la obsesión de Carla
 por Dominance
Carla es introvertida, cariñosa, inteligente, divertida; le gusta salir por la noche con sus amigos, los mismos desde hace 12 años; ir a comprar el pan a la panadería de siempre; viajar cada verano hasta donde su sueldo le permite; recorrer cada pasillo del supermercado buscando las ofertas; y pensar regalos y maneras de sorprender a los suyos. Carla tiene 28 años bien llevados, un trabajo que no está mal, un piso que cuesta pagar, y una vida cómoda, con un toque de monotonía, como a ella le gusta, y que la mayoría de sus amigos envidian.

Pero Carla tiene un problema, un problema que ya dura un año... ella lo calificó hace tiempo como enamoramiento, pero sabe que era sólo lo que ella quería ver, o como creía que más suavemente lo definía, pero es consciente que lo que está es colgada, y colgada de un chico, eso mismo que a los 15 años los chicos definen como estar enchochados, pero en versión femenina... En los momentos en que se ríe de sí misma, dice que está empollada por Marcos y sabe que es verdad.... ¿Enamorada? Sí... O quizás lo estuvo al principio.... pero ahora es diferente, se muere por una llamada de él, por un mensaje, por una noche de amor con Marcos, por un polvo rápido, por lo que sea de él..... y luego por las noches en su cama, donde vuelve casi cada noche a dormir, le desea, se moja con su recuerdo.... hay muchas cosas de él que no le gustan, y en esos momentos de locura se dice "voy a pensar con seriedad"; sabe que nunca podría tener una relación de pareja con él, no quiere envejecer junto a Marcos, pero no puede vivir sin él, o ¿sería mejor decir vivir sin tener sexo con él?.....

Toda la vida oyendo eso de que las chicas consiguen lo que quieran de un chico, que pueden tener al hombre que quieran, y ahora ella es consciente de que, al menos en su caso, funciona al revés... es él el que consigue lo que quiera de ella, una mirada de disgusto y ella se vuelve agua, una gata ronroneante y dispuesta a hacer lo que él quiera. Piensa en sus amigas feministas, en su amiga Laura que se separó porque su marido no le daba en la cama lo que ella quería, en su compañera de trabajo Lina que es de las que afirma que un polvo no echado, es polvo perdido, y piensa en su propia vida hasta que apareció Marcos... Un par de novios formales, tres rolletes de verano, dos ligues de una noche, y raciones de sexo con esos siete que, con la distancia que da el tiempo, afirma rotundamente que eran aburridas y sosas. Y así fueron sus relaciones sexuales, hasta que Marcos irrumpió en su vida. A partir de ese momento, Carla descubrió que es verdad eso tan dicho de que siempre hay un lugar para las sorpresas, y conoció a la fierecilla sexual que despertó ante las manos sabias de Marcos.

Tiempo después de empezar su relación, él un día dijo esas palabras que ahora Carla tanto teme y tanto desea oír... ¿sabes qué me gustaría que hicieras para mí?.... Con esas palabras mágicas, Carla pone atención porque sabe que eso que a él le gustaría, a ella no va a gustarle nada, sabe que se negará, sabe que le dirá que está loco, sabe que le dirá que si eso quiere de ella mejor lo dejan, pero también sabe que se excitará con la idea, que creerá que ella y sólo ella puede complacerlo en eso, y que acabará aceptándola. Con esas palabras, tenía que reconocerlo, habían comenzado algunas de sus experiencias sexuales más intensas... habían hecho un trío con otra chica, una desconocida ligada por él en un bar de copas; habían hecho un trío con un chico, ligado por ella en una discoteca; había follado con un hombre mayor, muy mayor para ella; había follado con un jovencito imberbe, que casi se corrió al verla desnuda, mientras Marcos presenciaba la escena; y así, muchísimas más cosas que de repente a Marcos, se le ocurrían y que él decidía que ella debía hacer para él, que eran la prueba de su amor.... No, de su amor, no; de su empollamiento.... y por la noche, cuando volvía a su cama, ella se mojaba recordando cada detalle, no de las experiencias en si, sino de la cara complaciente de Marcos mientras ella le contaba lo que había pasado, o de su cara mientras veía como ella hacía realidad sus fantasías; y entonces Carla se masturbaba y tenía orgasmos intensos pensando en lo feliz que se había ido Marcos porque ella, como siempre, le había complacido.

