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Hola soy Nuria, hace tiempo que leo los relatos del callejón y la verdad que la mayoría son bastante buenos, por lo menos para excitarme. Sin embargo, hace unos meses me sorprendí leyendo uno de los relatos que escribe Chalexal de una fulana que se llama Nayara. El relato en cuestión era “ La novia de mi amigo”. Resulta que yo me llamo Nuria y tengo (o mejor dicho tenía) una amiga que se llama Nayara, nombre muy poco conocido, o sea que no hay muchas mujeres que se llamen así.En primer lugar, deciros que esa tía es una mentirosa. Sí, realmente es cierto lo que pasó en su casa, es cierto que es muy puta, pero no es cierto que pasara como ella lo cuenta, ni que tenga tanta experiencia, ni que sea tan liberal. El día que me la follé, porque tengo que decir que me la follé, parecía un muerto, pues no movía ni las caderas cuando estaba a punto de correrse.
La conozco desde hace muchos años y siempre ha sido una pava. Recuerdo un día de verano en el instituto, íbamos todas con el uniforme, nuestra falda de tablas y nuestra blusa. Nayara era la tonta del instituto y todos los chicos se aprovechaban de ella. La metían mano, la levantaban la falda, incluso la quitaban el sujetador. Ese día hacía bastante calor y estábamos en el patio jugando con globos de agua. Los chicos no paraban de tirárselos a ella para que la explotaran encima. Llegó un momento que tenía la blusa empapada y se le transparentaba su bonito sujetador de encaje. Los chicos se estaban calentando de solo verla el sujetador y los pezones de punta, debido al agua, empezaron todos a revolotear alrededor de ella hasta que le quitaron el sujetador. La imagen no podía ser más excitante para ellos, se le transparentaban todas las tetas, parecía que no llevase blusa.
Ella se limitaba a decir:“Sois tontos, devolverme el sujetador, por favor”. Y se iba corriendo detrás de ellos. El grupo de chicas les seguimos. Estaban escondidos en un rincón que hay en el patio y que nunca se acercan los profesores.
La tenían sujeta entre dos y mientras otros dos le quitaban la ropa, tenía a uno en cada teta, dándoles de mamar. Después de quitarla la ropa, uno de ellos empezó a comerla el coño y ella se limitaba a llorar y a llamar a su mamá. Sus gritos iban bajando y cambiando de tono, ahora eran de placer. La tenían a cuatro patas y mientras le obligaban a comerle la polla a uno, otro se la follaba, otro la daba por el culo y dos la mordían los pezones, la pegaban unos tirones que me dolían a mí.
Todos pasaron, por todos los agujeros de la zorra esa, y al final la tumbaron, empezaron a meneársela hasta que se corrieron encima de ella, tenía semen en la cara, el pelo, el pecho, por todos los lados. Después uno por uno fue pasándola la polla por su boca para que se la dejara limpia. Luego, se fueron y la dejaron allí tirada, llorando como una alma en pena.
El día que fuí a su casa, fuí porque pensaba que era mi amiga y lo que realmente hacía era follarse al tonto de mi marido. Cuando llamé a la puerta me abrió muy ligera de ropa y todavía jadeando, se la notaba que la había pillado masturbándose. Además todavía tenía los pezones de punta, le asomaban por la bata como espadas. Después de hablar un poco, decidí follármela y me tiré encima de ella:
- ¿Qué haces, Nuria? ¿Estás loca? Déjame. Me dijo.
- Qué coño, déjame. Si estás más cachonda que una mona, que te he pillado haciéndote un dedo. La dije, mordiéndola los pezones.
- Ah, me haces daño, estate quieta o llamo a la policía.
- Qué te hago daño, so puta, más daño te hace no follar como es debido.
Y la tapé la boca con la mano. Mientras me dedicaba a mordisquear sus pezones, haciendo círculos con la punta de mi lengua alrededor de ellos, mientras que con la otra mano la acariciaba su todavía húmeda raja. Después de estar un rato jugando con sus pezones y su precioso coño, empecé a sentir como lamía la palma de mi mano la muy zorra.
- “Vaya, parece que empieza a gustarte. Vas a saber lo que es placer.”
Dicho esto la retiré la mano de la boca, la levanté y la torcí un brazo a la espalda. Dirigiéndola a su habitación.
- “Ay, me haces daño, joder, suéltame”
- “ Cállate, ahora vas a saber lo que es dolor”
- “ No,déjame, me....”
Sin dejarla acabar, la dí la vuelta para que me mirase y la pegué un guantazo y seguimos nuestro camino. En ese momento se puso a llorar y me decía:
- “No, por favor, no me hagas daño, haré lo que tú quieras”
- “ Que te calles, ¿no te lo pasas tan bien follando con mi marido, mientras yo sufro? Pues ahora me lo pasaré bien yo, mientras tú sufres”.
La tiré en la cama y la quité la ropa. Le levanté los brazos y le até uno a cada lado de la cama, con las piernas hice lo mismo, se las abrí y se la até una a cada pata de la cama. Tenía todo su coño bien abierto, podía ver como le brillaba de lo húmedo que lo tenía. Empecé a chuparle la raja, muy despacio, cada vez se le humedecía más, sus líquidos empezaban a entrar en mi boca. Levantaba las caderas, pidiendo más. Empecé a follarla con la lengua, rápidamente, hasta que conseguí que se corriera en mi boca.
- “ Muy bien, putita, el primero ya te ha llegado, pero aún te faltan muchos más”
Estuve toda la tarde follándola, primero con la lengua, después con los dedos, el tercero lo consiguió con una barra de labios, y así hasta cinco orgasmos. Este último fue espectacular, no paraba de saltar en la cama y de gritar:
- “ ah, ah, otra vez, ya no puedo más”
Cuando terminó de correrse, empezó a llorar y a decirme que la dejara ya, que estaba escocida. Tenía el coño al rojo vivo, pero a mí me daba igual, mi venganza tenía que ir para delante, era una cornuda por su culpa.
Estaba echa una piltrafa, ni siquiera se movía, pero me daba igual. Fui a la cocina y cogí un plátano del frutero, le levanté las piernas y se lo clavé en el culo de un golpe, sin dilatarlo y sin nada, empezó a sangrar un poco y a gritar y llorar de dolor. Hice caso omiso a sus plegarias y empecé a sacar y meter el plátano, hasta que cambió sus gritos de dolor por los de placer. Volvió a correrse, casi no tenía fuerzas ni para gemir. Después de ese enésimo orgasmo se quedó dormida. Así que me fui.
Esta es la verdadera historia, lo que contó ella, debe ser sus fantasías o lo que le habría gustado, pero realmente ella no es así. En sus relatos parece una loba, pero luego es muy sosa. Lo ideal para el cornudo de mi marido.
por Nuria
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