Ir de fiesta
ChalexalMe invitaron a un fiesta privada, de esas con caché, y que tienes que ir muy elegante. Yo en un principio no quería asistir porque no iba con mi ambiente, pero al final mi marido y su socio, me convencieron. Antes de la fiesta tenía que ir a comprarme ropa adecuada para ese día. Me invitaron el jueves y la fiesta era el sábado por la noche así que no tenía casi tiempo, por lo que el viernes le dije a mi marido que no me esperara en todo el día, que me iba a las 10 de la mañana y no sabía a que hora volvería. Como era para comprarme ropa para su fiesta no puso ninguna pega.
Salí el viernes por la mañana de casa y me fui de tienda en tienda, buscando lo mejor, para no decepcionar a mi marido, ni por supuesto al resto de los invitados. Encima de que no me gustaba, ni quería ir, tenía que hacer de Cicerona pues era una fiesta que daba la empresa de mi marido y de su socio Aitor. Ellos se conocían desde pequeños, habían vivido en el mismo barrio y luego montaron una empresa los dos juntos. Cuando yo conocí al que ahora es mi marido, ya se conocían ellos. Aitor es el típico tío bueno que se lo tiene creído y siempre está vacilando con cualquier mujer (está soltero). Eso hace que yo me ponga de los nervios, pero a la vez, cuando me vacila a mí, me entra una excitación tremenda, algo que por supuesto llevo en secreto e intento disimularlo lo mejor posible, aunque yo creo que Aitor se ha dado cuenta, pero no intenta nada por la amistad que le une con mi marido. Yo por supuesto le rechazaría al primer momento.
En fin, que fui de tienda en tienda, pero no encontraba nada, y encima el 80% de los dependientes no me ayudaban en nada. Eran las cuatro y media de la tarde y todavía no había encontrado ni el vestido, que debía ser lo más fácil, yo pensaba que los problemas vendría con los zapatos, el bolso y la ropa interior para que no se marcase con el vestido. Pero, ya no pensaba en eso, ni siquiera tenía el vestido ¡!
Estaba en un centro comercial y entré en una tienda que estaba abierta y tenía todo lo que necesitaba, desde la ropa interior hasta el bolso y los zapatos. Hasta el vestido. Entré en la tienda y había un hombre mayor que yo, debía tener 42 años, muy bien parecido. Nada más verlo, me quedé sorprendida de su cuerpo y estilo que tenía. Un cosquilleo recorrió todo mi estómago y llegó hasta mi sexo. Tengo que decir que soy una mujer de un solo hombre (mi marido) pero muy caliente, me excito rápido. Entré y le dije:
- “Mire, señor, perdone que se lo diga así, pero estoy desesperada. Mañana tengo una fiesta de alto standing y necesito que me vista de arriba a abajo. Desde los zapatos hasta las orquillas, con ropa interior incluida.”
- “Muy bien, no se preocupe, aquí encontraremos lo mejor para usted. A ver déjeme que la eche un vistazo”. Me contestó muy amablemente.
Me puse delante de él, como si fuese una modelo (muchas veces me han dicho que tengo cuerpo para serlo). Empezó a mirarme de una forma diferente, parecía que me desnudaba con la vista, esto hizo que la excitación que tuve nada más entrar a la tienda fuese a más y empezase a humedecerse mi sexo.
- “ Bueno, con ese cuerpo no será difícil vestirla. Vamos a empezar con el vestido.” Me dijo.
Uff, eso me había llegado hasta dentro. Era la primera vez que sentía necesidad de sexo, sin estar mi marido. Me dio tres vestidos, dos negros, uno largo, suelto, de tirantes y con escote, por delante hasta el ombligo y por detrás hasta donde la espalda pierde su nombre, otro ceñido y muy cortito, también con mucho escote y uno blanco ajustado, pero largo.
Me probé el primero negro, con mi ropa interior, que para que voy a engañar, no es muy moderna y todos los encajes y costuras del sujetador y de las braguitas se marcaban en el vestido. Salí para que me viera el dependiente. Me sorprendí un poco al ver que había dos jóvenes de unos 18 años con él. Luego vi que eran sus ayudantes.
- Bueno, ¿qué tal?. Dije.
- “Uy, qué horror” contestó, acercándose a mí. “¿No ves que se te nota el sujetador y las bragas?”.
