|
|
Tengo una novia que se llama Xenia.Yo trabajo de vigilante en un edificio de oficinas muy elegantes. Es un trabajo sencillo, se limita a revisar desde un cuarto especial, todas las pantallas del sistema de seguridad que monitorean todo el lugar. Bueno, casi todo el lugar, porque los baños de damas es la única área que no tiene cámaras instaladas por cuestión de respeto, no así el servicio de los caballeros, que sí tiene dos cámaras tomando la zona de lavabos y mingitorios.
Un domingo en la noche, a la hora de mi salida, fue Xenia a recogerme para ir al cine. Ese día, aún inhábil, habían estado trabajando varias oficinas. Xenia llegó diciendo que había intentado entrar al baño de mujeres pero estaba cerrado y su urgencia de utilizarlo era mucha. Efectivamente, el sanitario de mujeres estaba en reparaciones aprovechando el fin de semana, así que le sugerí usar rápidamente el de hombres, tomando en cuenta que aún habiendo gente en el edificio, no tenía su ocupación normal.
Por uno de los monitores pude ver cómo mi novia entraba a uno de los apartados del baño de caballeros y antes de que hubiera salido de ahí, la imagen de la pantalla me enseñó que un hombre de traje entraba también a su propio asunto. Se dirigió a uno de los mingitorios. Aprecié que se bajaba el cierre del pantalón justo en el momento que Xenia salía del apartado donde se encontraba. El tipo no se inmutó, pensando que todo ocurría normalmente, pero giró rápidamente sobre sí cuando, según pude ver, Xenia a sus espaldas abría la boca saludándole.
Fue tal la sorpresa del tipo, que giró hacia mi novia con la verga al aire, agarrada todavía por una de sus manos. Vi que Xenia, con un movimiento muy sutil se llevó el pelo por detrás de las orejas, le dijo algo más mientras se acercaba a él y rápidamente le agarraba la verga. El tipo se veía sorprendido, pero antes de que pudiera darse cuenta, ella ya estaba en cuclillas mamándosela, aún cuando todavía la tenía flácida pues el hombre no había alcanzado ni siquiera a reaccionar.
Xenia se acostó sobre el piso, boca arriba, separándole en compás las piernas al tipo de traje, justo con la cabeza a la altura de la pelvis de éste y en esa posición, tomó los muslos del hombre bajándolo hacia ella, haciendo que el tipo doblara las rodillas. En este momento la verga del hombre ya estaba totalmente erecta y Xenia dejó que le entrara entera por la boca mientras ella misma la apuntaba. El hombre de traje empezó a subir y bajar, haciendo sentadillas, mientras ella cuidaba que su verga siempre atinara en el centro de sus labios.
En eso, un segundo tipo entró en el sanitario y se quedó perplejo observando aquella escena. El hombre de traje volteó a verlo, pude apreciarle una sonrisa y que algo le decía. Xenia seguía mamando. Ni tardo ni perezoso, el recién llegado se quitó el saco, la camisa y se sacó los pantalones, quedando sólo en ropa interior y zapatos. Quiso jalar a Xenia de las piernas, la cual seguía tumbada sobre su espalda, pero el otro debió reclamarle que la dejara seguir mamándolo porque el tipo en calzones la soltó enseguida.
Así que el segundo hombre prefirió doblarle a Xenia las piernas, separándoselas e inclinándose hacia su coño para empezar a mamarlo sin ningún estorbo, porque Xenia nunca usa ropa interior. El tipo que seguía subiendo y bajando se sacó un celular del saco, como pudo marcó un número y empezó a hablar por él mientras Xenia seguía haciendo que su verga entrara y saliera de su boca. En un bajón que el tipo dio, ella lo tomó por la corbata, sin dejar de mamarlo, lo jaló y le quitó el celular. Lo cerró y se lo llevó hacia donde el hombre en ropa interior la lamía. Le separó un poco la cabeza, solo lo justo para empezar a meterse y sacarse el aparato telefónico. Es increíble lo pequeño que pueden ser ahora esos aparatejos.
El tipo que le mamaba el coño, rápidamente tomó el aparato y continuó con la maniobra, justo cuando el hombre de traje, con las piernas estiradas, se venía sobre la cara de Xenia que desde el piso abría la boca para recibir los chorros de leche que le dejaba caer. Al ver que el de traje había terminado y podía dejar que Xenia adoptara otra postura, el segundo tipo se bajó los calzones y la penetró de un solo empujón, a lo que ella respondió con un grito que pude ver en el monitor, poniéndole las piernas sobre los hombros.
