Mimi |
Pasaron unos días hasta que Charlotte volvió a llamar.
Su tono, profesional y al tiempo sugerente, preguntó:
"Estás disponible esta tarde, querida?"
Mimi accedió sin dudar, a acudir a una dirección de High Street Kensington.Escuchó a Charlotte especificarle muy bien que era imprescindible que llegase puntual a la cita porque el cliente tenía un horario de trabajo muy comprimido a su paso por Londres.
Mimi se apresuró a arreglarse, preparándose mentalmente por dentro y visualizando de antemano el aspecto exterior que le apetecía para esta cita. Decidió escoger, para esta ocasión, uno de los sugerentes conjuntitos de lencería que había adquirido recientemente en una boutique muy chic, donde sabían hacerla sentir cómoda porque parecían captar sus gustos y la atendendían cordialmente. Suave al tacto con encajes que realzaban la dulce y redonda feminidad de sus senos.
Se sintió excitada mientras se vestía... no reprimía caricias para sí misma mientras comprobaba, con satisfacción, que el color blanco resaltaba descaradamente el tono de su piel bronceada, y tan hidratada que resultaba extremadamente sedosa al tacto.
Un placer recorrerse..... "Estás preciosa, mimi"...
Al tiempo que este pensamiento abandonaba su mente, constataba que estaría otra vez abandonándose en brazos de un perfecto desconocido, que esperaría de ella un comportamiento totalmente lascivo.Era esta perspectiva de su promiscuidad lo que la estimulaba. Eso y el placer físico que sabía que, indudablemente, iba a obtener a cambio.
Cuando llegó el taxi a la dirección del High Street Kensington, el portero la miró más detenidamente cuando ella le dió el nombre del cliente.
"Está arriba, en el décimo piso" dijo el portero.
LLamó al apartamento de esa planta para anunciarla y luego le indicó donde estaba el ascensor, en medio del vestíbulo, no sin antes dirijirle una sonrisa de arriba a abajo.
"Si, también estás sexy, Mimi, ...." se dijo ella para sus adentros, con una media sonrisa asomando sus labios.
Subió sola en el ascensor enorme de metal. Siempre tenía fantasías cuando se hallaba dentro de un ascensor enorme...un espacio suspendido en el espacio era algo muy sugerente y provocaba que se le desbordara la imaginación. Pararlo entre pisos, entre suspiros, entre unos brazos... entre sus piernas...entre sus piernas decidió tocarse levemente durante el trayecto ascendente, para estimularse un pokito y disipar sus nervios.En la planta diez encontró una sola puerta, también enorme, de doble hoja. Inspiró profundamente notando el oxígeno invasor llevarla a un estado de calma. LLamó al timbre sin insistencia, con una lentitud que le permitió comprobar la perfección de sus uñas arregladas. Del color de la canela, si.
Al cabo de unos instantes le abrió un elegante mayordomo de color que aparentemente ya la esperaba. Dejó la sonrisa y las puertas abiertas de par en par para dejarla entrar, y luego la condujo a una enorme sala de estar con una panorámica de la ciudad a través de una hilera de amplios ventanales.
Pasaron unos momentos que la provocaron sobrecojerse por el magnífico espectáculo ante sus ojos, tras las ventanas... antes de que apareciera a sus espaldas un hombre apuesto, de rostro bronceado. Observándola y sonriendo, sin que ella le hubiera visto aún, dijo:
"Hola, soy Luís, tú eres Mimi, verdad?".
¿Quien era?, el nombre le era tremendamente familiar pero pensó que podría tratarse de algún famoso, o quizá un productor de televisión.
Mientras él se desplazaba hasta la elegante barra de madera de cerezo forrada en cuero tostado, ella volvió a mirar a través de las ventanas, dándole de nuevo la espalda. Se sentía turbada, pues aquél rostro...aquel nombre...quién era?
En si interior tenía la certeza de conocerle, pero no conseguía traer ese recuerdo de su memoria."Bonito nombre, puedes llamarme Loui si tú quieres. ¿Te apetece una copa?...¿o no bebes?. Si no te importa yo tomaré una copita de cava muy fresco". Él había pronunciado estas últimas palabras muy despacio, arrastrándolas deliberadamente.
"Me gustaría que lo disfrutaras conmigo.""De acuerdo, estupendo."
¡¡Ya está!!. De repente, surgió todo el recuerdo, explotando emociones en su interior. Aquél encuentro que nunca existió con el hombre al que más deseó. Se dio lentamente la vuelta, queriendo eternizar este momento de dulce duda aún, hasta que le miró de frente, y le sonrió. Se encontró abrazada en una sonrisa que se le devolvía, acojedora y, esta vez, muy muy cómplice.
Entendiéndose a la perfección con esa sola mirada, decidieron jugar. Él era educado, afable, y no le quitaba sus ojos lentos de encima mientras hablaba con ella, sin mencionar un solo detalle más que sugiriese que se conocían ya, y que se habían amado.
