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Cuando llegué a su casa, aun estaba cansada por cómo terminó la noche. A mi mente acudió el brutal frenesí que había experimentado con Bonn y Alicia. Cuando abrió la puerta, mis recuerdos con Bonn se alejaron marchitamente. Era una delicia contemplarla: vestía una suave bata de seda rosa y tenía le cabellos sobre sus ojos, unos ojos que eran un universo entero, sus labios se ampliaron para mostrar el sol de la mañana y anhelé el poder quedarme con ella toda nuestra vida, así de fuerte era mi deseo por ella.- Te veo cansada.- me dijo sonriendo.- No has podido dormir mucho, ¿verdad?
- Así es.- exclamé dubitativa.
Me ofreció pasar y una vez lo había hecho me abrazó con renovada lujuria. Sus labios se adentraron en una nueva búsqueda de placer escondido y se juntaron junto a los míos. Nuestras lenguas se desataron y se abrazaron ansiosas, lujuriosas a la vez que en mi entrepierna se destilaba el mejor de los licores.
Paseó su mano por mis nalgas mientras su lengua se deslizaba con torturante lentitud por mi oreja.
- Te deseo tanto.- exclamó Suzzane cariñosamente.- Te deseo tanto.
Yo deslizé uno de mis dedos hacia el interior de mi vagina mientras mi otra mano exploraba los territorios que había explorado la noche anterior. Empezé a mover mis dedos en los dos agujeritos mientras Suzzane me besaba con pasmosa lentitud mi cuello, mis labios, mi barbilla, de nuevo mi cuello y por fín mis pechos. Dió pequeños mordisquitos a mis pezones, erectos ya hace tiempo. Fue en ese momento cuando ya no aguanté más y me corrí. El cansancio se abatió sobre mí, suerte del trepidante día anteriro y del magnífico comienzo de este, así que me tumbé. Ella me miró con picardía y lujuria y levantándose sobre mis caderas ofreció su vagina depilada a mi ansiosa boca. Empecé a mover mi boca con velocidad, ansiando beber los sabrosos líquidos que pudiera ofrecerme. Ella gemía y gritaba de placer.
-¡Oh, Dios mío!.- exclamaba, llevándose las manos al pelo.
Por fin, empezó a estremecerse y sus jugos inundaron toda mi cara. Yo cerré los ojos y la sentí mediante los sentidos. Ella se echó sobre mí y me besó. Nos besamos. Nos besamos con una ternura que jamás había visto ni sentido. Mi alma se unió al de ella. Descansamos un rato, tiempo que yo me dormí en su regazo mientras ella me acariciaba lentamente el pelo.
Cuando desperté, me brindó con una abundante comida que yo desgusté. No era tan buena como la que había probado anteriormente pero tb. me gustaba. Aun así, esperé el momento en que nuestras lenguas, nuestros cuerpos desnudos volvieran a juntarse. Y no tuve que esperar mucho tiempo.
( Le doy las gracias a Sonia y a Jack Frost por ayudarme a escribir esta serie
sobre Suzzane. Con un poco de suerte, leas acabaré de convencer para que se
animen a escribir y podréis leer en breve la tercera y penúltima parte, la
única que he escrito sin consejos de nadie, sobre la joven Suzie. Un besote.)
por Ariak
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