Así que esta tarde, delante de un café, mientras hablaban de cosas banales, como dos amigos sin más, Carla ha sentido ese escalofrío intenso, cuando Marcos ha dicho su frase.... ¿sabes qué me gustaría que hicieras para mí?.... Cucharilla que para de moverse, mano que busca un cigarro, mechero que cuesta encender debido al temblor de la mano, calada intensa, humo exhalado ruidosamente, suspiro interior....

- Perdona, ¿qué decías?

- Que si sabes qué me gustaría mucho.... él repite su frase

- Dime, Marcos....

Y ahora a esperar, porque sabe que él soltará su nueva locura de sopetón, como un bufido, sin casi respirar, mirándola fijamente, clavando sus ojos en los suyos, dejándola a ella totalmente desconcertada y pensando de dónde saca Marcos esas ideas.

- Me gustaría que follaras con un amigo tuyo, pero tiene que ser alguien que ya conozcas y que cuando estés a punto de correrte me llames al móvil... quiero oír como disfrutas con otro....

- Pero.... ¿Cómo voy a hacer eso? ¿Cómo voy a llamarte sin que él lo note? Y ¿si me ve?... pensará que estoy loca.. ¿qué le digo? ¿Que no me he acordado de sacar a pasear al perro?... ¡¡¡¡Si ni siquiera tengo perro!!!!....

- Ssshh, Carla, amor - él responde con tranquilidad ante la respuesta exaltada de Carla, Tú sabrás como hacerlo.

- Pero... ¿por qué ha de ser con un amigo mío?

- Ha de ser un amigo tuyo, y sé que sabrás como hacerlo, él repite convencido.

A veces le odia, odia ese tono de seguridad con el que le habla, pero se odia a si misma cuando ante esas palabras, "sé que sabrás como hacerlo", se siente orgullosa. Orgullosa y excitada, como le recuerda el hecho de que se está moviendo nerviosamente en la silla. Algunas veces ha conseguido convencerle de cambiar algún plan, otras sólo ha conseguido quitarle de la cabeza algún detalle, aunque la mayoría no ha conseguido nada, todo hay que decirlo, pero esta vez no podrá hacerlo...

- Tiene que ser esta noche... Marcos enfatiza ligeramente ese tiene que ser.

- ¿Esta noche?

- Me dijiste que hoy salías con tus amigos, ¿no?

- Sí, balbucea Carla, mientras cientos de ideas giran en su cabeza, es el cumpleaños de Javi.

- ¡Perfecto! Hasta podría ser un buen regalo de cumpleaños, ¿no crees, cariño?

- ¿Con Javi? Carla se escandaliza seriamente por primera vez en toda la tarde. No, no, Javi no.... sabes que Javi es mi mejor amigo, no podría hacer eso...

- Jajajaja, eres un encanto, Carla. Creo que Javi sabría apreciar perfectamente tu regalo de cumpleaños.

- No, no, Javi no... Niega rotundamente con la cabeza, y se obliga a sí misma a poner cara de pillina. Déjame a mí, que ya sabré a quien elegir...

- ¡Perfecto! Sé que tu elección me complacerá... como siempre....

Y con esas palabras Marcos da por zanjado el tema porque está seguro de que ella cumplirá. Él sigue hablándole de algo que le ha pasado esa mañana, pero ella ya no le escucha. Cuando él se levanta para irse del bar, ella le sigue y acepta sin más su beso en los labios como despedida y ni responde cuando él le dice con su aplastante seguridad que esperará su llamada, como si en vez de llamarle para correrse ante el móvil, le tuviera que llamar para recordarle que compre el pan. Y sigue camino hacia su casa, con el cerebro lleno de ideas encontradas.