Mimi tomó asiento en el sofá de piel crema, sobreponiéndose a la emoción de este primer encuentro tan imaginado y deseado y, recuperando su seguridad se dijo que sí, que seguramente él estaría complacido con ella, y que era evidente que le gustaban sus curvas. El mayordomo les trajo las copas doradas de cristal burbujeante y luego salió de la estancia, cerrando las puertas en silencio al marcharse.
Loui, advirtiendo esta lucha en el interior de ella, se sentó en el sofá a su lado con ademán estudiado para tranquilizarla. Aún separados por una pequeña mesita de cristal y nácar. Coversaron, divertidos por este juego cómplice durante un rato, y Mimi descubrió que ya no sentía ninguna incomodidad ni tensión charlando con él.
Entre frases, tenía la mirada siempre fija en ella, en su cara hermosa, su cuerpo moreno y sus eternas piernas.
"Eres un ángel muy sexy", dijo por fín. Mimi sonrió, complacida y soprendida por la memoria de este hombre. Quizá sí era cierto que la había amado. Aquellas palabras tenían mucho significado en su mundo. "Gracias".
Él derramó una sonrisa antes de deslizar, con gesto lento, los finísimos tirantes, ayudándolos a deslizarse, con su dedo índice,sobre los hombros dorados de Mimi, descubriéndolos para sus ojos.Después bajó el otro brazo para deslizar la mano por entre las rodillas ahora temblorosas de Mimi, bajo el dobladillo de su vestido.
Ocurrió tan deprisa que su pulso se aceleró.
Fue abriendo poco a poco los muslos bajo la suave y lenta presión de su mano, temblando de excitación al sentir, por fin, después de los años, sus dedos acariciándole la sensible parte interior de los muslos a través del nylon de las medias."Tengo que asistir a una conferencia dentro de una hora....así que si no te importa,haremos una sesión corta"...anunció Loui.
"De acuerdo, perfecto". Mimi recordó que Loui tenía una vida intensa, y que sabía estar en cada momento.
"Pero no demasiado corta, ¿vale?".
Ella notaba como le temblaban las piernas mientras la mano seguía acariciándole sin ninguna clase de prisa los muslos y un escalofrío de sudor recorría su piel ahora erizada en todo su cuerpo.
"¿Estás excitada, amor?"
"Ssssi".
La mano de Loui pasó directamente a posarse sobre el montículo del sexo de Mimi. Allí la dejó reposar de su lento viaje, compartiendo en un mirar la excitación creciente que de ella emanaba. Un instante después sus dedos jugaban dentro de las braguitas y una corriente de placer inundó el cuerpo de Mimi torrencialmente, cuando le frotó el clítoris con las puntas de sus dedos mediante caricias suavemente circulares.
"Estás mojada, cielito" le susurró al oido, y Mimi se sintió derretir.
Sintiendo el rubor apoderarse de su rostro, Mimi cerró los ojos. Estaba intensamente excitada por él. Por la experta caricia de sus dedos en el sexo, por su actitud, por la sorpresa, por el modo en que la miraba, por la seguridad que emanaba. Por la idea de que la había comprado y podía poseerla como quisiera. Pero, por encima de todo, lo que más la excitaba era estar con Loui, de nuevo, pero en semejante realidad.
Pasó una dulce eternidad de suspiros hasta que Loui retiró la mano del sexo excitado de Mimi, y dijo que quería verle los senos. Él mismo le desabrochó los botones del vestido, y le liberó los pechos del blanco sujetador de escote bajo que llevaba puesto, introcuciendo sus manos dentro de esa suavidad y extrayéndolas rellenas de otra suavidad. "Son adorables", dijo, con los ojos encendidos, mientras contemplaba sus manos recogiendo unos preciosos senos desnudos y altivos.
Descubrió un paraiso de sensaciones al arrastrar su mano deliberadamente por la superficie tersa de la que estaba hecha Mimi. Jugueteó un momento con uno de los pezoncitos de azucar moreno y luego inclinó la cabeza para besarlo y saborearlo. Después Mimi sintió un lametón y después, mientras Loui sujetaba el botoncito con cuidado entre sus dientes, su mano volvió a iniciar su exploración con total libertad entre los muslos de ella para llegar a acariciar el clítoris, hinchado, mojado y nadar en la abertura de su vagina inundada.
Mimi estaba ya al borde de un incontenible orgasmo y las rodillas y el vientre volvían a temblarle. Se recostó acomodándose en el sofá, dejándose hacer con las piernas ahora muy abiertas. Él frotaba y paseaba su dedo solo alrededor del delicado centro de placer, sin llegar a tocarlo directamente, al tiempo que que se entretenía con sus pechos, dulce y húmedamente. Era evidente que sabía lo que hacía y que pretendía hacer que Mimi se corriera en su mano. Quería escuchar sus gritos de placer deshinibido en su oido. Quería eso de ella tan solo de acariciarla. Quería recoger en su mano su orgasmo y su esencia de mujer y dársela a saborear de sus dedos.