El de traje, ahora que había recuperado su primera necesidad, se dirigió al mingitorio al que había llegado minutos antes, mientras volteaba a ver cómo se cogían a la mujer que acababa de bañar con un líquido diferente al que ahora liberaba. Fue en ese momento cuando dos tipos más entraron al servicio.
Por el modo por en el que entraron y la manera en que el tipo de traje se dirigió a ellos (yo solo veía los ademanes, obviamente), su presencia debía ser resultado de la llamada por celular que había alcanzado a hacer antes de que Xenia, literalmente, se metiera el aparato.
Los dos nuevos se desnudaron mientras veían a mi novia gritar por la cogida que le daba el otro, tardándose en hacerlo justo lo necesario para que el otro acabara de correrse dentro, según pude ver por como dejó caer su cuerpo sobre Xenia. El único tipo vestido, el primero, recuperó su celular y lo limpió con la lengua. Luego lo abrió y empezó a tomar fotos de mi novia tirada en el suelo, con la verga de un tipo todavía metida y con la cara salpicada de su propio semen. Xenia se desclavó del hombre que acababa de cogérsela, se puso de pie y sola se desnudó por completo, dejándose también solo los zapatos puestos, tal y como todos los demás.
Uno de los nuevos se acercó, la cargó de frente y la fue a sentar en uno de los mingitorios. Ella se quedó ahí sentada, recargando las manos en los muslos de sus piernas abiertas, con los brazos extendidos y juntándose con los antebrazos las tetas. El mismo que la había puesto ahí, abrió la llave de limpieza del aparato y mientras el agua le bañaba el trasero se apretó una teta con cada mano. El mismo tipo la levantó y la inclinó sobre el mismo mingitorio, con las nalgas de Xenia apuntando hacia él brillantes y escurriendo. Se arrodilló y empezó meterle y sacarle tres dedos por el coño. Xenia movía el trasero hacia arriba y hacia abajo. No duró mucho así, porque enseguida el tipo se incorporó y la clavó con su verga. Por el monitor no pude ver si era por el culo o por el coño, pero Xenia se sostuvo fuertemente del mingitorio para recibir las embestidas que le daban por detrás.
El mismo que se la cogía pidió que le pasaran un cinturón y, pasándolo por la cintura de Xenia, lo usó para acercarla y alejarla de él como si fuera una rienda. Cuando por los gritos que debió dar, Xenia se percató de que estaba a punto de venirse, se desclavó la verga con un movimiento rápido, se arrodilló frente a él y lo hizo terminar con una mano jalándosela y con la otra apretándole los huevos, para recibir toda su leche sobre el cuello y las tetas.
Solo faltaba uno, el cual había estado llenando uno de los lavabos, a donde, cargándola también, fue a meter otra vez a Xenia. Con ella ahí sentada, empezó a tallarle las nalgas con una mano metida en el lavabo y seguramente, por las caras que ella ponía, metiéndole y sacándole los dedos por todos los lados por donde cupieron. La sacó de ahí y la llevó frente a la máquina que expulsa aire caliente para secar las manos. Le paró las nalgas enfrente y lo encendió. Al sentir el aire caliente en el trasero, Xenia abrió las piernas y ella sola empezó a frotarse el culo mientras, inclinada como estaba, se la empezaba a mamar al tipo que la había acomodado ahí. El que se la había cogido recargada en el mingitorio, mientras ella seguía frotándose el culo, le daba pequeñas nalgadas y pude verle por el monitor rápidamente el trasero enrojecido, producto de los manazos y el aire caliente que recibía.
Los otros dos hombres se acercaron y entre los tres siguieron frotándole las nalgas, metiéndole de vez en cuando los dedos por el culo y el coño, mientras ella, con ambas manos ya libres, se la mamaba frenéticamente al cuarto tipo apretándole las nalgas. Los otros tres empezaron a jalárselas solos y a restregarse las vergas por las nalgas de mi novia y en un momento dado, Xenia se acostó boca arriba en el suelo. Los cuatro tipos de pie la rodearon al tiempo que seguían masturbándose sobre ella y casi al mismo tiempo la empezaron a bañar de leche que a Xenia le caía en las piernas, en el vientre, en las tetas, en la cara, en el pelo, mientras ella misma se embarraba con las manos todo lo que recibía.
Los tipos se vistieron, salieron de ahí, Xenia se limpió todo el cuerpo con una toallita de papel mojada, se vistió, salió de ahí también y pude alcanzarla justo en el corredor que va hacia mi cuarto de operaciones. Esa noche ya no fuimos al cine, solo pasamos a la farmacia a comprar unas gotas para ojos cansados. Me compré dos botecitos. Xenia quedó otra vez en pasar por mí la semana que viene.
Andante
Volver al de Indice Andante