Esa noche Carla se viste despacio... medias, tanga y sujetador negro, blusa negra, falda marrón... Le gusta mucho esa falda; es una falda larga, que se abrocha delante, con una hilera de 10 botones que permiten variar el estilo de la falda dependiendo de los que deje sin abrochar... de momento deja 3 desabrochados, y se avergüenza un poco cuando, casi sin darse cuenta, se descubre pensando que, una vez elegida la víctima, los botones desabrochados pasarán de 3 a 6. Para un momento y se mira en el espejo; hace pruebas con el escote de la blusa. Deja dos botones desabrochados, luego tres, abre el escote, lo cierra un poco más, se inclina hacia delante para ver qué se ve, qué se intuye, qué se muestra descaradamente.

Recoloca los pechos dentro del sujetador, para subirlos un poco más. Desabrocha otro botón. Vuelve a mirar la imagen que le devuelve el espejo. Es, y no es Carla, la mujer que le mira desde el espejo. Ella misma sigue siendo la Carla de siempre, la tímida, la introvertida, la insegura, la que descubrió el verdadero sexo a los 27 años, la amiga de sus amigos, en la que se puede confiar, la que empieza a notar su tanga húmedo pensando en Marcos, una tonta enamorada o empollada.

La Carla del espejo es una mujer atrevida, sexy, provocadora, que va a ligarse y follarse a un amigo esa noche por el simple placer de hacerlo.... no... por el simple placer de Marcos... Marcos, con sus ideas locas, con sus pruebas, con sus desafíos, que estará tan ricamente en su casa, como un mariscal de campo, dirigiendo la función, y seguro que aprovecha todo esto para hacerse una paja imaginando la situación. Y eso es en lo único en que las dos Carlas están de acuerdo: esa paja será en su honor. Así que las dos Carlas cruzan sus miradas, hacen un mohín gracioso, apoyan su mano en la cadera, ponen pose de modelo y se recrean cada una con la imagen de la otra....

- ¡Perfecto!

Burlonamente, imita el tono de Marcos para decir esa palabra. Una última mirada entre las dos y Carla se agacha para ponerse los zapatos. Coge el bolso y repasa el interior... llaves, tabaco, mechero, monedero, móvil...

Se encuentra con sus amigos delante del restaurante. Se reparten besos entre todos; para Javi un beso y un felicidades; saluda a Miguel, un amigo de Javi al que conoce poco y que la incomoda un poco cuando la mira; y se queda hablando con Óscar, un buen amigo, con el que ha compartido muchas horas de estudio y muchos cafés y del que Carla siempre ha sospechado que en su día estuvo algo enamorado de ella. Entran en el restaurante y Carla decide seguir a Miguel para sentarse a su lado; por conocerle poco, decide que será su mejor elección. Entre bromas y líos toman asiento, y Carla se gira para hablar con Miguel... y con sorpresa descubre que es Óscar el que se encuentra sentado a su lado. Un momento de desesperación, de duda, pero comprueba que aparte de Óscar, está rodeada de chicas, y que Miguel ha acabado en la otra punta de la mesa. Decide que no puede, que no podrá hacerlo, cuando oye ese odioso piripi que le indica un mensaje en el móvil. Se disculpa un segundo, lo saca y sin mirarlo ya sabe de quién es.

-Espero tu llamada.

Maldito Marcos, maldita debilidad la suya, maldito Miguel, pero sabe que no tiene otra opción.

