Sant Felip de Neri
 por bluenymph
Te espero. Estoy sentada en la puerta de la iglesia y pasan diez minutos de la hora a la que habíamos quedado. Estoy nerviosa. ¿Sabes? A pesar de ser una buena fisonomista tu rostro me cuesta siempre recordarlo. Primero aparecen tus ojos, después tu boca, la nariz… y tardo unos segundos en recomponerlo en mi memoria. Soy feliz, tengo ganas de verte. Oigo pasos y creo que ya eres tú. No. Más turistas. El suelo está frío y mi sexo ardiendo. Me da un poco de vergüenza levantarme y que alguien pueda ver los restos de la humedad de mi coño. ¿Sabrán lo que vamos a hacer? ¡Qué tontería! Tengo la certeza de que la excitación se refleja en mi cara: mis ojos brillan y sonrío.
 
Sigo esperando. Casi puedo olerte. Pienso en tus manos, son suaves. La piel de tu pene también lo es. Disfruto tanto acariciándolo con mi lengua, recorriéndolo. Me gustas. Han pasado otros cinco minutos. Estoy impaciente. Mis pezones se vuelven prominentes y se hacen perceptibles a través de la blusa. Me estás provocando con tu demora. Ya te veo. Menos mal. Estoy agitando el brazo, ¿no me ves? Eh, aquí. Ahora, por fin.
 
- Lo siento, el trabajo.
 
Te he visto sonreír muy pocas veces. Y ahora lo haces. Me besas.
 
- ¿Te encuentras mal?

- No, al contrario, ahora ya estoy bien.

- Estás temblando... Vaya, entonces es cierto.

Sueltas una carcajada. Yo tímidamente digo que sí. Lo sabes y me siento vulnerable. Susúrrame algo al oído, pídeme que sea tu puta: he cumplido tu deseo, no he follado con nadie. Quiero oírlo. Hazlo ya... Sigues mirándome a los ojos y rozas mi mejilla con la tuya. Buscas mi boca; ya la has encontrado y muerdo tus labios. Mi lengua siente la tuya y mi cuerpo implora tus caricias. Te lo suplico, tócame.

- Ven.

Me coges de la mano y tiras de mí con vehemencia. Te apoyas en la pared. Seguimos besándonos. Ahora me giras. Veo la fuente y la plaza está vacía. Con un brazo me coges por la cintura y con el otro, por detrás,  tu mano levanta mi falda. Es amplía, con vuelo, muy larga. Tus dedos resbalan por mi clítoris, estoy entregada a ti. Ahora están dentro de mi vagina, un par al menos, entrando y saliendo, como si fueran tu polla. Los sacas y los acercas a tu nariz después los metes en mi boca.
 
 

- Chúpalos, es tu miel. Me vuelve loco el olor de tu coño.

Sigues jugando con tus dedos y acercas tus labios a mi oído.

- ¿Te gusta ser mi puta? Dilo, dime que serás mi puta. Vamos zorra, córrete para mí.

- Seré tu puta, me encanta ser tu puta.

Cómo me excita tu voz diciendo esas palabras. En mis nalgas se nota la fuerza de tu miembro queriendo salir del pantalón. Te bajas la cremallera y lo dejas fuera. Está duro, grande, caliente. Lo noto casi dentro de mí. Tus dedos van más rápido cada vez y empiezo a gemir. Voy a correrme, estoy a punto. No pares por favor, hazlo más rápido. Me voy a correr cabrón. Se oyen voces. Me estoy corriendo, voy a gritar. Tapas mi boca. Acabas de hacer que me corra y ahogas mi último jadeo con tu mano.

- Ssssssssssshhst, viene alguien. ¿Te ha gustado?

No es necesario que te responda. Mi cuerpo se deshace en tus brazos. Seguimos apoyados en la pared. Más turistas y ahora haciendo fotos.

- En cuanto se vayan, te follo.

Sigo recostada en ti y noto tu respiración agitada en mi espalda. Siguen las fotografías, ahora frente a la iglesia con los impactos de bala. ¿Conocerán esa historia? ¿Conocerán nuestra historia? Hablo de la tuya y la mía. No me gustan esa clase de imágenes, las detesto. Nosotros también estuvimos y hemos dejado algo más que una pose ridícula. Nuestro sudor recorre la piedra, se ha quedado aquí, como esos agujeros.

Ya se han ido. Tus manos aprietan mis pechos, tu aliento en mi nuca, tu sexo entre mis piernas. Me inclinas un poco hacia delante y lo noto introducirse en mí, despacio. Mi coño está aún mojado y se abre diligente para tenerte dentro. Empujas cada vez más fuerte y deseo ansiosa tu leche.

- Quan em vagi a còrrer digues que m’estimes.

Me sujetas tan fuerte que casi no puedo respirar.

- Digue-m’ho, va. Digues que m’estimes.

- T’estimo, t’estimo, t’estimo.

Dejas caer tu cabeza sobre mí y oigo mi nombre en tus gemidos. Tu semen se desliza por mis piernas y recojo un poco con los dedos para llevármelo a la boca. Te beso mientras miras el reloj. Nos arreglamos un poco.

- Tengo que irme, mi hijo me está esperando. ¿Cuándo vuelves?

- En un par de meses, como siempre.

- Ya te llamaré.

Y acercas tus labios apresuradamente y te veo marchar. Te has ido tan rápido que no me has dado tiempo a decirte algo. Sigo apoyada en la pared, pensando. Era importante o eso creo. Al menos para mí. Se me ha olvidado decirte que ya no nos veremos nunca más.
 
 
bluenymph
Volver al Indice