Mi Vecino
 por Sirena
Eran conocidos en el patio de vecinos por sus gemidos. Una pareja joven sin hijos y prácticamente recién llegados al bloque y que no habrían llamado la atención ya que eran bastante callados y reservados, pasaban casi desapercibidos... hasta que hacían el amor. De eso nos enterábamos todos. Llevaban unos dos meses allí instalados y nadie sabía ni cómo se llamaban, no habían puesto su nombre en el buzón y no te dirigían la palabra más allá del saludo educado si te cruzabas con ellos en la escalera o el portal.

Por aquel entonces yo acababa de cumplir los 17 y me había sentido muy atraída por él desde el primer cruce en la escalera: unos 34 años, alto, buen cuerpo, pelo casi rubio siempre revuelto, siempre vestido con vaqueros y camisas o camisetas oscuras y sus eternas gafas de sol tan negras que no dejaban ver sus ojos... pero yo pude verlos aquella tarde de junio...

Vivían justo en la puerta de enfrente a nuestra casa y el patio no era muy grande por lo que si no teníamos un poco de cuidado, la intimidad de las habitaciones que daban al patio quedaba al descubierto, nos veíamos perfectamente sin problema. Esa tarde yo estaba en casa sola, en ropa interior como casi siempre, mis padres se habían ido a dar una vuelta y me encontraba leyendo en la habitación que daba al patio, donde solía "estudiar" y pintar cuando le escuché discutir acaloradamente. Mi atención pasó del libro a la discusión, apagando la luz de la lampara de mesa y escondiéndome tras las cortinas para espiarles, la ventana de la habitación la tenían abierta de par en par y podía verles perfectamente. El ambiente se fue calentando hasta que tras unos minutos dando voces, ella salío de casa dando un portazo.

Me quede obsevándole... permaneció un par de minutos de pie, quieto, como decidiendo qué paso dar. Casi iba a darme la vuelta y volver a mi lectura cuando vi cómo se quitaba la camiseta... el espectáculo merecía la pena: un torso bien formado, marcado y se apreciaba durito, un tatuaje que no apreciaba qué era en el pectoral... y empecé a excitarme al ver cómo continuó desnudándose, allí, frente a mí, hasta mostrarse por completo con la ventana abierta, sin ningún pudor ya que podrían verle. Moví la cortina que me ocultaba, sin querer, nerviosa y entonces se acercó a la ventana y corrió la cortina un trozo, mirando hacia donde yo me encontraba. Me quedé paralizada sintiéndome descubierta pero cuando vi que dejó la ventana sin cubrir del todo y que podía seguir viéndole, continué en mi posición de espía. Y me sonrío, sí, a mí, sin dejar de mirar a mi ventana. Y entonces confirmé que sí, que me había descubierto aunque yo pensaba que no podría hacerlo y me relajé sabiendo que no le importaba. Desde mi posición, pude ver cómo se sentaba en un butacón que había a los pies de la cama, que era prácticamente lo único que podía ver de la habitación. Había dejado la cortina cerrada hasta esa altura adrede, le apetecía esa situación y entré en su juego cuando seguí observándole allí, desnudo.

Me descubrí, dejándome ver entre las cortinas que hasta ese momento me habían camuflado, mirándole descarada. Nuestras miradas se cruzaron antes de que bajase la pista para ver cómo se estaba tocando. ... notaba mi humedad creciendo, resbalando fuera de mí hasta mojar mis bragas y crecieron las ganas de tocarme y de más... mi imaginacíón adolescente se disparó y me ví con él, pero el temor a que mis padres regresaran y me pillasen me contenía. Pero me moría de ganas... mi coño deseaba probar lo que mis ojos estaban viendo, quería sentirle sobre mí, estar sobre él, follándonos, que me enseñase a darle placer y me lo proporcionase a mí, hacer que llegase el temblor de las piernas previo al orgasmo, comprobar que los gemidos de su mujer eran justificados por el inmenso placer que me haría sentir...

Estaba muy mojada, las bragas caladas y finalmente me dejé llevar y medio tapada por las cortinas mi mano se deslizó colándose por debajo de la goma de las bragas hasta mi sexo empapado, jugueteando con los labios, con mi raja hinchada por la excitación acumulada... él me hizo una señal entonces, como invitándome a ir con él.

No podía creerlo.

Incluso dejé de tocarme, sorprendida. Ante mi pasividad, dejó su labor y se acercó a la ventana y me habló, sin vergüenza: "Ven, ahora".
Me entró una timidez repentina y me escondí un momento detrás de la cortina, recuperando la valentía al instante y asomando la cabeza como una niña curiosa: "Estás loco... tu mujer...",-dije, casi susurrando. Miré las ventanas alrededor. No quería que nadie supiese lo que estaba pasando. El sonreía mientras me miraba a los ojos, intimidándome. Volvió a invitarme (aunque casi sonaba a orden en realidad...) y volvió al butacón y continuó tocándose, provocándome... la imagen de lo que me ofrecía y en el fondo, lo arriesgado de la situación, me excitaban demasiado y me rendí.