Elegida la víctima y con cierto complejo de mantis religiosa, empieza a desplegar sus armas. Óscar está a su izquierda, así que si se mueve hacia delante, se le ahueca la blusa y le ofrece una perfecta visión de pecho y sujetador; además, con un sutil movimiento de mano desabrocha dos botones más de su falda, cruza las piernas y un muslo cubierto con una media negra asoma. Óscar está nervioso, ella lo percibe. Carla se muestra chispeante, ingeniosa, responde cada comentario, cada palabra que se dice en la mesa, y siempre tiene una coletilla picante para regalar el oído de Óscar, acercándose más de lo necesario, y en voz más suave e incitante de lo necesario. Deja que Óscar le encienda cada cigarro, le pone la mano en el brazo, le toca, deja que él huela su colonia, que note su calor. Y poco a poco, Óscar abandona su sorpresa inicial y empieza a entrar en su juego, respondiendo a cada insinuación y a cada avance. Casi sin darse cuenta, empiezan a hablar, a bromear ellos dos solos, casi ajenos al resto de la mesa. Ella sigue con su coqueteo, disfrutando de la situación, y por un momento piensa que quizá se ha pasado cuando siente una mano en su rodilla y una voz que le susurra al oído...

- ¿Te apetece que pasemos de la peña y nos vayamos los dos solos a tomar algo?

Por un momento tiene ganas de decirle que no, pero Marcos, como siempre Marcos, aparece en su cabeza y como si ella fuera un muñeco de un ventrílocuo, incapaz de controlar a su boca, le susurra un tímido vale. Así que cuando todos empiezan a levantarse de la mesa para continuar la juerga, Carla anuncia que ella no seguirá, que está cansada, que los viernes es un mal día para salir. Y mientras sus amigos protestan e intentan animarla a una copa más, se oye la voz de Óscar ofreciéndose a llevar a Carla a casa, porque al día siguiente tiene que madrugar. Se despiden de todos, y empiezan a andar hacia donde Óscar dice que ha dejado el coche.

Con los ojos de sus amigos clavados en su espalda, Carla no puede evitar pensar en lo que está haciendo, en que no está bien, en que ella no es así, en que ella siempre ha dicho que no se puede hacer el amor con un amigo, en las consecuencias que tendrá esto en su relación con Óscar y con el resto de sus amigos si llegan a enterarse, en el maldito Marcos y en su propia debilidad, cuando de repente nota como Óscar le pasa firmemente una mano por la cintura, la detiene, la obliga a girar hacia él, y nota como el aliento a tabaco y alcohol de Óscar se mezcla con el suyo propio. Por un momento se sobresalta, hasta que se da cuenta que no hay nadie que les vea porque ya han girado la esquina.Devuelve el beso sin mucho convencimiento, y suspira levemente cuando Óscar abandona su boca y recorre lentamente el camino hacia su cuello mientras le susurra que nunca la había visto como la veía hoy.

El subidón del alcohol tomado en la cena, y esas palabras le hacen reaccionar. Óscar, ese amigo al que siempre tuvo un cariño especial, con el que compartió tanto, al que siempre trató tan bien porque pensaba que estaba medio enamoriscado de ella y nunca quiso hacerle daño.... ese mismo Óscar nunca la había mirado como a una mujer.... ante esa idea, su orgullo de mujer se rebela y es Carla, pero la Carla del espejo, la que de repente aparece en esa calle mal iluminada, besándose con un hombre que la ha mirado como mujer por primera vez en 12 años... así que Carla gira la cara para buscar la boca de Óscar y es su lengua la que se abre paso entre los labios de Óscar y empieza a juguetear con su lengua. Pasa los brazos alrededor de su cuello y los dos cuerpos se pegan más, mientras lenguas y labios juegan, vibran, se confunden, se separan y se vuelven a unir casi con desesperación.

- ¿Vamos a mi casa? Consigue decir Óscar

- Sí.... vamos...

Un breve trayecto en coche, besos húmedos en cada semáforo, tres botones más de la falda que se desabrochan, mano que acaricia el tanga, un beso que dura 4 pisos de ascensor, mano que no acierta con la llave de la entrada, blusa de Carla que cae por el pasillo, mano nerviosa que acaricia unos pechos cubiertos, Carla y Óscar besándose casi con desesperación y un segundo de lucidez en el que Carla decide tomar las riendas.

