Una tarde de pijama 
 por Jaime
No transcurrió mucho tiempo desde la primera experiencia lésbica de mi mujer a la segunda. Si aquella fue con su prima lesbiana esta última la compartió con tres amigas de entonces.

La historia tuvo lugar en el invierno de 1992, un año y unos meses después de aquella tarde en la ducha. Alba, la quien hoy es mi mujer, acababa de cumplir 18 años, y físicamente no había cambiado mucho desde entonces.

En su momento conté que  Alba procedía de una familia conservadora lo que unido a su timidez provocaba que en su primera etapa adolescente su personalidad fuera menos receptiva a aventuras sexuales. Pero a estas alturas, y más tras el affaire con su prima, Alba era bastante más lanzada en el ars amatoria. Acababa de iniciar su carrera universitaria y tenía la intención de disfrutar de esta etapa de su vida plenamente.

A pesar de su satisfactoria experiencia lésbica sentía una gran atracción por los hombres. Había tenido ya una relación larga (Esto teniendo en cuenta que a esa edad una relación larga se considera todo lo que dura más de un mes), y bastantes rolletes con sexo incluido. Sin embargo seguía siendo virgen, no por falta de ganas ni oportunidades, sino porque, a pesar de que su mente cada vez era más abierta, pensaba desvirgarse por amor (yo, por cierto, sería el afortunado unos meses más tarde.) Aun así ya había practicado todo tipo de sexo oral y de masturbaciones.

En cambio, la mayoría de sus amigas habían disfrutado ya del sexo en toda su plenitud con al menos un chico.

Nuestra historia, como tantas de juventud, comienza con el anuncio del viaje de unos padres. Carolina una de las amigas de Alba se quedaba sola en casa un fin de semana entero. Carolina, Carola, como la llamaban sus amigas tenía la misma edad que Alba, 18 años y sin duda era, junto con Ana, de la que ahora hablaremos, la más lanzada del grupo. Se había acostado con al menos tres o cuatro chicos y había incluso practicado el sexo anal con uno de ellos. Era además la más resultona de la panda con un tipo prácticamente de modelo. Era alta delgada y con unas grandes tetas. Llevaba el pelo corto a pesar de que en esa época no estaba todavía muy de moda. Carolina decidió que ese fin de semana invitaría a todas sus amigas a casa.

Era un grupo grande, una docena de chicas, unas más íntimas que otras. El viernes salieron todas de marcha dispuestas a quemar la ciudad. Con drogas, alcohol y alguna con sexo en la casa de la amiga terminaron la noche casi a las nueve de la mañana. El sábado la mayoría de las chicas se levantó para regresar a comer a sus respectivas casas. En la de Carola quedaron sólo cuatro de ellas. La anfitriona, mi futura mujer Alba, la ya mencionada Ana y Mónica.

Ana era otra joven rompedora. Rubia sin necesidad de tinte, lo más llamativo de su físico eran sus ojos azules. Su cuerpo no se quedaba atrás. Más baja que Carola y de la misma talla que Alba, 1’65 aproximadamente, su tipo era delgado y también con unos pechos proporcionados y juveniles. Era bastante lanzada con el sexo y dado el éxito que tenía entre los chicos se había tirado ya a un buen número de ellos. Al igual que Carola su culo tampoco era virgen.

Mónica nuestra cuarta protagonista era quizá la menos agraciada de todas ellas. De formas redondeadas, su gusto al vestir no era quizá el más adecuado y tenía poco éxito con los chicos, aunque sí había tenido algún que otro noviete. Era además la única de las cuatro que todavía no había llegado a la universidad porque tenía un año menos, 17. Quizá debido a su poco éxito tampoco era muy aficionada al sexo y, por supuesto, era virgen.