Acepté, me vestí rápidamente y cerré la puerta de casa con llave, como si hubiese salido a la calle y comprobé que no subían ni bajaban vecinos... no tuve que llamar a la puerta, estaba abierta y entré, cerrando tras de mí sigilosamente. Estaba alli, de pie, desnudo y me quedé quieta cortada pensando si habría hecho bien en aceptar su invitación... no me dió tiempo a seguir pensando. Como si supiese que empezaba a dudar, se pegó contra mí y me besó. Desprendía calor y un olor a perfume intenso, que me envolvió mientras su mano buscaba el borde de la falda y se perdía por debajo de la tela, llegando a mis bragas y estrujando mi sexo por encima de ellas. Gemí, nerviosa, excitada, con miedo a ser pillados y a la vez deseando continuar... -"estás mojada eh...",-susurró en mi oído. Me llevó de la mano al dormitorio invitándome a echarme en la cama deshecha mientras cerraba la ventana y echaba la cortina del todo para que no nos pudiesen ver. Me parecía increíble estar allí, justo enfrente de mi propia casa, con mi vecino, un completo desconocido que un rato antes había estado discutiendo con su mujer... ¡su mujer!... y ¿si volvía? Nos podía pillar en cualquier momento. Me quitó la camiseta y la falda y me dejó la ropa interior. Se tumbó a mi lado. Me sorprendía su tranquilidad y lentitud... yo pensaba en que su mujer volvería... temblaba algo asustada bajo sus caricias, por miedo a ser descubiertos. Lo hacía suavemente, me acariciaba sabiendo dónde tocar y cómo y yo me dejaba hacer, llevándome por la excitación y cerré los ojos cuando se colocó entre mis piernas, de rodillas sentado sobre sus talones.

-"¿Eres virgen?",-preguntó. Contesté con sinceridad.

-"No, pero no tengo mucha experiencia... tres o cuatro veces... "

Me quitó las bragas despacio, dejándolas a un lado de mi cuerpo y su mano ser perdió entre mis piernas, acariciando los muslos por la zona interior subiendo hacia arriba, haciéndome abrirlas para él. Abrí los ojos. Con la otra mano se masturbaba lentamente.... observándome temblar y comenzó a jugar con mi coño cubierto de abundante vello (por aquel entonces no me rasuraba) con el que jugueteó, estirando suavemente de él... mis 17 años eran impacientes y quería que me follase de una vez, pero no dije nada y le dejé hacer, algo me decía que podía ser bueno, muy bueno... sus dedos se metieron en mi interior: uno... gemí... dos... más fuerte... el pulgar buscó mi clítoris a a vez que me follaba con los dedos... me mojaba cada vez más. Cerré los ojos de nuevo y me concentré en sentir, mis gemidos aumentaron y me olvidé de la tensión de la posibilidad de ser descubiertos... y me penetró.

Resbaló en mi interior con asombrosa facilidad gracias a mis flujos, noté su polla más grande de lo que conocía hasta entonces. Sus movimientos eran lentos pero muy intensos y profundos, notando cómo me llenaba en cada embestida y pensé que no me extrañaba que su mujer fuese tan escandalosa... yo tenía ganas de gritar. Fue aumentando el ritmo poco a poco, agarrándome de las caderas atrayendo mi cuerpo contra el suyo. Y entonces paraba, volviendo a ese ritmo lento y profundo... me volvía loca.
-"¿Te follas a los de tu clase preciosa?",-me preguntó sin parar de penetrarme. La pregunta me sorprendió y entre gemidos respondí que no, que no me gustaban los chicos de mi edad, que prefería los tíos más mayores. Y era la verdad.

Cambió de postura y se tumbó sobre mí, volviendo a penetrarme al instante. Entonces el ritmo aumentó. Su cara frente a la mía, sus ojos verdes clavándose en los míos mientras su polla me taladraba y me hacía chorrear... -"¿Y cuántas veces han hecho que te corras?",-Preguntó de nuevo.

-"Dos",-respondí. -"¿Serás tú el tercero en lograrlo?",-dije, provocándole. Y su respuesta no fueron palabras. Me folló más deprisa, mas intenso y mis gemidos tuvieron que ser ahogados por la almohada, que cogí para morder y que nadie me escuchase.

El orgasmo llegó sin avisar, intenso, rápido... casi pensaba que me hacía pis encima. Y él aguantó hasta entonces, saliendo de mí, quitándose el condón y corriéndose sobre mi vientre.

La mujer no nos pilló. El sabía que ella no volvería hasta pasadas al menos dos horas, me lo confesó despúes del polvo estupendo que habíamos pegado. Me lavé, me vestí y volví a casa a la media hora. Mis padres no habían regresado y lo agradecí, porque tenía que ducharme... mi cuerpo aún desprendía el olor que él me había dejado impregnado.

No nos preguntamos nombres, no hicimos por saber nada más el uno del otro. Nuestras vidas continuaron como si no hubiese pasado nada. No habíamos quedado en ello pero fue un pacto silencioso.

En agosto desaparecieron de la casa, nunca supe porqué ni dónde fueron.
 

Sirena
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