Carla empuja a Óscar suavemente y éste cae hacia atrás sobre el sofá; Carla abre la falda y se sienta encima de Óscar. Mirándole fijamente a los ojos, empieza a desabrocharle la camisa, mientras sus manos, suave pero firmemente, van recorriendo la piel que va apareciendo a la vista; mientras tanto él libera los dos únicos botones que quedan de la falda y la aparta a un lado... ante sus ojos aparece el tanga negro de Carla y su mano se dirige hacia él. Pero Carla le detiene, le agarra las dos manos, las separa, las lleva hacia el respaldo del sofá, las deja allí y con una voz casi imperceptible, susurrante, le dice:

- Déjame a mí... tú no hagas nada....

Carla acerca su cara a la de Óscar, tanto que él puede notar el aliento cálido de su amiga en su oreja, en su mejilla, en sus ojos, y por fin en la comisura de sus labios donde ese aliento se hace palabras..... Saca la lengua y Óscar obedece, abre la boca y saca la lengua.... la punta de la lengua de Carla asoma también entre sus labios, y empieza a dar suaves golpecitos en esa lengua que le ha sido ofrecida, y a rodearla suavemente con la suya... abre los labios y captura la lengua de Óscar, la chupa, la succiona, la recorre, la libera y vuelve a capturarla, haciendo más presión, menos presión, golpecitos, lamidas, succiones.... y por fin,vuelve a capturar toda la boca de Óscar entre la suya y vuelven a besarse, confundiendo lenguas y labios, intercambiando en ese beso todo el deseo de ese momento... la mano de Carla, apoyada en el pecho de Óscar va bajando verticalmente, suavemente, firmemente, hacia la cintura de sus pantalones, hacia el bulto ya más que evidente y que quiere ser liberado.... mientras sigue con ese beso su mano va liberando los botones del pantalón, acariciando siempre, apretando, provocando movimientos convulsivos de la cadera de Óscar; abre la bragueta del pantalón y acaricia ahora más fuerte, más abiertamente la polla apenas protegida por el bóxer..... ahora es su lengua la que abandona la boca de Óscar y va bajando recorriendo piel que deja saciada y a la vez hambrienta de más caricias, el cuello, la nuez, el pecho.

Ahora dedica a los pezones el mismo tratamiento que antes mereció la lengua... golpea, lame, chupa, y succiona cada uno de los pezones de Óscar, ante los movimientos cada vez más acelerados del pecho de Óscar, al ritmo de su respiración jadeante que marca la cadencia de la lengua y de la mano que sigue presionando ese bóxer que se interpone como una barrera. Carla levanta la vista, se separa con pena de esa piel de la que se está alimentando, y con un suave movimiento se desliza hasta el suelo, donde queda arrodillada entre las piernas de Óscar... baja los ojos lentamente, repasando con la vista eso que su lengua ha conocido tan bien, y alarga las manos decididamente hacia la cinturilla de los pantalones... cuando empieza a estirar de ellos hacia abajo, Óscar colabora levantando el culo del sofá y dejando que Carla le ayude a quitárselos... Carla le quita los zapatos y aparta los pantalones a un lado, y apoya sus manos en las rodillas de Óscar... suben acariciantes, y levemente pasa el dorso de la mano por el bulto de los bóxer... y nota la respiración repentinamente contenida de Óscar cuando toma entre sus dedos la cintura del bóxer y empieza a estirarlo.... ante sus ojos aparece el pene erecto de Óscar, y Carla acaba de quitarle el bóxer antes de prestarle toda su atención, lo mira, y tímidamente, por primera vez en mucho rato, alarga la mano para pasar un dedo por abajo, recorriendo toda la polla desde los huevos hasta el capullo.... las manos de Óscar se aferran más fuerte al sofá cuando contempla como Carla se lleva un dedo a la boca, lo chupa, lo ensaliva y después vuelve a dirigirlo a su polla, haciendo el mismo recorrido pero en sentido inverso provocándole un nuevo estremecimiento...

