Un plan perfecto
 por Dominance
Me he despertado a las 9:00 en punto, después de un contundente desayuno rico en proteínas me he conectado a Internet. Las noticias no son buenas, me han dejado colgado.... Tendré que hacerlo yo solo, pero no me importa.... Estoy decidido. Un golpe de suerte es lo que necesito, todo está bien planeado y no estoy dispuesto a echarme atrás, llevo meses planeando el golpe.

Preparo mis cosas, las meto todas en una bolsa de viaje y a las 10:00 parto hacia mi destino. Hace calor, demasiado calor para estos nervios. Sudo como un pollo, disparo ráfagas con los ojos, nervioso, controlando todo lo que a mí alrededor se mueve. El tráfico es pesado, como el día. Necesito casi una hora para recorrer los 12 kilómetros que separan mi casa del escenario elegido. Enciendo la radio para escuchar las noticias, el aire acondicionado para sobrevivir a este cansino clima mediterráneo y un cigarro para calmar mis nervios.

Aparco a unos pocos metros del escenario elegido, con el motor en marcha. La calle está tranquila, la ciudad está de fiestas y las noches se hacen largas.

A estas horas son pocos los osados, gente paseando perros y perros enormes paseando a sus dueños son mayoría. La bolsa con mis cosas me hace compañía, periódicamente la abro y reviso que todo está en orden, que nada falta para dar el golpe que cambiará mi vida. Mientras apuro el pitillo, una joven prostituta se acerca y me comenta lo barato que me saldría pasar un buen rato a su lado. Es una dominicana de pechos enormes, no creo que pase de los 20 años.

La visión de sus enormes tetas me incomoda, no quiere descentrarme a escasos minutos de dar el golpe, así que me deshago de ella con una mirada de pocos amigos que deja a las claras el poco futuro de nuestra relación. 5 minutos antes de lo previsto dobla la esquina mi objetivo. Mi objetivo se llama Laura, una joven de 21 años, ojos negros, pelo corto y cara de pocos amigos. Conozco a Laura desde los 12 años, sus padres y los míos tienen negocios en común y desde críos hemos pasado otoños, primaveras, veranos e inviernos juntos. Dejo que pasen unos minutos, exactamente 9; salgo del coche, cojo mi bolsa y entro en su portal.

Laura vive en una lujosa finca del centro de Madrid; hoy es domingo, sus padres están de viaje y el conserje de baja. Al parecer algún desalmado le agredió impunemente antes de ayer... y necesitará atención hospitalaria durante unos días.

Para no ser visto por ningún vecino, decido subir las 8 plantas que me separan del objetivo a pie. Uno tras otro subo los 177 escalones, mentalmente repaso el plan, no quiero dejar ningún cabo suelto que pueda acarrear problemas.

Nada puede quedar a la improvisación. Esto es demasiado importante como para cometer un error que pueda pagarse caro. La confianza ganada durante largos años facilita mi acceso a la casa; Laura me dejó hace dos años ya una copia de las llaves de su casa. Abro la puerta, me meto en la casa y antes de cerrar me aseguro de no haber sido visto...

Todo está tranquilo, excepto en el interior de la vivienda. Un disco de Nirvana a todo volumen hace que las paredes retumben, despacio recorro el pasillo que me llevará al salón, un enorme salón de estilo clásico, decorado con muebles aún más clásicos y con los horribles cuadros que desde hace años pinta Marta, la madre de Laura. Dejo el salón atrás y un segundo pasillo me lleva directamente a la habitación de Laura, el pasillo está adornado por la ropa que Laura ha ido dejando caer al desvestirse. Asomo mi cabeza... Laura no está, por el ruido que sale del lavabo intuyo que está duchándose.

Me acerco y a través del espejo observo el cuerpo de Laura desnudo, lleno de una espuma que cubre a medias sus enormes pechos, coronados con unos pezones sin duda excitados por las caricias que ella misma se otorga. El cuerpo de Laura es carnoso, le sobra algún kilo pero sin duda es algo que la vista agradece; unas caderas amplias, sin llegar a ser exageradas, confirman su ligero sobrepeso.

Su sexo está completamente rasurado, el agua resbala por él con total impunidad. Me quedo mirando, expectante... Su belleza me atenaza; mi sexo, descontrolado ya, empieza a palpitar bajo el pantalón. Un brusco movimiento de su cuerpo provoca mi momentánea retirada; voy a su habitación y me quedo oculto tras las cortinas. Segundos después aparece Laura, con tan solo una minúscula toalla que restriega por su desnudo cuerpo, secando así algunas, pero no todas las gotas de agua que acarician su figura. Baja el volumen de la música y se tumba en la cama, separa ligeramente sus piernas y sus manos comienzan a acariciar levemente su cuello.

De la mesilla coge un bote de leche hidratante, aplica el producto por todo su cuerpo, dejando caer un buen chorro en sus pechos. Con sus manos esparce la leche hidratante por hombros, brazos, estómago y piernas. Pero especialmente masajea sus pechos; lo hace con delicadeza, a cámara lenta, recreándose en su imagen cubierta de leche, de leche hidratante blanca.

El roce de sus manos provoca que sus pezones se exciten, poniéndose duros y adquiriendo un color algo más oscuro. Sus piernas se cierran, provocándose con ello caricias que a su vez provocan los primeros gemidos. Sus ojos permanecen cerrados en todo momento, no así mi bragueta, de la que salo un falo erecto, duro y palpitante.

