Frente al ordenador
Te  imagino sentada delante de tu ordenador, sola en tu casa, con un vestido corto negro y pantys de seda negra, zapatos de tacón alto y el pelo recogido en un moño. Me excita pensar en ti vestida de esa forma.

Yo me acerco por detrás y lentamente, con suavidad, te acaricio el hombro desnudo. Tu te levantas dándome la espalda y yo te cojo por la cintura y te aprieto firmemente contra mi. Noto como el bulto de mi pantalón te oprime las nalgas y se intenta introducir entre ellas, como si ya supiese donde va a terminar.

Lentamente empiezo a tirar de tu vestido hacia arriba, mientras veo aparecer el final de tus pantys y el inicio del liguero, tus nalgas duras y bien redondeadas, las braguitas que empiezan a humedecerse, tu esbelta cintura, el ombligo tentador, tu firme espalda y finalmente asoman tus pechos llenos de fuerza, con los pezones duros como clavos por el roce con el vestido. Me ponen a cien las mujeres que no llevan sujetador. Dejando el vestido sujeto bajo tus brazos, deslizo mis manos hasta tus muslos bien torneados, acariciándote el interior, rozando tus ingles con la punta de los dedos.

Tu cuerpo se agita estremecido. Entonces llego a tus pechos, los agarro con firmeza, mis manos llenas, los acaricio, los meneo, los estrujo, te pellizco y retuerzo los pezones para llevarte al limite entre el placer intenso y el dolor agudo. Te das la vuelta, sin poder aguantarlo más, y nuestras bocas se juntan apasionadamente. Las lenguas pelean por entrar en la boca del otro. Me quitas la camisa y tus pezones rozan el vello de mi pecho. Mi erección sigue creciendo y ahora se topa con la húmeda estrechez de tu sexo.

Te quitas las bragas mientras mi boca te devora los pechos mordiéndote los pezones con avaricia. Me bajas los pantalones y al arrancarme los calzoncillos de un tirón, mi pene salta contra mi vientre como un resorte. Nos quedamos absortos contemplando la belleza inesperada de nuestros cuerpos desnudos, mientras el deseo se hace cada vez más grande. De nuevo te cojo desde atrás por la cintura y deslizo mi mano entre tus muslos, acariciando el monte de tu pubis, rasurado, suave como los pétalos de rosa, y notando como se abren los labios al sentir la presión de mi dedo juguetón.

Te rozo insistentemente los labios, lubricados al máximo, y el clítoris, que parece que va a estallar de placer. Entre los protuberantes e hinchados labios, introduzco mis dedos. Mientras tu gimes excitada por el repentino estimulo en tu interior, yo exploro tu ardiente vagina, encharcada por tu flujo. Los dedos se deslizan a la perfección dentro y fuera de ti, mientras tu culo se bambolea instintivamente al ritmo de que marca mi mano. Los murmullos de placer que emanan de tu garganta no hacen otra cosa que ponerme mas cachondo de lo que ya estoy.

Tus caderas se mueven cada vez mas deprisa, sin perder el ritmo, y antes de que llegues a lo mas alto de tu clímax, retiro la mano. Ante la sorpresa, te quedas sin saber que hacer, pero esto hace que el deseo de ser penetrada se triplique. Con todo tu cuerpo en tensión y lleno de un placer intenso que quieres liberar cuanto antes, me agarras ávidamente el músculo, y lo guías expertamente entre tus nalgas, colocando mi enrojecido glande en la entrada de tu vagina. Mi glande se humedece al instante por contacto con tu sexo libidinoso y palpitante.

Bien sujeto a tus caderas, me aprieto contra ti, y poco a poco, mi polla te va llenando por completo. Al tiempo que sueltas un erótico gemido de placer por notarme dentro, tu cuerpo recupera impacientemente su alegre movimiento. Lento al principio, cada vez se hace mas intenso, y mis pelotas golpean la entrada de tu vagina, excitándote aun mas por el roce. Mientras mis manos recorren tu cuerpo acariciándote la abertura del culo, las tuyas me aprietan las nalgas, metiéndome cada vez mas dentro de ti.

De repente, los dos nos fundimos en un ronco grito de éxtasis, alcanzando el clímax. Los chorros de esperma que surgen de mi verga se mezclan con el néctar de tu placer en la coctelera que es tu coño palpitante. Tras permanecer unos segundos recuperando la respiración, te levantas liberando mi pene, y yo meto mi cara entre tus muslos, empujándolos lejos de mi, para hacerme sitio. El olor de tu sexo es embriagador, y no aguanto mas... deslizo mi lengua por tus zonas mas suaves y sensibles disfrutando del sabor de nuestros fluidos, limpiando tus labios de terciopelo.

e con ella no jugase.
Principito

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