Óscar espera expectante cada nuevo movimiento de Carla, aguantando la respiración, descubriendo segundo a segundo a esa mujer que creía conocer tan bien.... una mano que se cierra sobre sus huevos, que los aprieta, la otra mano que agarra con determinación su polla, que la levanta, y una boca decidida que se acerca para lamer y chupar sus huevos, que atrapa uno de ellos entre sus labios y lo hace desaparecer en la boca, donde es succionado, lamido, chupado, tragado, mientras los gemidos se escapan de las bocas de los dos... una última lamida, y la lengua que por fin empieza el camino hacia el capullo.... Carla agarra firmemente la polla con una mano, mira a los ojos de Óscar, y sin apartar la vista de ellos, saca la lengua y lame el capullo... para un momento, suaves golpecitos con la lengua, y Óscar ve como su polla desaparece dentro de la boca de Carla... no puede evitar echar la cabeza hacia atrás y cerrar los ojos, y levantar la cadera hacia esa cálida y húmeda boca que lame hambrienta su miembro, que lo aprieta entre los labios, que lo recorre entero presionando, mientras la mano en la base va cerrándose y abriéndose... labios y mano van recorriendo toda su polla en sentido inverso, encontrándose y separándose, desapareciendo completamente su polla dentro de esa generosa boca... un segundo más tarde sale de ella y gime casi con desilusión hasta que la boca de Carla vuelve a capturarla con ansia y empieza todo otra vez... Óscar vuelve a mirar, vuelve a mirar a esa Carla tan desconocida y tan conocida a la vez... y no puede evitar un segundo de desesperación cuando ve como Carla, con una última lamida a toda la longitud de su polla, la libera, apoya sus manos en las rodillas y se levanta, para quedar de pie ante él... contempla a la mujer que tiene delante, su cuerpo apenas cubierto y susurra...

- Desnúdate, Carla...

Carla lleva las manos hacia la espalda y con un movimiento certero abre el cierre del sujetador; los tirantes empiezan a deslizarse sobre los hombros, y suavemente Carla se despoja de él... no se siente nada tímida en esos momentos, sino más bien ansiosa de ser contemplada en toda su desnudez... sus pechos ruborizados, pequeños, pero bien formados aparecen ante la vista, coronados por los pezones erectos que dan muestra de su excitación... sus dedos se dirigen ahora hacia la cinturilla del tanga, se introducen en esa estrecha tira, la estiran y entonces Carla lentamente gira, para mostrarle a Óscar su espalda... se agacha para poder bajarse el tanga, ofreciéndole una perfecta visión de su culo respingón y ligeramente generoso... ante eso, Óscar no puede evitar dirigir su mano hacia su polla, aún húmeda por la boca de Carla, y acariciársela rítmicamente... se detiene bruscamente cuando se da cuenta que Carla ha girado la cabeza y está
observándole...

- Sigue, sigue, por favor......

Óscar siente una punzada de vergüenza, como si le hubieran pillado pajeándose detrás de una puerta, pero ante la petición de Carla continúa tocándose.... No puede apartar su vista de los ojos de Carla, que miran hipnóticos como su mano recorre su polla, y se excita aún más viéndola abrir levemente los labios, para dejar escapar suaves gemidos... el cuerpo de Carla brilla de sudor y la encuentra más bella y deseable que nunca.... Carla lleva una mano hacia su sexo, y él sigue esa mano con la vista, para descubrir un coñito completamente rasurado, que de repente desaparece ante la mano de Carla, que frota arriba y abajo, abajo y arriba..

- Ven aquí....

Carla se acerca lentamente a Óscar, vuelve a sentarse sobre él, y los dos cuerpos por primera vez completamente liberados de sus ropas, se abrazan, se funden, mientras vuelven sus bocas a unirse. Óscar coge a Carla de la cintura y con un movimiento un tanto brusco, la empuja hacia el lado y la tumba sobre el sofá. Abre sus piernas, una pierna queda colgando a un lado y la otra la sube sobre el respaldo y se coloca de rodillas entre sus piernas; desde esta posición mira a la mujer que se le ha ofrecido esta noche y alarga una mano para acariciar el sexo de Carla, húmedo, muy húmedo, mojado, completamente mojado, y sus dedos se mojan al acariciarlo... con la mirada de Carla fija en él, lleva su mano a la boca y chupa uno a uno sus dedos, probando su sabor...

