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Año: 3005
Nave: SHYP-II
Destino: Planeta Sildavia.
Objetivo del viaje: Recoger transmisor intelestelar averiado.
Tripulantes de la SHYP-II: Sara. (Oficial de mantenimiento)
Duración del viaje: Un mes.
Era la segunda vez que leía estos datos. No acababa de creerme que fuera la única tripulante de la nave. Mi compañero de viaje tuvo que quedarse en la Tierra por un problema con su piel. Una reacción inesperada a las pastillas que debíamos tomar semanas antes de partir de viaje le dejaron ingresado en la unidad de observación. Así que yo sola debía afrontar esa misión, por otra parte, totalmente rutinaria.
Sólo había que llegar al planeta Sildavia, recoger el transmisor y regresar. Fácil ¿no?. Sobretodo porque los ordenadores de la nave se encargaban de realizar el trabajo. Yo sólo tenía que apretar las teclas.
El "problema" era la duración del viaje. Un mes metida en la nave era demasiado tiempo si no se tiene a nadie con el que hablar. Bueno, es cierto, tenía toda la tecnología a mi disposición: cualquier libro que me apeteciera leer, me lo proporcionaba el ordenador. Lo mismo pasaba con las películas. Podía hablar con el personal de la base en cualquier momento. En la nave disponíamos de gimnasio, un pequeño jardín artificial y toda clase de comodidades para notar lo menos posible que estaba metida en una nave espacial.
Pero se olvidaban de lo más importante: ¿Qué haría cuando me entraran ganas de echar un polvo?. La respuesta era evidente: Aguantarme y recurrir a la masturbación.
Con mi compañero el viaje hubiese sido distinto. Los dos no teníamos pareja y las probabilidades de sexo entre los dos eran altas. De hecho, nos elegían en parejas compatibles para que no hubiera ningún problema entre los dos. Aunque cuando entran ganas de hacer el amor y estás navegando por el espacio, poco importa si tu compañero tiene pareja en la Tierra o si no es Míster Universo.
Pero la realidad era dura, estaba sóla en la nave y durante un mes de ida y otro mes de vuelta, tendría que consolarme yo misma. Por falta de tiempo no pudieron asignarme otro compañero.
Mi propósito era no pensar demasiado en el sexo. Pero sabía que eso no dependía de pensar o no pensar, sino del deseo que nace en el interior de cada uno de nosotros, los humanos.
Había otra opción, tomarse una K-36. Una pastilla con la que se alteraba la líbido durante 3 semanas aproximadamente pero que podía tener consecuencias muy fuertes: alteraciones en el ciclo menstrual, diarreas, vómitos, y en definitiva, estar jodida durante el mes siguiente al que te hayas tomado la pastilla.
Sabía perfectamente que la masturbación era algo delicioso pero también lo era el disfrutar de un hombre. No iba a poder no pensar en una polla cuando me masturbara, eso era cierto.
Al tercer día de navegación por el espacio, me encontraba pasando el tiempo con el ordenador y no se cómo dí con una página de normativas de naves espaciales. Teclee enter y el ordenador empezó a decir:
- Bienvenida a normativas en naves espaciales. Por favor, elija opción.
Dije:-Pues no sé que elegir, todo me parece un rollo..... ¡Anda, ¿y ésto?!
Ordenador:
-Ha elegido: <Problemas y soluciones de los tripulantes. Por favor, exponga su problema.
Entre todas las preguntas había una que me venía que ni pintada: ¿Qué hacer en caso de apetencia sexual con otro humano si eres el único/a tripulante de la nave?
Ordenador:
-Respuestas al problema seleccionado:
1- Masturbación.
2- K-36
3- Contener la apetencia sexual hasta regreso a la Tierra.
4- Saturno 747La verdad es que poco me solucionaba el puñetero ordenador. Todas las respuestas las conocía pero... ¿qué demonios era eso de Saturno 747? Nadie en la base me había hablado de eso. La curiosidad podía más que el misterio de aquel nombre. Seleccioné información sobre aquello.
Ordenador:
-Saturno 747: prototipo de robot destinado a satisfacer necesidades sexuales de la raza humana. Operativo para ambos sexos. Destinado a formar parte de naves espaciales con viajes de larga duración.
Funcionalidad según programación previa.
Programado el nivel básico.
Ubicación en sector F de la nave.
Inexistente más información.- ¡Vaya!, ésto no me lo esperaba.
Decidí ir en busca de ese robot. La idea de follar con algo así no me seducía nada. Debía ser como follarte a un trozo de hielo. Pero la curiosidad por ver el último invento de la base era muy fuerte.
Llegué al sector F. Un cuarto en el que se guardaba toallas, ropa, etc; era un pequeño almacén que había en todas las naves. Me costó un huevo abrir el departamento donde estaba Saturno 747 y allí lo ví. ¡Madre mía, era horrible!. Ni siquiera le habían puesto piel artificial como los androides que había en la Tierra. Era todo de acero, tenía cuatro brazos, cuatro manos, dos piernas. Se te quitaban las ganas de hacerlo con aquello al instante.