Mientras decía ésto, pasaba la yema de un dedo de arriba a abajo, por mi pecho. A cualquier otra persona le hubiera llamado la atención y me hubiese largado de la tienda, pero no sé que tenía ese hombre, que me tenía fascinada y, además me estaba excitando mucho y no tenía fuerzas para decirle que no lo hiciese, pues me estaba gustando. Me agarró los dos pechos y me los apretó fuerte, diciéndome:- “ Con este vestido normalmente no se lleva sujetador y pienso que tienes unos pechos, todavía lo suficientemente fuertes, como para no tener que llevarlo. A ver, chicos acercaros y darme vuestra opinión”
Entre el masaje que estaba dando a mis tetas y oírle esas palabras, mojé totalmente mis braguitas, mi respiración cada vez se iba acelerando más y mis pezones estaban durísimos. El dependiente soltó mis tetas y los dos chavales pudieron comprobar mi grado de excitación por los pezones que se marcaban sobre el vestido. Se acercaron a mí y el jefe les pidió su opinión. Uno de ellos, se abalanzó sobre mis tetas y las agarró igual que su jefe. Me quedé petrificada, como una estatua, Dios mío qué hago? Pensé. Mi cabeza me decía que cortara eso, pero mi sexo no quería. El chico dijo:
- “ Uff, los tiene usted muy duros y bonitos, yo creo que no debería llevar sujetador”
Mientras el otro chaval, empezó a acariciarme el culo, diciendo que las bragas se notaban demasiado y debería ponerme un tanga liso negro. Yo estaba muy nerviosa, no sabía que hacer. Así que me los quité de encima y dije:
- Bueno no sé, es demasiado atrevido, ¿no?. Madre mía, no debía haber hablado, mi voz se entre cortaba, acababa de decirles que estaba más cachonda que una perra en celo.
- “Qué va, ahora todo el mundo va así, tenga este tanga y pruébeselo”. Me dijo el chaval que estuvo acariciándome el culo.
Volví a salir ya sin sujetador y con el tanga. Me miraba al espejo y veía a una puta de éstas caras. Mis pezones querían romper el vestido para salir, y estaba mojando el tanga, así que me lo tendría que llevar.
- ¿Y ahora, qué tal?. Dije.
- “ bueno, vamos a ver” Me dijo otra vez el chaval que me tocó el culo. “ Uy, mira todavía se te nota la costura del tanga por delante”
Acariciándome la ingle y el bello de mi sexo por encima del vestido. Para rápidamente abrirle por una de las rajas que llevaba y dejar mi sexo a la vista, ¡ sólo con el tanga ¡ y volver a acariciarme, con la yema de los dedos, el bello de mi sexo. Ya no pude más, esas caricias, hicieron que me fallaran las piernas. Gracias al chaval no me caí al suelo, pero con el movimiento se me terminó por salir un pecho del vestido, pero yo no me dí cuenta.
Rápidamente, el chaval de las tetas, se acercó y me agarró la que se me había salido:
- “ Eso sí con este vestido tienes que tener un poco de cuidado, mira lo que puede pasar. Aunque a esta no la veo que quiera volver a esconderse” Y ni corto ni perezoso, le dio un lametón al pezón. Eso ya no podía aguantarlo:
- “ pero bueno, qué haces niñato” Le dije.
Me miró, sonrió y siguió chupándome el pezón. Mientras el otro aprovechó para acariciarme ya con fuerza todo el sexo, de arriba a abajo. Dándome fuertes apretones. Hice vanos intentos en quitármelos de encima, pero sin mucha insistencia, pues ya estaba entregada y necesitaba saciar mi sed.
Me di cuenta que el jefe, se había ido a cerrar la tienda, pero en cuanto volvió se enganchó al pecho que quedaba libre. Yo no podía más y me dejé caer. Ellos me tumbaron en el suelo y siguieron a lo suyo. Rápidamente, sentí como me arrancaban el tanga y acto seguido se puso a acariciarme el sexo con la lengua, mientras los otros dos mordisqueaban y pellizcaban mis duras tetas. No tardó en llegarme el primer orgasmo, en cuanto sentí una de sus lenguas acercándose a mi agujero. Intenté disimularlo en todo lo posible, pero mi respiración y mis leves gemidos, me delataron.
- “Vaya, con la estrecha, si no la hemos tocado y ya se ha corrido”. Dijo el que me estaba comiendo el coño.
- “ Pues todavía te queda mucho, nena” Dijo el jefe.
- “ Lo que queráis, haced lo que queráis” Dije, ya fuera de mí.
Sin terminar de hablar, se bajaron los pantalones y, me encontré con dos pollas enfrente de mi boca. Mientras el otro, seguía chupándome el coño, follándome con la lengua, yo no paraba de gemir, hasta que una de las pollas se metió en mi boca. Empecé a mamarla como si me fuera la vida en ella, en ese momento par mí era lo más rico que existía.
- Muy bien, puta, qué bien la chupas, te voy a dar la leche ya mismo”. Dijo uno.
- “ Sí, sí, dámela toda en la boca, necesito tu leche y la tuya, y tú inhunda mi chocho con la tuya”. No me conocía, ese lenguaje y esas necesidades sexuales no las había tenido nunca. Y por supuesto, perdí las veces que me corrí.
Me pusieron a cuatro patas y fueron follándome uno tras otro, se salían antes de correrse, me la metían en la boca y me la llenaban de leche. Nunca había hecho ni una mamada, a mi marido siempre le decía que me daba asco, pero ese día, me importaba poco todo, estaba fuera de mí, me tragué la leche de los tres y me di cuenta lo que me había perdido, durante todos estos años. Una vez que los tres descargaron, me levantaron, me dieron otra ropa, me la probé y como ya quedaba bien, pagué y me la llevé.
por Chalexal
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