Vuelve la mano hacia ese coñito empapado y suavemente desliza un dedo en su interior, lo deja allí mientras contempla como la boca de Carla deja escapar pesadamente su respiración entrecortada y como su lengua recorre sus labios... con el dedo aún dentro, alarga el pulgar hacia el clítoris, completamente duro, y empieza a masajearlo con suaves movimientos circulares, mientras nota como su mano va empapándose cada vez más.... de repente siente la necesidad de beber ese néctar, de saciarse de la excitación de Carla, y a su pesar, saca su dedo de ese nido cálido y acogedor, pasa las manos por debajo del culo de Carla y eleva la fuente del placer hacia él, no puede evitar sonreír cuando nota como la respiración de Carla se detiene bruscamente, y vuelve a esbozar una sonrisa cuando, ante el contacto de su lengua con ese coñito empapado, la respiración de Carla vuelve a ser pesadamente jadeante, su lengua recorre todo el coñito, secándolo a su paso, pero volviéndose a humedecer enseguida llega hasta el botón del placer y lo lame y lo chupa, queriendo devolverle el placer que antes ella le proporcionó,desearía hacer eterno ese momento, pero sabe que el deseo de Carla necesita ser liberado, baja la lengua hasta encontrar la entrada de la cueva, se abre paso, recogiendo cada gota que de ella sale, y empieza a follarla con la lengua, metiendo su lengua rápidamente en ella, aguantándola firmemente, mientras nota como Carla empieza a convulsionarse por el orgasmo que se avecina y como una tormenta, estalla todo el orgasmo de Carla en su boca, sin dejar escapar ni una sola gota de su liberación, bebiendo hasta el último de sus jugos, saciándose con ellos.

Los gemidos de Carla van apaciguándose lentamente, recuperando la respiración, con una sonrisa satisfecha en su cara, pero con la promesa de algo más Óscar abandona penosamente su coñito, una última lamida, y empieza a subir por el cuerpo de Carla, recorre con lengua, manos y dedos el camino ascendente, sorbiendo su sudor, dejando su propia estela, empapándose de su olor y dejándole el suyo, cuando llega a sus pechos se detiene, los mira, los acaricia, los aprieta, los abarca con la mano, y baja la boca para saborear sus pezones, juega con ellos, los mete en la boca, y Carla arquea su cuerpo hacia él, queriendo unir cada milímetro de sus cuerpos.

- Bésame

Óscar abandona sus pechos y sube de nuevo para saborear su boca, el beso es ahora igual de profundo que los anteriores, pero los dos descubren un nuevo sabor en ese beso, el sabor entremezclado de sus pieles, de sus placeres, de sus sudores. Quedan tendidos los dos en el sofá, ese sofá que siempre le había parecido estrecho, y ahora comprueba que es casi demasiado ancho, se abrazan los dos, y Carla toma la mano de Óscar con la suya y vuelve a dirigirla hacia su sexo. Él se deja guiar, y vuelve a acariciar ese coñito rasurado, que sabe que le espera.

- Siéntate en el sofá dice Carla contra su boca

Óscar se separa de ella, se sienta en el sofá, y Carla se coloca sobre él, lentamente baja la mano entre los dos, agarra la polla de Óscar y la dirige hacia su coñito, deja que el capullo vuelva a empaparse de ella, y lo restriega sobre su sexo, para dirigirlo en la dirección adecuada y sentarse de un golpe sobre él mientras los dos dejan escapar bruscamente la respiración, la polla entra fácilmente en ella, la llena, la colma. Óscar busca con su boca sus pechos y empieza a arañarlos con los dientes, a mordisquearlos suavemente, mientras agarra a Carla de la cintura para indicarle el movimiento, Carla empieza a subir y bajar, a moverse sobre la polla de Óscar, lentamente pero con determinación, cada vez más intenso, más profundo, más firme, más rápido, cada vez más fuerte...