Las cuatro amigas, todavía bajo los efectos de la resaca, comieron las sobras que encontraron el frigorífico y que habían dejado los padres de Carola. Como no estaban demasiado activas, debido a los excesos del día anterior, se tumbaron en el salón a ver la típica película de tarde de sábado. No debía ser muy interesante y perdieron pronto el interés en la tele. Comenzaron con la habitual conversación dedicada a comentar las anécdotas de la noche anterior. Cotillearon sobre los ligues de dos de sus amigas. Una de ellas se lo había traído a casa y hubo que dejarla una habitación a ella sola para que se lo montara. Los gritos y gemidos se escucharon en toda la casa. Las cuatro se rieron recordando la jugada. Como una cosa lleva a otra siguieron hablando de sexo recordando faenas memorables. Ana y Carola llevaban lógicamente la voz cantante en el tema al ser las más experimentadas y Alba intervenía también a veces (La experiencia más impactante de Alba había sido con su prima, pero eso de momento era un secreto que no tenía intención de compartir con sus amigas.) Mónica las escuchaba atentamente sin apenas intervenir. Ana y Carola insistieron a Alba para que de una vez tomara la decisión de perder la virginidad y ella defendía su postura. No estaba dispuesta a hacerlo hasta tener algo medio serio con algún chico.

Ana y Carola tenían una forma de hablar, sobre todo en lo referido al sexo, que alguno consideraría poco femenina. Contaban sus aventuras sexuales a sus amigas con todo lujo de detalles y lenguaje claro y explícito.

En un momento dado de la conversación, Ana exclamó sin tapujos:

- Joder tías, con tanto hablar de follar me estoy poniendo hasta cachonda.

Todas rieron ante la expresividad de su amiga y Carola propuso...

- Pues sí queréis..., a mi hermano le pillé el otro día una peli porno. El no sabe que yo la he visto así que no creo que la haya escondido. Sí queréis la pongo.

Las cuatro habían visto en alguna ocasión algún extracto porno o alguna foto, pero nunca una película entera (en 1992 la pornografía todavía era algo prácticamente exclusivo del videoclub). Ana y Alba fueron las primeras en responder:

- Por mi vale- dijo Ana- Total, no hay nada mejor que hacer.
 
- Vale- respondió Alba casi al mismo tiempo- Yo tengo curiosidad que nunca he visto una.

- ¿Y tú Mónica, qué opinas?- preguntó Carola.

- Haced lo que queráis, a mí me da igual.

Carola se fue a la habitación del hermano, que también se había ido de viaje con sus padres, y encontró con facilidad la cinta. La llevó al salón y la introdujo en el vídeo.

Las cuatro estaban expectantes. En la primera escena se encontraron con un hombre que mantenía una conversación absurda con una mujer con peinado estrambótico y ataviada con un modelo de cuero y del tipo "provocación en los años 80". El diálogo de momento no les provocaba más que risas. Al ver el primer tanteo sexual, aumentaron las carcajadas. Cuando el protagonista se sacó un pollón enorme, la cosa derivó en más risas nerviosas. El caso es que poco a poco se fueron apagando las carcajadas. La curiosidad fue atrapando a las cuatro que miraban el televisor embobadas, sólo de vez en cuando alguna hacía un comentario jocoso que hacía reír a las demás. Estaban sentadas todas en la alfombra del salón. Carola a un lado y Mónica al otro extremo, las dos en la posición de loto y en el centro Alba con los pies estirados recostada sobre Ana, y ésta a su vez apoyaba la espalda sobre los pies del sillón. Descalzas y en pijama de algodón porque ninguna se había cambiado. A las cuatro, aunque lo disimulaban, les estaba causando cierta excitación la película. Se habían tragado ya tres escenas y habían llegado a las típicas de trío hombre- mujer-hombre en la que los machos tapaban todos los agujeros de la abierta señora. Fue, como siempre, Ana la más explícita:

- Pues a mí esto me está poniendo ya bastante cachonda...

Sonrieron brevemente pero nadie le contestó. Al rato fue Carola la que dijo:

- A mí me apetece masturbarme...

