sé en qué momento, así atrapada como me tienes, tus manos han empezado a recorrerme de atrás hacia adelante hasta notar tus dedos enredándose en mi vello de ricitos suaves, y notar tus dedos también rozarse con los labios húmedos de mi sexo. Me acaricias así durante un ratito, la palma de tu mano paseando mi sexo por su exterior, y te escucho pedirme "separa un poco más tus piernas, cariño", para darte paso a mi tesoro.
Con tus dos índices separas entonces los labios de mi coñito maravilloso, ayudando a mi perlita a asomarse a tu encuentro. El contacto con el ligero viento que sopla le ha despertado del todo, y noto como se me contrae, encontrándolo desafiántemente duro y erecto tus dedos al explorarlo.
Arengada por el placer que me producen tus caricias en mi sexo, el juego de tu lengua es indefinible, interminable. Como el juego de tus dedos, que acarician más y más mi clítoris, ayudados en su deslizar, en círculos y en ligeros toques a un lado y a otro de mi montoncito, por la humedad de mi vagina que descubre ya un agujerito medio abierto.
No quieres parar, y yo tampoco quiero que te dentengas. Mis piernas ahora completamente separadas dejan que tus dedos entren entre ellas, dentro y fuera de mi, de forma rítmica y poco acelerada. Lo haces así para que note cada centímetro de tu piel fundirse en el calor del roce con la mía. LLegado un momento detienes el movimiento de tus dedos dentro de mi, pretendes volverme loca de placer, sé lo que me vas a hacer. No, no me mires así de lentamente en esta quietud que me fuerzas. "Shhhh, quieta, no te muevas....no te muevas cariño. Siente...".
Me abandono a tus deseos y siento, extrañamente, mi propio deseo aumentar pero de una forma deliciosamente relajada. Es una exquisita tortura para los dos. Así de bien nos compenetramos. Jadeamos en la quietud del placer.
Tus dedos dentro de mi deciden que es hora de hacerme explotar. Comienzan a presionar las paredes de mi vagina de repente. Una presión destrás de otra, sin parar, a intervalos de un segundo, fuerte, cada vez más y más fuerte y más rápidamente. Estoy gritando de placer, mi amor. Del placer que me has obligado a contener y del que me estás obligando ahora. Tu mano libre agarra mi melena por detrás con mano firme, y sin embargo como guante de seda. Así penetrada y dominada me miras, miras mi rostro de placer. Te doy mi secreto más íntimo.
Cuando creo que estoy a punto de llegar al orgasmo, tan deseado, y sin embargo retomo el control. Te aparto con un movimiento y bajo la cremallera de tu pantalón, desabrocho tu botón. Separo la tela y la deslizo por tus caderas. Y veo como asoma tu sexo erecto por encima de tu slip. Tu glande totalmente enrojecido y mojado corona un miembro hinchado a punto de reventar.
Mmmmmm amor, no me resisto. Poniéndome de rodillas ante tí, deslizo tu pantálón por encima de tus caderas y de tus piernas hasta el suelo. Tu sexo está a la altura de mis ojos y de mi boca...sin embargo no me resisto a acariciártelo por encima de tu ropita interior que me traspasa del calor tu miembro ardiente. Lo quiero dentro de mi, sentir que me rajas toda si...pero antes deseo darnos otro pequeño placer más. Libero tu sexo y con mi lengua lo humedezco y lo recorro, con mis manos lo aprisiono, con mi boca lo acaparo durante muchos instantes. Por tus jadeos y gemidos sé que no puedes más, y que si sigo así lamiéndote y chupándote el sexo, y bebiéndome tu glande a pequeños y grandes sorbos, estallarás en mi cara más pronto que tarde.
No quiero esta situación adivinada. Lo que quiero es que me corras mientras te derramas dentro de mi coñito caliente y apretadito, cariño. Así que te llevo de la mano unos metros hasta el árbol más próximo y, poniéndome de espaldas a ti me inclino y te ofrezco todos mis encantos. Levantas mi falda por detrás y aparece ante ti mi sexo totalmente mojado y abierto.
"¿te gusta lo que ves, corazón?"
"sssssíii....es mío, amor...voy a penetrártelo."
Con mis piernas separadas y ayudada por mis dedos abro mis labios exteriores y mis labios interiores al mismo tiempo, dejando al descubierto mi redondo agujerito rosa para tí, y tu miembro entra deslizándose muy poco a poco e invadiendo mi cueva cálida y excitada. Notas la oleada de placer que me estás provocando en tu propio cuerpo. Yo noto como el placer parte de mi interior, me parte el interior, y después todo mi cuerpo, atravesando el tuyo de vuelta de nuevo hasta el mío.