Cogí un ordenador portátil que servía para programar al robot. Volví a mirar a aquella cosa y no tenía ni pene ni vagina. ¿Cómo coño pensarían que se hace el amor los que lo fabricaron?.
Encendí el ordenador. Allí aparecieron una serie de datos. Por ejemplo, que estaba programado para dar masajes. Eso ya me gustaba más. Que todavía no estaba acabado el modelo para poder follar. Entonces lo que tenía ante mí sería el modelo masajista, pensé (ja,ja,ja). También ponía que se le podía graduar la temperatura a tu gusto, y que había distintas clases de masajes.
Con el ordenador me dirigí al gimnasio que había en la nave. Allí me desnudé y me tumbé boca abajo en la cama que había para dar masajes. Pensada para que los masajes te los diera una persona pero quién me iba a decír que un robot me los iba a dar. Puse el ordenador portátil en una mesa enfrente de mí y apreté la tecla "función masajes" sin saber muy bien lo que me esperaría. Estaba cagada de miedo, la verdad. Saturno 747 se puso en funcionamiento.
- Buenos días, es un placer poder darte un masaje, señorita......
- Sara. Me llamo Sara.
- Encantado Sara. Por favor, introduzca el masaje deseado.
En la pantalla del ordenador aparecieron masaje deportivo, erótico y extra. Elegí el erótico. Saturno 747 se puso manos a la obra. Yo me tranquilizé, era tan educado que no podía ser peligroso. Y estaba ahí para darme placer.
Noté un líquido sobre mi espalda. Era aceite para nutrir la piel, indicado para masajes. Empezó a restregármelo por toda la espalda. ¡Dios, cuatro manos masajeando mi cuerpo! aquello tenía muy buena pinta. Sentí que dos de sus manos se ocupaban de mi cuello y las otras dos, de mi espalda. Se ve que sus brazos se podían alargar todo lo que necesitara. Cerré los ojos y me dejé llevar por las múltiples sensaciones que estaba recibiendo mi cuerpo.
El tacto era idéntico al de las manos de los humanos. La temperatura de las mismas se adaptaba a la nuestra. Sentí como el aceite se deslizaba hacia mi culo, empujado por dos manos de Saturno 747. Las otras seguían masajeando mi cuello y hombros. Mi culo empezaba a ser sobado y después le tocó el turno a mis piernas.
El aceite me estaba calentando la piel y el interior de mi cuerpo. El colmo fué cuando noté sus manos tocar el interior de mis muslos, ¡no podía creerlo, me estaba poniendo cachonda con un robot!. No sabía cuanta era la duración del masaje así que se lo pregunté. Saturno 747 me respondió:
- Tú decides el momento en que quieres que pare Sara.
- Ah, pues sin problemas, sigue, sigue, que lo haces de
puta madre.Creo que estuvo masajeando mi cuerpo unos 15 minutos. Yo miraba la pantalla del ordenador y me preguntaba que sería eso del masaje extra. Apreté la tecla. Pronto lo descubrí. Noté como me separaba las piernas y una mano se ocupaba de acariciarme el coño. La otra, me acariciaba el ano. No podía creerlo, me estaba masturbando una máquina. El otro par de manos del robot seguían masajeando mi espalda, hombros y cuello.
El aceite esparcido por todo mi cuerpo facilitó la introducción de dos dedos de Saturno 747 en mi ano. No me dolió. Lo hacía suavemente como si hubiese estado toda la vida haciéndolo. También seguía frotándome los labios del chocho. Mi clítoris se hinchaba. Yo empecé a gemir de gusto al tiempo que le decía:
- no pares, montón de chatarra, no pares
Sus dedos entraban y salían de mi ano y mi vagina notó como se le colaban unos dedos también. La hostia, era la máquina perfecta. Incluso sabía encontrar el punto G. Para facilitar esa masturbación, me levanté un poco y me apoyé en mis rodillas y mis brazos, dejando el culo levantado y mis tetas a su alcance.
Las manos que me sobaban la espalda se apoderaron ahora de mis pechos. Saturno 747 presionó sabiamente mis pezones, que los tenía excitadísimos. Las otras manos continuaron masajeando mi sexo y ano. Esa puta máquina me estaba llevando a la locura. Sentí como explotaba por dentro de placer y mi orgasmo llegaba con la fuerza de una cascada. Me desplomé en la cama y el robot se dedicó ahora a acariciarme muy suavemente la piel de todo mi cuerpo.
Quedé sin fuerzas y derretida ante aquellas sensaciones placenteras que había tenído. Creo que me quedaba un mes muy entretenido con Saturno 747.
El viaje continuaba.....................
Sara
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