Carola y Ana estaban acostumbrándose a masturbarse, aunque en privado. Mónica no. Alba, muy aficionada también a los tocamientos, era la única que se había masturbado en presencia de otras personas. Por supuesto fue con su prima Elena, cuando en verano compartían habitación. Pero esta experiencia aunque menos fuerte que la de la ducha, tampoco la conocían sus amigas.

Carola insistió...

- De verdad que me estoy poniendo mala ¿os importa si me toco delante de vosotras?

- A mí no -Dijo Alba.

- Uff yo estoy también por bajarme los pantalones aquí mismo- añadió Ana que seguía teniendo a Alba recostada en su regazo.

- Oye si quieres me quito- le ofreció Alba riéndose

A Ana no le dio tiempo a contestar porque todas desviaron la mirada hacia Carola que decidió terminar de tumbarse en la alfombra y se metió la mano en sus pantalones de pijama. Fue directamente hacia su clítoris, cerró los ojos y sin cortarse un pelo se puso manos a la obra para darse autoplacer. Mónica miraba con estupefacción.

Alba también se recostó más, aunque todavía no tenía intención de tocarse la vulva. Apoyó su cabeza sobre el coño de Ana.

- Tía en esta postura me pones más cachonda- le dijo Ana- Todavía me vuelvo lesbiana del calentón... y encima la otra haciéndose aquí una paja.

Alba recogió el envite. Además, en lo que se refiere a juegos lésbicos es lo único en lo que les llevaba la delantera a sus amigas, gracias a la corrida que tuvo con su prima. Comenzó a arrastrarse de adelante atrás de forma que su cabeza masajeaba la vagina de Ana. Notó como a su amiga le estaba gustando el jueguecito, porque aumentaba la intensidad de su respiración.

- De verdad que me estoy poniendo tremenda con esto- insistió Ana y Alba respondió levantando las manos y llevándolas hacia atrás hasta pellizcarles las tetas. Lo hizo como una broma. Tenían la confianza suficiente como para tocarse los pechos y lo hacían a menudo, pero para Ana debió de suponer la gota que colmó el vaso.

- Tía déjame un momento- Ana apartó la cabeza de su amiga, se puso de pie y se bajó los pantalones y las bragas. Se volvió a sentar y le dijo a Alba- ¿Te importa seguir con esos movimientos de cabeza?

A Alba no le importaba en absoluto hacerle ese masaje "cabezal" a Ana pero no sabía como lo tomarían sus otras amigas ( y a los 18 años la imagen ante las amigas es MUY importante.) Miró a Carola que seguía masturbándose a lo suyo ya con parte del pantalón bajado. Miró al otro lado y se encontró con Mónica con los ojos muy abiertos, observando la escena y con cara de no creerse lo que estaba viendo. Alba tuvo una idea. Para no quedar junto con Ana como las lesbianas del grupo decidió implicar a sus amigas.

- ¿Mónica por qué no vienes tu aquí y pones la cabeza como yo la tengo con Ana?

- Puff no sé.

Y Alba contraatacó.

- Tía, que pasa, ¿Eres una estrecha o es que eres frígida?- Alba increpó en tono medio broma medio en serio a Mónica y parece que dio resultado

- A ver ¿qué quieres que haga?

Alba le explicó como debía ponerse, mientras Ana las metía prisa, para empezar. Las tres se colocaron haciendo una especie de cadena del placer. Mónica se movía masturbando a Alba con su cabeza y ésta hacía lo propio con Ana con la diferencia de que la cabeza de Alba se restregaba directamente sobre el coño de su amiga que estaba ya sin pantalones.

Cuando llevaban un rato, Alba decidió también quitarse los pantalones, dispuesta a sacar el mayor partido de la situación que empezaba a ponerla bastante cachonda.

- Tía no pares ahora- le gritó Ana.

Alba no hizo caso, se levantó y se quitó los pantalones y la camiseta, con lo que se quedó en pelotas. Ana decidió imitarla se sacó su única prenda, la camiseta del pijama. Carola que abrió los ojos, las vio y decidió también seguir su ejemplo. Las tres animaron a Mónica que tímidamente también se desnudó.

