Mar adentro
 por Dominance
Desde siempre he estado enamorada de él. Desde siempre y para siempre me ha gustado. No recuerdo cuando me conquistó; Ni siquiera recuerdo si fue él quién me enamoró ó si fui yo la que se dejó enamorar por sus aguas.

Nunca he conseguido que me deje indiferente. Nací en Madrid, me crié en Madrid y pretendo morir en Madrid...donde no hay Mar, por eso desde pequeña he querido llevarme un trozo de Mar cuando ya no esté entre vosotros.

El Mar se puede oler, se puede escuchar, se puede saborear, se puede tocar y se puede observar. Pocas cosas aglutinan de una manera tan brutal los cinco sentidos.

Si era tan real como para poder usar los cinco sentidos con él, mi duda consistía en si se podría también amar, pero no de un modo espiritual, sino puramente físico, terrenal, mundano.

Soñarlo lo habia soñado varias veces, pero la mayor concesión que te puede hacer la vida es que un sueño se haga realidad...

Caminé descalza lentamente hacia él, dejando que su arena zigzagueara entre mis dedos. Me senté en su orilla, semidesnuda, las manos de mi amante rozaron timidamente mis pies desnudos, solo hasta los tobillos. Sus caricias iban y venian en forma de olas, eran tan dulces sus salados roces....

Sutil, así es mi Mar. Sutilmente me acariciaba, consiguiendo que después de unos minutos, ya no supiese si me tocaba ó no.
Mis piernas estaban flexionadas, era una noche oscura, pero la luna se reflejaba en la espuma que levantaban las manos de mi amante cada vez que se acercaba a acariciarme.

Él alargó aún más sus manos hasta llegar a mis muslos cubiertos por un vestido corto de gasa, el vestido se pegaba a mis piernas y tan sólo se despegaba con cada una de las caricias de mi amante. Mi sexo no tenia ninguna carcel que lo aprisionara, estaba desnudo debajo de aquel finísimo vestido. Mis pechos, sin carcel al igual que mi sexo, se mostraban exultantes, excitados y deseosos de recibir el mismo trato que hasta ese momento sólo recibían mis piernas.

Me tocaba cada vez en intervalos más cortos de tiempo, una y otra ola, fría, húmeda. Una y otra vez apagaba el calor que tenía mi piel, pero entonces se volvía a alejar....para volver de nuevo aún más cerca de mí. No sé ni cuanto tiempo pasó hasta que decidió acercarse a mi sexo...
Abrí mis piernas, necesitaba sentir sus manos húmedas en la cara interna de mis muslos... Y lo hizo, volvió a acercar sus dedos a mis muslos, una y otra vez, y otra, y otra.. Hasta que consiguió entrecortarme la respiración, deseaba acercarme más a él, pero al mismo tiempo estaba tan excitada que no quería que aquello acabara nunca, así que no me moví, sólo dejé caer mi espalda para apoyarme totalmente en su arena.

Las yemas de sus dedos empezaron a introducirse debajo de mi vestido en forma de espuma, me acariciaba hasta que se deshacia dentro de mí en pequeñas burbujas. Mi humedad se mezcló con la suya y juntos dibujamos caricias moradas con su azul y mi rojo.

Mis ojos estaban abiertos, mirando una luna que brillaba y hacía que las pequeñas partículas de arena mojada también brillaran en mi piel...

Sin poder ni querer evitarlo, empecé a jadear cuando mi amante se armó de valor y olvidó cualquier pudor. Sus caricias en forma de olas llegaron hasta mi sexo, lo mojaban y él se mojaba. Poco a poco fueron dándome un placer de cinco sentidos. Una presión sobre mi clitoris hizo que éste se hinchara de un placer suave, mojado, dulcemente salado. Oleadas de placer recorrieron mi cuerpo, amasaron mis pechos, pellizcaron mis pezones y crucificaron mi sexo con cada embestida.

Pero después de cada caricia, de cada lametón... volvía a alejarse. Me castigó con sus repentinas huidas hasta que sin darme ni cuenta, mi cuerpo estuvo completamente cubierto por mi amante. Todos los poros de mi piel se amargaron con su sabor. Mi pelo se empapó con su sudor, mis labios se convirtieron en unos labios salados por el sabor de su piel, me jadeaba al oido, olía a sal.

Necesitaba sentirme follada por el Mar, aquello era demasiado para mí. Puse mis brazos en cruz y con mis dedos mordí la arena de mi amante, intentando arañarlo, devolviéndole el sufrimiento que él me regalaba con cada huída. Mis pezones se endurecieron como nunca antes lo habían hecho, sólo las caricias de mi Mar suavizaban su dureza. Mi Mar, mi amante...mi amor.

y en su búsqueda, la búsqueda de su placer y el mio propio, me dejé caer por la arena. Deslicé mi cuerpo lentamente hacia él, su arena resbaló por mi espalda y pellizcó mi cuerpo mientras sus caricias se hacian más bruscas. Poco a poco me adentré en su orgasmo, en sus aguas....en su interior. Y mi amante me cubrió por completo, me llenó de agua, de caricias y de vida eterna a su lado. Violentamente me penetró por completo, mis gemidos se ahogaron en su agua al igual que mi orgasmo, al igual que mi vida.

Desde entonces, o sea, desde siempre, le he sido fiel. Él es para mí y yo para él, dormimos juntos cada noche y si tengo frio me arropa, y si tengo calor me moja....y si tengo deseo....me ama. Mi Mar, mi amante...mi Amor.

Él ha sido mi único amante, el primero y el último. Le di mi virginidad y ahora él me cobija en sus aguas, le di mi vida terrenal y él me hizo inmortal en sus océanos....

Ahora os vigilo desde el Mar. Os cuido y os castigo, os mimo y os sonrío desde sus aguas. Mi Mar, mi amante....mi Amor.
 
 
 

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