El nota como su polla y sus huevos cálidamente se humedecen y baja la mano entre los dos, para poder acariciar el clítoris que está nuevamente duro, las caderas de Óscar acompañan en el movimiento a Carla, y el sonido de sus respiraciones, de sus jadeos, de los cuerpos golpeando al encontrarse, de los sexos de los dos al empaparse, es el sonido que les acompaña, se abrazan los dos, los pechos de ella aplastados contra él, y la boca de Óscar que susurra en el oído de Carla.

- Déjame follarte a 4 patas- Dice un Oscar desatado.

Carla asiente, excitada, muy excitada, y se levanta de encima de él para deslizarse hacia el suelo, allí se pone de rodillas apoyándose en el sofá, las manos de Óscar sobre su culo, acariciándolo, que se dirigen nuevamente a su coñito, que vuelven a restregar todo su sexo, Óscar se apoya sobre ella, nota su polla muy dura sobre su culo, y sus manos que buscan sus pechos para apretarlos y pellizcar primero suavemente y luego más fuerte sus pezones, mientras su lengua y su boca besan su nuca, en ese momento, Carla ve su bolso abandonado mucho rato antes en el suelo, al lado del sofá, y casi sin pensar alarga la mano hacia él, para abrirlo, y sacar el móvil de su interior y llamar a Marcos... Marcos por el que está follando con Óscar. Saca el móvil y a duras penas consigue localizar a Marcos en los números programados, en ese momento, es consciente de que Óscar se está separando de ella, de que se está irguiendo detrás de ella, nota como él dirige su polla hacia su coñito nuevamente, y le oye decirle.

- Carla, mírame.

Vuelve los ojos hacia él, y las miradas de los dos se encuentran llenas de deseo, mientras la polla de Óscar penetra en su cuerpo con un firme golpe de caderas y empieza de nuevo el movimiento rítmico, fuerte, de los dos cuerpos separándose y uniéndose, de los huevos de él golpeando en su sexo cada vez que los dos cuerpos se unen y esperando el nuevo momento, cada vez más fuerte...

En ese momento en que los pensamientos de Carla se hallan concentrados en su sexo, en su inminente orgasmo, en su placer, en ella misma, su mirada vuelve a encontrarse con su móvil y ese mensaje de ¿Llamar a Marcos? y mientras su mano derecha va hacia su sexo, para calmar su clítoris, y para acariciar la polla que entrando y saliendo de ella le está dando tanto placer, su mano izquierda toca el botón del OK. Carla sabe que pronto se correrá, que el orgasmo estallará dentro de ella, ese orgasmo que supuestamente es una orden, pero que ella ya sabe que no lo es, es su placer, y por eso ha decidido que Marcos lo oiga, que oiga como ella se corre, que se pajee si quiere a su salud, pero que es porque por primera vez ella lo ha decidido y de repente para ella, todo deja de ser importante excepto su mano moviéndose cada vez más rápido sobre su clítoris, el peso de Óscar sobre su espalda, sus movimientos cada vez más bruscos, sus pechos que se mueven delante y detrás con cada embestida de las caderas de Óscar, las bocas que se buscan en un momento, las oleadas de placer que empiezan a recorrerla, tres embestidas más fuertes y más profundas de Óscar a sus espaldas, y una oleada de leche caliente que nota que la invade por dentro, los espasmos de Óscar a sus espaldas, y de repente todo su ser se vuelve onda, una onda que empieza en su sexo, y se desplaza a la velocidad del sonido por todo su cuerpo, hasta que llega a sus pulmones y escapa por su boca en forma de grito de placer, que llega a ahogar a los jadeos de Óscar que sigue dentro de ella. Y por fin, los dos cuerpos sudorosos, jadeantes, colmados, caen sobre el suelo, abrazados.
 

por Dominance
 
 

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