Viendo a las cuatro en pelotas a Alba no le disgustaba la idea de que una de sus amigas le lamiera su rajilla pero no se atrevía proponerlo. Pero para su suerte Ana de nuevo fue la más lanzada y desinhibida y le propuso a Alba,

- ¿Por qué no me comes el coño? Luego prometo comértelo yo a ti.

Alba aceptó pero cambiando la propuesta.

- Mejor nos lo comemos a la vez.

Y se pusieron manos a la obra. Ana debajo y Alba encima haciendo un 69. Carola viendo la escena se acercó a Mónica se agachó hasta ella, la tumbó hacia atrás y le dijo..

- Venga Mónica que ya es hora de que sepas tu también lo que es un orgasmo- y se abalanzó sobre su coño para chupárselo

A Mónica le pilló por sorpresa...

- ¿Pero qué haces?- gritó, pero Carola no cejó en su empeño y siguió chupando el coño de su amiga. A lo pocos segundos cesó la resistencia y se dejó llevar.

Así estuvieron un buen rato. Ana fue la que primero llegó al orgasmo. Con lo cual la pareja que ella formaba con Alba cambió de postura. Alba se sentó en el sillón y Ana se lo chupaba sentada en el suelo. Entonces Carola dejó de comer a Mónica se levantó y dijo...

- Ahora vengo

Volvió con un consolador que guardaba bien escondido en su cuarto, se puso a cuatro patas y le pidió a Ana que se lo introdujera, mientras ella seguía chupando a Mónica. Ana fue penetrando a su amiga con una mano y con la boca seguí mamando el coño de su otra amiga Alba. Ésta no tardó en llegar también al orgasmo.

Tras un breve descanso Alba se ofreció a sustituir a Carola en el coño de Mónica para que aquélla disfrutara plenamente del consolador que le metía y sacaba Ana. Alba se colocó en la vulva de Mónica y se trabajó el clítoris de su inexperta amiga que ya estaba dando muestra de estar cerca del clímax. Mientras, Carola a cuatro patas y con el culo en pompa seguía siendo penetrada por el consolador que manejaba Ana.

Carola llegó también a un intenso orgasmo. Ella y Ana se quedaron mirando a sus compañeras hasta que Alba les dijo:

- Venga vamos a chuparla las tres a ver si se entera de una vez de lo que es un orgasmo.

Dicho y hecho, Ana, Alba y Carola se repartieron el chochete de Mónica que finalmente experimentó por primera vez el placer de llegar a la cima del acto sexual. Casi dio un grito al sentirlo.

Al terminar se quedó tumbada sin mirar a sus amigas. Las otras tres se sentaron en el suelo, mirándose con cierto pudro. Esta vez fue Alba la que rompió el hielo.

- Bueno, nos hemos corrido bien, so guarras. Esto, ahora que no salga de aquí.

- Sí, porque como se entere la peña no nos volvemos a comer un rosco en la vida- Añadió Ana riéndose.

- No te creas que a los tíos les ponen mucho las tías que se lo montan con tías- Apuntó Carola y dirigiéndose a Mónica le preguntó- ¿y a ti te ha gustado?

- Sí me ha gustado, sí- dijo todavía jadeando- pero sois unas zorras.

Las cuatro se rieron con la salida de Mónica.

La experiencia no volvió a repetirse. Alba meses después me conoció a mí, y desde entonces seguimos juntos, sin que eso haya sido impedimento para que ambos nos hayamos acostado con mucha mas gente y mantenido todo tipo de experiencias sexuales. Ana y Carola continuaron con su vida despendolada hasta que ambas se echaron novio un año más tarde y sentaron algo la cabeza.

A Mónica fue quizá a quien más marcó la experiencia. Le sirvió para asumir su sexualidad. Meses después, aunque aún en secreto, inició una relación con una chica y comenzó a disfrutar de su lesbianismo, oculto hasta aquel día.

por Jaime
 
 

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