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Todo empieza cuando se quita la chaqueta negra. En un instante se convierte en el centro de las miradas de la cafetería de la facultad. Es un día de primavera y la temperatura ya esta subiendo. Ha terminado las clases y quiere beber algo fresco antes de ir casa. Desde la barra del bar tres jóvenes no le quitan ojo. El camarero parece como si no supiera ir a cualquier lado del bar sin pasar cerca de ella. El top azul turquesa comprime sus pechos abundantes. Su pelo pelirrojo cae sobre los hombros. Sus ojos verde oliva hacen que cualquiera que la mire fijamente se ponga nervioso. Mientras ojea "Los Cuadernos de apuntes de Leonardo de Vinci" percibe como la repasaban con la mirada. No era la primera vez que le ocurre. Es una sensación familiar. Es una sensación agradable.Recoge los libros, coge su bolso negro y se levanta. Se pone la chaqueta negra doblada en el brazo y atraviesa toda la sala hasta alcanzar la puerta. Desde las mesas levantan la mirada con descaro y siguen las evoluciones de sus pechos que ligeramente se bambolean bajo el top. Sus pantalones negros ajustados le hacen unas formas muy hermosas. Sabe que cuando dejan de ver sus pechos, el centro de atracción es su culito que se mueve graciosamente mientras se marcha.
Sale de la facultad y va a buscar el metro. En su cabeza siguen pasando aquellas miradas impudicas, descaras y llenas de deseo que le están dedicando. Su vientre se ha activado y siente como su sexo se esta despertando. Su tanga aprieta su pubis, acariciándolo, su sexo parece hincharse. Sus pezones se empiezan a marcar en la tela azul al endurecerse. Se esta excitando de las reacciones que estaba provocando.
Al sentarse en el vagón vio de nuevo como varias miradas masculinas la seguían. Sus pechos abundantes eran como un reclamo a los mirones. Alguna mujer también disimuladamente no le quitaba el ojo. Delante de ella reconoce al Catedrático de Historia del Arte. Esta de pie y agarrado a la barra vertical. Ella no levanta la mirada del libro. Siente como los ojos del catedrático se pierden en la hendidura oscura que separan sus pechos. Después de cada estación el vagón se va llenado de mas gente. Casi no hay espacio para nadie más. A la altura de sus ojos tiene la visión de los pantalones grises y desgastados del doctor en Historia. El erudito caballero mete la mano en su bolsillo y parece como si estuviera intentando acariciarse. Ana se agacha para coger el bolso. Lo hace con parsimonia. Sabiendo que su escote se abre generosamente ante el peso de sus pechos. Los movimientos bajo el pantalón del catedrático aumentan de intensidad. La erección bajo el pantalón cada vez es más evidente. Cuando el vagón se detiene en una parada, el catedrático sale apresuradamente. "¿Dónde rematara el trabajo?" Piensa ella.
Al llegar a casa, la calentura todavía sigue en el cuerpo de Ana. Deja los libros sobre la mesa y va al frigorífico para poder beber un vaso de agua fresca. El calor también hace estragos en su piso. Abre el balcón del comedor y deja abierta la ventana de la cocina. Al menos así el aire corre por su casa. Entra en el cuarto de baño y con parsimonia se quita la ropa. Desabrocha los pantalones negros y se los quita como si fueran una segunda piel ajustada a sus piernas. Los tira directamente al cesto de la colada. Libera sus pechos al retirar el top. Se muestran erguidos, juveniles y abundantes. Mueve su cuerpo para verlos desde diversos ángulos. Esta orgullosa de ellos. Tienen todas las proporciones académicas de una diosa griega. Se quita el tanga y se queda completamente desnuda.
No deja de mirarse al espejo. De nuevo recuerda las caras de aquellos desconocidos y no tan desconocidos que no le habían quitado ojo durante toda la tarde. Con las manos sujeta sus pechos por debajo y los eleva. Con orgullo los mira detenidamente. "Realmente son hermosos" piensa ella.
Se mete en la ducha y deja correr el agua fría por su cuerpo. Tal vez demasiado fría, casi se queda sin aliento. Al poco tiempo su cuerpo se va acostumbrando y deja que un chorro de agua acaricie su nuca.
Después de la ducha gratificante se pone su bata de seda de color amarillo, se anuda el cinturón y vuelve a la cocina para ver que tiene para cenar.
Del interior de la nevera saca un bol con ensalada de arroz y un tetrabrik de zumo de naranja. Se instala en el comedor y empieza a comer. En la televisión los informativos siguen vomitando desgracias. Cambia insistentemente de canal hasta conseguir encontrar una película en blanco y negro en el canal de pago. Marino Brandon pasea su joven torso desnudo en " la Ley del silencio ".
Acaba de comer y se sienta en el sofá que hay delante del balcón. Es el único lugar donde el aire se mueve y refresca el ambiente. Al exterior casi todo esta en penumbra. En el edificio de enfrente descubre un pequeño resplandor rojo, que aumenta de intensidad iluminado una cara desconocida. Alguien esta fumando en el balcón de enfrente. No puede ser otro. Es el vecino de enfrente. Un hombre de mediana edad, que algun domingo ha visto pasear con su mujer y dos niños.