Mis caricias acompañan las suyas que ya se acercan peligrosamente a su rasurado sexo. Laura coloca una almohada bajo su culo, levantando así su sexo, lo que me permite comprobar lo mojado que está. Separa bruscamente sus piernas, invitando a sus dedos a un cálido viaje a lo largo de toda su vagina. Sus dedos acarician ese sexo rasurado, de arriba a abajo y de abajo a arriba, en un incansable viaje sin final.

Cuando lo cree conveniente dos de sus dedos penetran su sexo embriagado de placer, lo hacen fácilmente, invitados por un coñito húmedo, ávido de sentirse follado. De mi bolsa saco unas medias con las que cubro mi rostro, unos guantes de látex me proporcionan la seguridad de no dejar huellas y un sudor incesante deja a las claras el cálido ambiente que se respira en la habitación.

Laura saca de la mesilla un consolador negro, rugoso y con forma de polla. Se lo lleva a la boca y le obsequia con una fenomenal mamada; el falo negro es chupado con obsesión y vicio, sin descuidar un solo centímetro de la verga negra. Después de chupado, el falo negro es invitado a explorar el cuerpo de Laura, rodea sus pezones con el trozo de látex y sus dedos le abren el camino hacia su sexo. Separa ella misma sus labios vaginales para permitir esa brutal entrada que desea, coloca el consolador en su mojado coñito y empuja.... Lenta pero inexorablemente empuja esa polla negra, hasta tenerla metida casi por completo. Laura gime y suda; no sé bien si los gemidos superan a los sudores ó no, lo que sí sé, es que está disfrutando.

Disfruta de esa polla negra en su interior y disfruta sintiéndose observada. Me mira y llevándose un dedo a la boca me pide silencio.

Laura sale de la cama y sin descorrer la cortina se pone de rodillas, su mano busca mi pene hasta encontrarlo, tira de él hasta llevárselo a la boca y lo chupa. Mi pene es la única parte visible de mi cuerpo. Laura lo engulle literalmente, como minutos antes engullía el falo de látex que ahora sujeta con su mano izquierda. Deja su cabeza quieta, lo que aprovecho para comenzar un vaivén en el que mi polla aparece y desaparece en su boca. La saliva cae por sus labios; a Laura le cuesta tragar ese pedazo de carne pero se lo mete hasta el fondo y procura no dejarlo escapar. Se levanta y me da la espalda, dejando que mi polla acaricie su culo, frotando sus carnes con mi polla empapada en saliva, en su saliva. Sus manos separan su culo, las mías se aferran a sus pechos y con su mano indica el camino a seguir...

Agarra mi pene y lo hunde en su cueva, mi polla resbala por su coñito, comenzando así una increíble follada. Meto mis dedos en su boca y ella los muerde, meto mi polla en su sexo y ella la atrapa, gozamos sin descanso toda aquella obra de teatro. Laura tiene un primer orgasmo, sus dientes muerden mis dedos provocándome sangre, sangre que chupa y mezcla con el falo negro que se lleva a la boca sin descanso. Se deja caer al suelo y arrodillada me ofrece su culo, por primera vez salgo de mi escondite, cubierto con la media y con mis guantes puestos. Laura separa sus nalgas y me invita a penetrar su culo, después de recorrer con mi lengua su preciado tesoro, interpreto mi papel de violador y violentamente enculo a mi novia. Un gemido seco de Laura me motiva a empujar más fuerte, hundiendo toda mi polla en su ano. Laura saca de su boca el falo negro y lo lleva hasta su húmedo sexo, sintiendo como dos pollas la llenan por completo. Rítmicamente mi polla y el falo negro aparecen y desaparecen del coñito y culo de Laura. A duras penas consigo sacar un pañuelo de seda de mi bolsa, con el que amordazo a Laura, haciendo sordos sus gemidos. Mi polla está a punto de explotar, agarro de las caderas a mi novia y con un empujón final lleno su culo de esperma, un esperma que al sacar mi polla cae por sus muslos, mezclándose con el flujo que la polla negra consigue extraer de su sexo.

Sujeto a Laura por las muñecas y la tumbo en el suelo, su mirada está perdida, las gotas de sudor resbalan por su cara mientras el falo negro sigue hundiéndose en su interior. Mi lengua seca su sudor, bajando lentamente por su cuello, lamiendo y mordisqueando sus excitados pezones. Ella sigue masturbándose es busca de su segundo orgasmo, mi lengua lame los alrededores de su sexo, una descontrolada Laura golpea mi cara con el consolador cada vez que trato de acercar mi lengua a su clítoris. A pesar de los golpes lo hago, mi lengua chupa su clítoris mientras Laura folla su coñito con una polla que no es la mía.

Retiro el pañuelo de su boca dejándola respirar libremente.

Me corro... - Grita Laura -

Mi lengua recibe ansiosa su orgasmo, una enorme cantidad de flujo mancha mi cara enrojecida por los arañazos de la verga negra. Laura se queda rendida, tumbada en el suelo... Con el consolador clavado en su sexo, rota de placer.

Retiro levemente la media que cubre mi cara, me acerco a su boca, la beso y le susurro al oído...

-Mañana será distinto, esta vez José no me fallará.... Y te prometo que tendrás dos pollas de verdad...
 
 
 
 

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