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Habíamos quedado dos parejas y nosotros para irnos a cenar por el cumpleaños de mi marido. Una de las parejas era Fernando y su mujer. Sólo saber que voy a verle me pone a cien y como sé que es muy caliente, intento ponerme lo más provocativa posible, así que me puse mi blusa preferida cuando sé que voy a verle. Es un blusa de gasa, semi transparente, ancha y muy descotada, y como yo apenas tengo pecho, cuando me muevo un poco dejo mis tetas a la vista de todos. Y así el cornudo de mi marido se pone celoso, porque Fernando va a mirar.Para poneros en antecedentes, Fernando es un tío que es amigo de mi marido desde hace más de 10 años y que yo conocí en el Instituto. Nada más verle, me quedé enganchada de él, y no enamorada, sino más bien como objeto sexual, pero siempre de lejos, ya que el que era mi novio y ahora mi marido es muy celoso. Sin embargo, me hice más mujer y el año pasado con 30 años, decidí atacar.
Una mañana, venía de compras y sabía que él estaba solo en casa, ya que su mujer se había ido de viaje, así que ni corta ni perezosa, me presenté en su casa. Llamé al timbre, inmediatamente me abrió la puerta, su cara lo decía todo, se había quedado de piedra al verme.
- “¿ Bueno qué, me vas a invitar a pasar o te vas a quedar todo el día en la puerta? Te recuerdo que vas en pijama, más que nada por las vecinas” Le dije.
- “ Eh, ah no pasa, pasa. Como no voy a salir, ni siquiera me he vestido”Nos sentamos en el sofá y estuvimos divagando un poco sobre nuestra vida, yo estaba deseando lanzarme a su boca, pero por otro lado tenía que ir muy despacio, era muy arriesgado lo que estaba haciendo. Así que tomé la decisión de que debería ser él el que se lanzara. Después de hablar durante largo rato, nos quedamos los dos callados y mirándonos. Para romper el hielo, le dije:
- “¿ Te vas a quedar así todo el día, en qué piensas?”
- “ Me encantaría comerte esos labios tan carnosos”. Me respondió. Yo me quedé de piedra, no sabía que decir, pero en unos instantes, me llegó la inspiración:
- “Pues hazlo” le dije, y me lancé a su boca.Durante un largo rato, estuvimos besándonos, acariciando nuestras lenguas, me sentó encima de él, podía sentir su miembro duro como una roca, eso hizo que me excitase mucho, así que empecé a bombear, como si estuviese follándole. Al mismo tiempo, el me acariciaba la espalda por debajo del jersey. Cada vez que la yema de sus dedos recorría mi espalda, sentía como mi sexo se humedecía más y más. Con gran habilidad, me desabrochó el sujetador y pasó sus manos de la espalda a mis pechos, empezó a acariciarlos suavemente, entreteniendose en los pezones, dándome leves pellizcos, que ya me hacían gemir. Estaba muy cachonda.
Yo, mientras seguía cabalgando sobre su miembro, deseando que me la clavara, pero sin querer hacerlo, pues me parecía demasiado. Dejé de besarle y le bajé la cabeza a mis pechos. Empezó a chuparlos, mordisquearlos, acariciarlos con la punta de su maravillosa lengua, a lamerlos. Ya no podía más necesitaba su polla. Mis gemidos ya se habían convertido en gritos de placer.... Y me corrí, salvajemente, empapándome las bragas. Sin embargo, abrí los ojos y vi que era hora de irme, sino llegaría tarde a buscar a mi hija:
- Uy, lo siento me tengo que ir”. Me levanté y fui al baño para arreglarme un poco.
Cuando salí, estaba sentado en el sofá, podía comprobar que todavía tenía el miembro bien duro y yo estaba loca por hacerlo mío. Así que le dije:
- “ Me da pena, dejarte así. Espera”
Me acerqué a él y le saqué el miembro. Me agaché y empecé a besarlo, acariciarlo con mi lengua, a chuparle el glande primero, y luego todo el tronco. Me metí un testículo a la boca, y lo degusté como un caramelo. No paraba de gemir, así que cogí la polla con las dos manos y me la metí entera a la boca, empecé a hacerle la mejor mamada que he hecho en mi vida. Su miembro sabía divino, mientras chupaba de arriba abajo, acompañaba el movimiento con las manos. Empezó a botar, como si estuviese follándome la boca y en pocos segundos recibí toda su leche de lleno en mi garganta. Cuando acabó de correrse en mi boca, la saqué, le limpié con la lengua todo lo que quedó alrededor de su rosado glande y me marché. Ese fue el principio de un sinfín de encuentros que hemos tenido, al cual más excitante, haciendo todo lo que se nos viene a nuestra imaginación.
Lo dicho, fuímos de cena, yo estaba excitada desde que salí de casa con mi marido, pero cuando le vi, mi sexo empezó a humedecerse. En la cena no paraba de mirarle, e intentaba agacharme todas las veces que podía para que me viese las tetas. Después de una cena bastante divertida, con muchas risas nos fuimos a bailar a una zona de copas. Después de un par de copas, ya estábamos todos un poco más abiertos y empezamos a bailar. Fernando aprovechó todas las ocasiones que tuvo, para acercarse a mí y tocarme el culo o restregarme su polla, que la tenía bien dura. No sé como se las apañaba pero incluso, me rozaba los pezones con las manos y se me ponían duros como rocas. Me tenía totalmente entregada, estaba más cachonda que nunca. Fernando es muy dado a eso, le gusta el morbo, siempre que estamos emparejados, me mete mano con disimulo, hasta que me pone como una zorra en celo. En una boda, se sentó enfrente de mí, yo llevaba un vestido corto y con el pie empezó a acariciarme el coño, casi me corro en mitad del convite, con todos nuestros amigos delante. Cuando llegamos a la discoteca tuve que levantarme e irme al baño y masturbarme. Cuando salí, me moría de la vergüenza, hasta donde había llegado, masturbarme en una discoteca. Sin embargo, este día no iba a dejarme llevar otra vez y no pensaba ir a hacerme un dedo al baño. Pero él no dejaba de tocarme y yo estaba totalmente entregada, no podía decirle que no.
Una de las veces que fue al baño, no pude contenerme y a los dos minutos me fui yo. Miré que no hubiese nadie y entré en el baño de hombres. Allí estaba, Fernando solo. Entré y le empujé a una cabina. Allí, le saqué la polla y me lancé a ella, como una tigresa a su presa. Empecé a chupar con desesperación, mientras el metió las manos por mi escote y me pellizcaba los pezones con fuerza.
- “ Te gusta, eh, te gusta. Si tuvieramos más tiempo te partía en dos”. Me decía.
Y eso me ponía más cachonda todavía. Sentía una mezcla de dolor con placer, que era irresistible. Me estaba llegando mi primer orgasmo.
- “Sí, sí, sigue Fernando, me corro, me corro, fóllame, por favor, fóllame”. Le dije de un grito, con todas mis fuerzas.
Terminó mi orgasmo y seguí comiéndome ese fabuloso postre que tenía reservado, Fernando seguía haciéndome sentir en el cielo, tirando fuerte de mis pezones, y llegó el momento, empezó a descargar toda su leche en mi boca:
- “ Sí, sí, toma zorra, toma leche, ah, ah, ah” gritó como un loco.
Nos vestimos y salimos del baño, yo por supuesto me metí otra vez en el de mujeres y él fue con el grupo.
por Chalexal
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