Su bata solo anudada por el cinturón descubre generosamente su cuerpo. Sus pechos casi están a la vista. Sus piernas salen por debajo de la bata. Las "caladas" del fumador nocturno aumentan de intensidad y frecuencia. Ella se siente de nuevo observada. Le gusta la situación. Se levanta y apaga la luz del comedor. Enciende su pequeña lampara de lectura que esta al lado del sofá.
Se vuelve a sentar sabiéndose observada. Deja que la bata se abra y su pecho derecho se asome. Por el balcón solo se ve penumbra. Sus pezones se ponen erectos y rozan en la seda amarilla. Con el pulgar a forma de pinza estira de su pezón para dejarlo de nuevo. No quiere defraudar al afortunado espectador. Se levanta y desata el cinturón. Suavemente deja que la bata resbale por su cuerpo antes del alcanzar el suelo. Se queda completamente desnuda ante el admirador secreto.Al sentarse acomoda su pierna sobre el amplio brazo del sillón. Sus piernas quedan completamente abiertas. De nuevo busca con las manos sus pechos y empieza acariciárselos. Lo hace lentamente deslizando las yemas de sus dedos por el terciopelo rosado de su piel. La pequeña luz que la ilumina llena su cuerpo de calidez. Su muslo abiertos permite que su sexo se abra como una flor. Su mano baja atraída por las palpitaciones cálidas en su pubis.
Con el dedo anular recorre su sexo, separándose los labios nacarados. Siente la humedad. Su dedo se desliza por la piel lubricada por sus propios jugos. Se le ve deliciosamente deseable. Ella intenta imaginar la visión de su vecino y encamina cada unos de sus movimientos para aumentar la excitación del observador.
El calor se concentra en su sexo. Su clítoris palpita y tiende a salir del capuchón carnoso que lo recubre. Con el dedo lo acaricia levemente aumentando la intensidad. Sus músculos se tensan. Los latidos del corazón aumentan de ritmo. El calor de su vientre se va extendiendo por su cuerpo, sube por su torso. Sus pechos se hinchan. Las aureolas de sus pezones parecen que van a reventar. Sus pezones erectos y tiesos reciben la caricia de la mano libre. Empiezan los espasmos involuntarios.
Sus dos manos se concentran es su sexo y mientras con una mano abre su sexo con la otra lo acaricia con intensidad. Su pubis se mueve con espasmos incontrolados. Cada vez que piensa en su secreto admirador, aumenta su excitación. Cierra los ojos. Sus pies los estira. Su torso se contornea. Aguanta la respiración y como una ola el orgasmo recorre todo su cuerpo. Haciéndole perder el control de su cabeza que lanza hacia atrás. Deja de acariciarse. Tiene que para.
Explota y cierra los muslos aprisionado las manos. Deja que su cuerpo se derrame sobre el sofá. Desmadejada en ese primer orgasmo. Levanta la mirada intentando ver a su vecino. La oscuridad no le deja ver nada. Recupera el aliento mientras se fuma un cigarro. Su cuerpo esta mojado por el sudor.Suena el timbre de la casa. Va ala puerta y mira por la mirilla. Es el vecino. Abre la puerta.
- No puedo más. Eso no se me hace a mí. Dice el vecino con toda la cara congestionada.
Ella lo invita a entrar. Ella se sienta en el sillón y lo hace quedarse de pie. Le desabrocha el pantalón. Los slips marcan una verga comprimida que pugna por salir. Cogiendo los calzoncillos por la cintura se los baja de un tirón. Su verga se dispara liberada quedándose vertical y pegada a su vientre desafiante con la gravedad. Ella no lo duda ni un momento.
Agarrándose los pechos con su mano captura la verga del vecino en su escote. Él siente el terciopelo caliente de sus pechos y empieza a mover su pelvis deslizando su pene por el estrello pasillo que queda entre los dos pechos. El glande brillante parece que va reventar. La respiración de homenajeado se entrecorta. Ana con maestría aprieta sus pechos aprisionado la verga. Un respingo. Un gemido corto y un chorro caliente de semen alcanza la barbilla de Ana. El vecino se mueve con estertores de moribundo mientras se vacía en la cara de Ana y su escote. Ana libera el pene y se deja caer sobre el respaldo del sofá. Él con su pene que empieza a estar flácido se sienta sobre las piernas de Ana Le mira los pechos, le mira la cara y le pide con gesto de niño travieso:
- Amamántame....
Él abre la boca haciendo un circulo con los labios. Ana agarrándose el pecho se lo ofrece. El vecino entra en un proceso de regresión y se amamanta del pecho de Ana como en su más tierna infancia.
Un grito rompe ese momento. El grito viene de la calle.
MARIANOOO, eres un hijo de puta.-
Su esposa esta viendo esta escena tan maternal.
Alatriste
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