15:08 h. 
 
Cada día era la misma situación. Sabía que ella llegaba a las 15:08 h. a aquella parada de metro, donde hacia transbordo para coger el tren. Cada día, a las 15:08, cuando se abrían las puertas del metro, el segundo vagón segunda puerta, salía ella.

Día tras día yo la esperaba sentado en el andén del metro. Cuando el reloj de la estación se acercaba a la hora de siempre, se aceleraban las palpitaciones de mi corazón. Un año de amor en silencio, un año de amor anónimo.

Yo la seguía por aquellos largos pasillos hasta la estación del tren. Pasillos oscuros de un blanco deslucido. Pasillo con olor a orines de incontinentes y borrachos. Pasillos que ella llenaba de luz cada vez que avanzaba con paso firme.

Al amparo de la muchedumbre, yo la seguía a cierta distancia, la suficiente para no perderla de vista y de escuchar su firme taconeo que retumbaba por las paredes y por mis tímpanos. Horas después del diario encuentro, en mi soledad seguían sonando sus pasos en mi cabeza.

Al llegar a la estación me situaba lejos de ella. Esperaba que el tren entrara en la estación hasta que ella subiera. Entonces, cuando el tren arrancaba, avanzaba por el andén hasta cruzarme con su cara. Siempre sentada en el mismo sitio, el segundo vagón, mirando através dela ventana.

Algunos días la miraba de reojo, otros ni me atrevia a levantar la cabeza. Cinco días a la semana. Apenas unos minutos, apenas unos instantes, los suficientes para llenarme de ilusión y esperanza. ¿Se fijará en mi? ¿Me habrá visto? ¿Sabrá quien soy?. Siempre las mismas preguntas sin respuesta.

Hoy no puedo más , han pasado muchos días desde que empezaron sus vacaciones, muchos días de ir a la misma hora a la estación y no encontrarla.
 

Hoy seguro que aparece de nuevo.

14:59 h  Me siento el lugar de siempre. Solo faltan 9 minutos. Abro el periódico para volverlo a cerrar.

Mientras espero, me la imagino en casa, desvistiéndose. Desabrochando uno tras otro los botones de su camisa, colgándola en el armario. Quitándose los zapatos. Quitándose los pantalones. Sólo con la ropa interior mirándose en el espejo. Con sus manos hurga en su espalda para liberarse de su sujetador. Sus pechos, cálidos y suaves salen desafiantes. Ella siempre se los acaricia como si quisiera colocárselos, como si quisiera levantarlos. Pero no hace falta. Son tersos y juveniles. Vencen la ley de la gravedad.  Gira sobre su cuerpo, mirándose en el espejo; primero el perfil derecho, después el perfil izquierdo. Una sonrisa sale de sus labios. No esta mal. Ella se gusta.

Las manos en su cintura. Se dispone a quitarse las bragas: Las deja que se deslicen por sus piernas hasta llegar al suelo. Las conduce con el pie hasta sus manos. Se las lleva a la cara, como si quisiera olerlas. Las lanza al cubo de la ropa sucia. Se queda desnúda del todo ante el espejo. Con ambas manos en su vientre alisa el vello negro y abundante. Con  sus dedos lo desenreda. El contacto de sus dedos con esa zona sensible hace que se estremezca. Junta las piernas, aprieta los muslos. Nota que la pasión sigue viva. Aprieta las manos contra el pubis. Complacencia solitaria.
 

Quiero que sea diferente, hoy tiene que ser diferente.

Me gusta que se ponga su bata de seda, que compite en suavidad con su piel. Su bata de seda floreada. Que se acueste en la cama, que extienda los brazos, extienda sus piernas y espere que el cielo caiga sobre ella.

Con mi boca entreabierta, retiro la bata. Descubro sus pechos, sin rozar su cuerpo, haciendo equilibrios. Quiero rozar con mis dientes esos pezones rosados y frágiles. Su estremecimiento me anuncia que voy por buen camino. De un pecho paso al otro. Sólo un contacto fugaz de mis dientes. Después es mi lengua quien toma el relevo, sutilmente, dibujando laberintos en su dermis. Dibujando filigranas. Sólo escucho sus gemidos. Convulsiones cortas. Movimientos espasmódicos. Sonidos ahogados salen de su garganta. Su dermis se eriza. Y sus pezones firmes y duros resisten los embates de mi músculo húmedo.

Entre los dos pechos, como en medio de un valle , flanqueado por erguidas montañas , estampo un beso. Un beso suave, dulce, cálido....un beso de amor.

Mi lengua se desliza por su cuerpo dejando un reguero de saliva caliente. Bajando despacio, muy despacio, hasta alcanzar su estómago. Alcanzando su ombligo. Su vello acaricia mi barbilla. Mi boca abierta la besa de nuevo. Esta vez en su pubis. La abertura de sus piernas autoriza mi exploración. Mi lengua como aventurero en busca del tesoro, alcanza su paraíso. Paraíso carnoso, paraíso caliente que ya empieza a rezumar jugos conocidos. Su olor me embriaga y hundo mi boca entre la carne trémula de la rosa del amor. Mis manos alcanza tu vientre mientras no dejo de recorrerla, de lamerla , de saborearla. Cierra los ojos.  Se muerde la lengua. Aguanta la respiración. Quiero que se vacíe en mi cara. Quiero que explote. Quiero hacerla sentir.
 

15:08  El Convoy alcanza el andén. Se detiene. Se abren las puertas. Ahí está. Mi corazón se paraliza. Me levanto y sigo su estela invisible. Sigo el sonido armónico de sus pasos. Avanzo detrás de ella. Como siempre me siento invisible. Como siempre, sigo en mi anonimato. Avanza por el largo pasillo. Luces familiares, olores familiares. Hoy tiene que ser el día. Llegamos al andén de la estación. El ferrocarril no tardará en llegar.

¿Se fijará en mi? ¿Me habrá visto? ¿Sabrá quien soy? Preguntas sin respuesta.

Por los altavoces se anuncia el pequeño retraso. La veo contrariada, molesta. Empieza a andar por el anden. Nerviosa. Se acerca. Me quedo inmóvil. Se acerca. Pasa a mi altura, giras la cabeza y sonríe. Apenas he oído un "hola" dulce que han salido de tus labios. No puede ser. SE HA FIJADO EN MI. ME HA VISTO.

Sigo inmóvil. Un ruido sordo avanza por el túnel. Se ha alejado de mi . Mi mirada no se atreve a seguirla. El tren, con estruendo sordo, entra en la estación.
Se para. De reojo, veo que sube rápidamente. ...Ahora o nunca... El corazón me va estallar. Avanzo hasta  puerta. Subo. Entro en el compartimento. Esta sentada. Me vuelve a ver.... Ahora o Nunca... No respiro. Todo es silencio. El tiempo se hace eterno hasta que me siento a su lado  ...Ahora o Nunca.....
Dejo el bolso sobre mis pies. Arreglo mi falda y le digo:

-¿Quieres hacer el amor con una mujer?.
 

Alatriste

 

Volver a la pagina de ALATRISTE