Las flores de la vida
 por Rodano
Alba   y Manolo era una pareja   de lo más normal, vivían en un ciudad costera del levante español, Manolo tenía treintitrés  años y tenía un buen trabajo en un banco. Alba tenía cuatro años menos y trabajaba de  administrativa en el mismo banco.

Alba no se sentía mal con Manolo pero notaba que su matrimonio era muy convencional, aburrido, pensaba que era muy estereotipado, uno como tantos. El calor de junio apretaba y ese verano tocaba Eurocopa. Es decir fútbol todo el día. El inicio del partido,el partido, la repetición, los comentarios y toda la parafernalia inherente a este tipo de acontecimientos.

Alba se cuidaba bien, hacia aerobic, iba a la piscina, controlaba su dieta y a su juventud unía un cuerpo moreno y bien  modelado.

Uno de esos días de calor, mientras  estaba todo el país paralizado viendo el partido. Decidió bajar al todo a cien de al lado de su casa a charlar con la dependienta un rato. La tienda era un bajo bastante grande que estaba en una esquina repleto de artículos. Mientras hablaba con ella reparó que habían traido unos tangas con un balón de fútbol bordado. El caso es que le hizo gracia y decidió comprar uno.  Al volver a su casa entró a su habitación, llevaba un vestido azul, que llevaba  sin sujetador, ya que de hacer ejercicio tenía unos pechos firmes, se puso el tanga. Y vestida sólo con esa pequeña pieza de indumentaria se puso delante de la tele y le dijo a Manolo:

-Venga Manolo,¿Me metes un gol?- al que éste contestó

-¡Quita Alba que estoy viendo el partido!
 

Un tanto molesta Alba mientras abandonaba la habitación pensaba:

“Vaya marido que tengo, que prefiere ver a veintidós señores sudando a una mujer desnuda y no es por ser presumida pero de muy buen ver”.

 
El caso es que una de esas tardes Manolo convenció  a su esposa para que fueran a una cala cercana, Alba en principio no puso ningún problema, así podía estar con él un buen rato.

Se acercaron en su utilitario a la cala vecina, era una cala de piedra que había  horadado el mar en la roca, con un pequeño restaurante,Alba vestía otro vestido azul de una pieza,mientras se acercaba a la orilla del mar con su tumbona sonreía, quería darle una sorpresa a su marido, mientras se quitaba el vestido su marido se excusó y le dijo que se iba al restaurante a ver el partido. Se fue tan rápido que no vio el bikini pequeñísimo  que dejaba Alba al descubierto, era amarillo, intenso y tan reducido que dejaba bastante poco a la imaginación.Resopló enfandada, lo más fuerte es que ni si quiera jugaba España, era un partido que enfrentaba a dos paises extranjeros. Se metió en la mar enfadada y estuvo nadando un rato. Cuando salió del agua más calmada fue a la ducha a quitarse el salitre para tomar el sol más comoda. Allí se tropezó a una mujer de su edad, rubia que la miró a los ojos con una mezcla de ironía y compresión:

-¿El tuyo también está viendo el fútbol? –a lo que respondió.

-Si,anda que hay que ser idiota para venir a la playa a ver el fútbol.

Al poco ambas mujeres estaban charlando amigablemente a la sombra, su amiga se llamaba Ana y era compañera de infortunio futbolístico en esos días.

Cierto día en medio de la efervescencia de orgullo patrio a cada gol de nuestra  selección, decidieron irse hacia otra pequeña cala que estaba al lado para variar. Sus respectivos ni se fijaron dado que estaban  envueltos por el halo de gloría de esos días de fútbol y calor.Se dieron un chapuzón y salieron a la arena para broncearse, al poco se oyó un clamoroso gol desde el restaurante y Alba que estaba ya un poco quemada se quitó la parte de arriba del bikini y se puso a tomar el sol en topless, mientras pensaba:

“Manolo ya que a ti no te gusta ya habrá alguien que disfrute de mi cuerpo”. Su compañera en un acto reflejo hizo lo mismo, echándose bronceador al unísono sin escatimar caricias a sus jóvenes pechos.

Al poco se percataron que había un señor en la cala, leía a la sombra de una roca, con aire indiferente. Aunque con suma discreción no  les pasó inadvertida una mirada furtiva hacia sus cuerpos semidesnudos.

El señor era mayor de unos cincuenta años, con aire distinguido, espigado, lo habían oido pedir en el chiringuito del restaurante un refresco con la cadencia que le dan a las palabras los habitantes de las islas caribeñas.

Este extraño trio coincidía en esa cala, día tras día, mientras en los campos de fútbol se decidía la soberanía sobre el gol en Europa.

Cierto día tras oir otro clamoroso gol desde la playa, Alba se desprendió de su coqueta indumentaria y se fue a la ducha totalmente desnuda, bien a la vista de su vecino. Comprobó complacida que la seguía con la mirada mientras se duchaba, recorriendo con su sabia mirada cada centímetro de su cuerpo.
 

Volvió a su tumbona ante la mirada divertida de su compañera, al poco quedó mecida en una somnolencia agradecida, comenzó a imaginar que su compañero de la playa se le acercaba y con unos dedos ásperos empezaba a acariciarla por todo su cuerpo mientras la envolvía una fragancia extraña. A cada una de sus caricias arqueaba su espalda, se tensaba, se relajaba mientras masajeaba su cuerpo, sus hombros, sus pechos, sus caderas.

Sus labios tenían sed de su boca, que al poco era complacida con una caricia sobre su mejilla. Se acoplaba a ella, primero con dulzura mientras se acostumbraba a su cuerpo entre sus piernas, para embestirla poco a poco pero sin cesar...
 

Entre la confusión que da la somnolencia, se despertó y se sintió  un poco avergonzada de estar desnuda, se sorprendieron  ambas al descubir que el señor de la roca ya no estaba y frente a sus tumbonas había una rosa para cada y una nota que decía:

“Las flores de la vida que lindas son
tarde o temprano llegan a tu lado con su esplendor.
No las desprecies que ya han llegado con su calor.
A vivificar la fuente de tu inspiración.”
Las flores de la vida (Compay Segundo)


El aroma  que emanaba la nota era similar al que había notado en su sueño.

Estaba totalmente desconcertada, al volver con su marido en su utilitario a casa,llevaba la rosa en su escote  para ocultarla , mientras éste oía los comentarios de los partidos de esa jornada. Hacía lo posible por retener todas las sensaciones de esos días.La vida había cambiado  para ella  y decidió que  quería vivirla de otra manera.

por Rodano
 
 

Volver al Indice de Rodano