No es posible aguantar así mucho tiempo, es tanto y tan grande el deseo. Comienzas justo en el momento adecuado un movimiento rítmico y salvaje al mismo tiempo. Estás penetrando en mi interior con fuerza apenas contenida, sólo las paredes de mi vagina te frenan, el contacto de tus caderas contra mis nalgas. Me provocas tal excitación que yo misma acelero el movimiento, tornándolo cada vez más salvaje y más violento. Entre gritos de placer. "párteme, párteme, párteme en dos, cariño!"El golpear de tus testículos ahora anhelantes de ser vaciados, contra mi culito abierto.
Tus manos acariciando y recogiendo mis pechos que se mueven al ritmo de nuestro movimiento. Todo, me está volviendo loca.
Mi culito abierto es demasiada tentación cariño, lo sé...y yo lo estoy deseando. Aminoramos el ritmo y sigues penetrándome también con un dedito, mojándolo deliberamente mucho en los fluidos que me precipitas. Noto como tu dedo abandona mi vagina, permitiéndola relajarse un poquito. Más esta sensación no dura mucho tiempo pues enseguida vuelvo a notar tu dedito contoneándose alrededor de mi anito, estrecho y cerradito, mojándolo con mi esencia. Tu suave y experto masaje está consiguiendo que mi musculatura alrededor vaya relajándose, relajando nosotros nuestro ritmo además. Sabes que necesitas quererme y mimarme mucho para conseguirme así, y porque quiero darte algo así. Me tranquilizas con la seguridad de tus movimientos dentro y alredor mío. Penetras suavemente y despacito mi sexo ardiente con tu miembro y suavemente y despacito penetras mi otro agujerito caliente con tu dedo lubricado, entrando y saliendo de él hasta que me notas suficientemente dilatada para recibirte todo.
"¿Estás preparada, cielo?" Me empujo hacia atrás en respuesta, hallando tu glande preparado a la entrada de su ansiado objetivo.
"Valiente", me susurras, mientras yo misma me empujo cada vez un poco más hacia ti, consiguiendo empezar a penetrarme con tu miembro duro y fuerte que sujetas entre tus manos. Solo las separas de ti cuando hemos notado tu puntita entrarme toda, y entonces me ayudas en la dilatación separando con fuerza mis nalgas. Empujas y empujo cada vez un poquito más hasta tenerme toda atravesada y llena de tu miembro.El placer extraño que aquí siento me hace gemir sonidos que confunden placer y dolor. Sé que al final conseguirás darme solo el placer. Así lo sé cuando retiras tu miembro erecto y lo mojas de nuevo dentro de mi vagina. De esta manera cuando regresas a mi culito te deslizas de una vez suave, suave, suave, una y otra vez. Mi placer se torna muy definido e intenso cuando decides penetrarme mi vagina al mismo tiempo con tus dedos.
Me siento llena totalmente. Tu miembro entero dentro de mi culito y tus dedos dándome placer en mi coñito. Con una mano entras y sales y con la otra frotas mi perlita tan hinchada y salidita de su envoltura, completamente expuesta.
"Nunca me había sentido tan llena, mi amor"
"Me alegro, princesa"
Vas a correrme y no quiero aún. Quiero jugar a este juego maravilloso aún, contigo. Llévame a donde aún nunca he estado. Así te lo pido y comienzas otro ritmo más enfurecido, esta vez entrando y saliendo de mis dos orificios alternativamente.
Me golpeas fuerte en cada uno de ellos, amor, alterando uno y otro sin detener tu ritmo salvaje mientras yo me doy placer en mi montoncito excitadísimo, como nosotros dos.
De repente un temblor recorre todo mi cuerpo cuando descargas toda tu esencia en el interior de mi sexo, y siento como ambos nos estamos corriendo al mismo tiempo. Nuestros jadeos se mezclan y el placer in- descriptible que sentimos nos hace seguir moviéndonos para mantener un orgasmo tan deseado, y tan deseable.
"No quiero que digas nada, princesa. Solo quiero que caminemos de la mano hasta la casa y en la intimidad, ver tu cuerpo desnudo y recorrer cada centímetro de su piel con mi mirada, mis caricias y mis besos".
MICHELLE