En la sala de espera
ChalexalHace unos días, tuve que ir a una clínica privada para hacerme unas pruebas físicas. Debía desplazarme bastante lejos de mi ciudad. Algo que me provocaba, miedo y a la vez nerviosismo. Siempre que salgo me gusta arreglarme un poco, así que me puse una mini y una blusa transparente, con un sujetador de encaje.
Llegué a la clínica, saludé a la recepcionista y me dijo que esperara en la sala de al lado. Cuando entré, la sala estaba vacía. Así que me senté en una silla y me quedé esperando. Ese miedo y nerviosismo, me estaba provocando un sentimiento de excitación muy extraño, no estaba cachonda ni nada de eso, pero sentía como palpitaba mi sexo. Mi mente dejó de pensar que es lo que me harían y que pruebas tendría que realizar y empecé a pensar sólo en sexo, con uno con otro, con mi jefe, con mi vecino, en fin tonterías que me hacían pasar el rato.
Ya llevaba más de una hora esperando, cuando entró un chico, más o menos de mi edad, la cual no pienso decir. Estaba bien formado y tenía unas espaldas y brazos tremendos, se notaba que era un deportista nato. Nada más entrar, me di cuenta que también estaba bastante cortado y no sabía por donde se movía. Como llevaba más de una hora esperando estaba aburrida, así que le pregunté:
- Hola, ¿tú también vienes a hacerte las pruebas físicas?
- Sí - me respondió muy tímidamente.
- Yo también, y estoy muy nerviosa, no sé porqué pero lo estoy, ¿ tú también verdad?
- Sí, ¿se me nota mucho? Me dijo.
- Hombre tienes el mango que se te va a salir del pantalón Le dije sin cortarme. Imagino que fue fruto de mi nerviosismo. Uy perdona, qué corte Dije inmediatamente.
Se puso rojo como un tomate, me sonrió y agachó la cabeza. Después de ese comentario tan inoportuno (o no) mi excitación fue aumentando y mi sexo se fue humedeciendo cada vez más y esta vez si que estaba cachonda, me imaginaba follando con ese chico. Mi sexo estaba ardiendo y sin darme cuenta abrí un poco las piernas, lo que hizo que además de mostrar mis bragas, se me subiera un poco la falda. Tenía los ojos cerrados, pero cuando los abrí pillé al chaval con los ojos clavados en mi coño. Se dio cuenta que le había pillado y rápidamente dejó de mirar. Yo clavé mis ojos en su miembro, parecía que le iba a estallar.
Estaba tan excitada, que ni siquiera me coloqué la falda, seguí enseñándole mis braguitas. Al cabo de un rato se levantó y se acercó a la mesa que había a mi lado, que estaba llena de revistas, empezó a hojear una de ellas y me dijo que si me molestaba que se sentara en la silla de al lado.
- ah, no, no. Tú mismo le dije sin darle mayor importancia.
Desprendía olor a sexo, o por lo menos eso me parecía a mí. Así que me puse todavía más cachonda, cerré los ojos y me quedé abierta de piernas. No hacía ni dos segundos que había cerrado los ojos, cuando sentí unas manos suaves acariciando mis muslos. Estaba tan excitada que sólamente el tacto de la llema de esos dedos con mi entrepierna hizo que me viniera el primer orgasmo, con el que se me escaparon un par de gemidos. No quería abrir los ojos, es muy excitante no saber que es lo próximo que te van a hacer.
No me había recuperado del orgasmo, cuando sentí la palma de una mano sobre mi sexo, por encima de las braguitas, apretando fuerte, después despacio, recorriendo toda mi raja. Sentía la respiración de él cada vez más fuerte. Me separó las braguitas hacia un lado y empezó a pasar un dedo por mi raja, de arriba abajo y de abajo arriba. Yo ya no respiraba, gemía de placer. Me metió un dedo, después dos y al final tres. Empezó a meterlos y sacarlos con fuerza. Cuando notó que estaba a punto de correrme, me cogió una mano, la acercó a mi sexo, sacó sus dedos e hizo que me los metiese yo. Los metí y empecé a moverlos bestialmente dentro de mí, mientras sentía que me estaban desabrochando la blusa, la sensación de no saber lo próximo que te van a hacer hasta que no sientes ya la mano, hizo que me llegara un orgasmo fantástico. No podía aguantar y empecé a gritar de placer, continuaba con los ojos cerrados, cuando sentí como me cayó un líquido espeso y caliente por mis tetas y mi cara, esa sensación hizo que mi orgasmo fuese más fuerte.
Al sentir el semen en mi cuerpo, abrí los ojos, y estaba allí, delante de mí, con todo su miembro erecto, delante de mi cara, escupiendo semen sobre mi cuerpo. Me incorporé y me lo metí a la boca, consiguiendo tragar sus últimas sacudidas. Cuando su polla estaba perdiendo fuerza, la sacó de mi boca y se fue al aseo de hombres sin cruzar palabra. me quedé un poco sorprendida, pero después me miré, con la falda en la cintura, las bragas chorreando, las tetas al aire y llenas de leche, al igual que mi cara, y pensé que lo mejor sería que yo también fuese al aseo, cuando salí ya no había nadie. ¿Sería su turno?
por Chalexal
Volver al Indice de Chalexal