Advirtiendo el momento oportuno y deseado su dedo comenzó a dar pequeños toquecitos sobre el montoncito de Mimi, y después desplazó esos pequeños toques sobre los lados de esa brillante perlita. En un lado, y en el otro alternativamente, incrementando la presión y el ritmo del roce. En menos de dos centímetros de piel se le concentraba a Mimi un placer que trascendía las medidas del universo.
Mimi se volvió loca de placer y se perdió de repente en unos espasmos abruptos que la obligaron a estrechar las piernas sobre su mano y a emitir unos jadeos y gritos que describían el orgasmo perfecto que la invadió en oleadas lentas y calientes, a la vez que reclinaba la cabeza sobre el respaldo del sofá, abandonada. A Loui le encantaba la manera tan desenfrenada, deshinibida y escandalosa de vivir un orgasmo que tenía Mimi.
Siempre la escuchó a través del auricular, se corría para él llevada por su voz. Esta vez él quería sentirla en su oido mientras la besaba. Escuchar su voz de placer más íntimo y poder sentir su aliento en la piel. Le dió a sorber a Mimi sus propios jugos de entre sus dedos mojados, y sus lenguas se acariciaron con sabor de sexo.
Con una sola mirada de Loui, Mimi se sintió de nuevo enrojecer. Acusó el temblor de excitación en su vientre en una última sacudida al comprender lo que él quería de ella. Le observó mientras se bajaba despacio, sin prisa, la cremallera del pantalón. Sacó su miembro, largo, con el glande completamente expuesto ya, y la sonrió mientras separaba las piernas y con un único gesto le indicaba la alfombra, delante de él.
Se estremeció al sentirse así de dominada y al contemplar su pene grande y erecto, y entonces se arrodilló frente a él y lo tomó en sus manos. Loui retiró las suyas y se acomodó en el sofá mientras ella le acariciaba todo el miembro con manos infinitas.
Mimi podía percibir el aroma viril del miembro mojado, mezclándose con su propio perfume de mujer. Tembló de excitación, esta vez al notar el calor de él en su mano.
Luego se acercó más, sin dejar de mirarle a los ojos. Navegó la superficie rosada de sus labios con la lengua, humedeciéndolos de lasciva saliva, y hundió el glande en su boca. Mimi pasaba sus labios sobre la tersa piel del glande, con la boca extendida por el grosor del pene. Movía la lengua sobre la punta y desplazaba la cabeza lentamente, arriba y abajo, mientras le follaba. Le oía murmurar. Se detuvo y, mirándole, le jadeó palabras de sexo que bañaron sus oidos impregnándolos de toda la lujuria posible. Él la incitaba a seguir. Ella sentía el cosquilleo del borde del cojín del sofá en la punta de sus pezones endurecidos. Sacudió la cabeza un poco más rápido, y al poco él la advirtió de que iba a derramarse, le tenía a punto desde que la oyó correrse.
Síiii, Mab se moría por verle así. Tantas veces le había imaginado, desde su habitación. Le había imaginado acariciándose pausada y luego frenéticamente el glande, su dedo pulgar deslizándose arriba y abajo...mojándose. Retiró la boca y, utilizando una mano, frotó el pene, subiendo y bajándo los dedos alrededor de la piel tensada de su tallo, acabando en lentas caricias sobre el glande mojado recogido en su mano. Sin cesar, en un ritmo cadente y caliente.
Al cabo de un instante de fijarse en los ojos y la sonrisa inexplicablemente angelicales de Mimi, Loui empezó a eyacular. Todo el torrente que fluía por su cuerpo recorrió su sexo con saboreada lentirud y se derramó a borbotones. La esencia disparada en chorros intermitentes describía un arco ascendente y caía sobre la alfombra, entre las rodillas de Mimi.
Ella cerró los dedos en torno al tallo hinchado y siguió sacudiéndolo entre besos hasta que la última gota de semen se hubo derramado de la punta enrojecida del miembro de él.
Le mostró donde estaban los aseos, junto a la sala de estar, y ella entró para recomponer su aspecto.
Cuando descubrió la entrepierna de sus braguitas empapada, se las quitó y las metió dobladitas en el bolso. Seguidamente se arregló la ropa, se aseó, rehizo su maquillaje y salió.
Loui se había ido, pero el mayordomo sonriente la esperaba para acompañarla a la puerta.
De reojo vio, sobre la mesita de nácar, una copa de cava recién servida y una nota..."Àngel" .Nunca sabría cómo la había encontrado, tal y como le fue prometido la última vez que le escuchó, cuando la vida les separó.
Pero sabía que volvería a encontrarlaMICHELLE