Lo hubiera violado antes
Capitulo
Era una tarde gris. La lluvia se veía caer afuera de las ventanas de la oficina. Mi jefe acababa de llegar y se le notaba cansado por el largo manejo de vuelta de una reunión revisando propiedades para desarrollo urbano.

Se sentó en su escritorio y me llamó por el intercomunicador, pidiéndome que le lleve una taza de café. Fui hasta la cocineta y preparé el café con dos cucharillas de azúcar, como a él le gustaba. Enseguida pasé a su despacho y puse el café sobre el escritorio frente a él. Para hacerlo, me había colocado junto a donde él se hallaba sentado. Al agacharme, noté que él dirigió su mirada al escote que mi blusa formó en ese momento. Di la vuelta al escritorio y me senté frente a él, mientras sorbía de su taza de café. De pronto, me preguntó si alguna vez usaba sostén. Yo le respondí que casi nunca. El se rió y me dio una mirada picaresca, diciéndome que así lo había notado. Además, me dijo, no había realmente un motivo valedero para usar sostén, en vista de que poseía unos senos llenos y bien formados.

Mientras me decía esto, me devoraba todo mi cuerpo con su mirada. A mi, lejos de ponerme incómoda, lo disfrutaba grandemente. Mi falda se había subido un poco, dejando entrever la línea blanca por encima de las medias que llevaba y mientras miraba mis piernas me preguntó si llevaba algo debajo de mi falda. A lo que yo respondí que no. Con una voz, mezcla de mando y de ternura, me pidió que abriése las piernas para ver. Yo abrí lentamente mis piernas y la falda se corrió para arriba aún más dejando expuesta mi vagina a su vista.

Toda la situación me había excitado muchísimo y mi coño se hallaba lubricado por mis propios jugos. Instintivamente dirigí mi mano hacia mi entrepierna y empecé a acariciarme la chucha. Sentía la suavidad de sus pliegues y por debajo de mi piel sentí mi clítoris poniéndose cada vez más duro. Levanté mi vista para mirarlo y vi a mi jefe mirándome fijamente a lo que yo estaba haciendo y mojando sus labios con su lengua.

Me pidió que me levantara de la silla y que viniera al lado suyo. El retiró su silla sin levantarse, haciéndola un poco más atrás del escritorio y retirando lo había delante de él en el mismo me pidió que me sentara sobre el escritorio en frente de él. Así lo hice y el tomó mis piernas y abriéndolas las puso una a cada lado suyo apoyando mis pies sobre cada uno de los antebrazos de la silla. esto hacía que mis piernas estuvieran abiertas y levantadas dando una magnifica vista de mi chucha ante sus ojos. El empezó a acariciarme las piernas y a darme besos por aquí y por allá en ellas. Poco a poco fue dirigiendo sus besos hacia el centro hasta que llegó cerca de mi chucha. Sin apresuramiento, empezó a besar y lamer los contornos de mi chucha. Esto a mi me volvía loca y empecé a gemir y a morderme los labios. Al mismo tiempo, yo movía mis caderas tratando de que en cada movimiento se acercara cada vez más a mi chucha, pero noté que mis intenciones eran en vano, pues parecía intuir los mismos y no permitía que su lengua llegara a mi chucha.

Poco a poco, él mismo fue acercándose y cuando vio el momento adecuado, metió de un solo golpe su lengua en mi chucha mandando olas de placer a todo mi cuerpo. MI jefe metía y sacaba su lengua despacio de mi chucha y así se mantuvo haciéndolo por un buen tiempo. Cuando sintió que yo iba a acabar, sacó su lengua y empezó a lamer mi clítoris. Este al contacto con su lengua se ponía cada vez más duro. Sus movimientos arriba y abajo eran verdaderamente los de un maestro. Yo ya no aguantaba más. Sentía que mi cuerpo empezaba a convulsionarse por el orgasmo que venía creciendo dentro de mi. Cerré mis ojos dispuesta a dejarme llevar por tanto placer y él intuyendo lo que pasaba, cogió todo mi clítoris dentro de su boca y comenzó a mamarlo con fuerza al tiempo que con su lengua lamía la boca de mi chucha. No pude contenerme más. Tuve un orgasmo gigantesco y sentía como mis jugos fluían de mi chucha a torrentes que él expertamente tomaba y mamaba.

El retiró su silla aún más del escritorio y yo me bajé del mismo colocándome arrodillada entre sus piernas. Desabroché su pantalón y saqué su verga despacio. Empecé a besarla cariñosamente. Con besos recorría desde la cabeza hasta la base de su verga. Igualmente, empecé a lamerla por todos lados y besé la gotita de lubricante que se había formado en la punta de su cabeza. En ese momento aproveché para empezar a chupar esa preciosa verga y a introducirla en mi boca cada vez más profundamente. Al sentirse excitado, mi jefe se levantó de su silla y se hallaba parado frente a mi con su verga en mi boca. Poco a poco empezó a moverse forzando su verga cada vez más adentro de mi boca. Tomó mi cabeza con sus manos y la sostuvo fuertemente y con sus movimientos me estaba culeando mi boca.

La idea de que mi boca estaba siendo culeada me excitaba sobremanera. Yo distendía los músculos de mi mandíbula lo más que podía para facilitarle el acceso cada vez más profundamente. Pronto llegó a mi garganta. Al principio sentí la reacción propia de introducir algo tan profundamente, pero pronto esa sensación cesó y permití que su verga penetrara completa en mi boca. El seguía con sus movimientos desde afuera hacia adentro dándome un placer que no había conocido antes. Pronto sentí que los músculos de mi estómago se tensionaban avisándome la venida de otro orgasmo. Introduje tres dedos de mi mano en mi chucha y empecé a meterlos y a sacarlos con fuerza a medida de que el orgasmo se me venía. Pronto sentí que su verga se ponía más dura y se abultó dando salida a su semen que en chisporrotazos pasaba directamente a mi estomago por mi garganta. En ese momento sentí un orgasmo fuertísimo, más fuerte que el primero y más largo. El cayo sentado en la silla exhausto y yo me acurruqué entre sus piernas abrazada a ellas. Así permanecimos algunos momentos.

Cuando me hube recobrado lo suficiente, empecé a besar su verga otra vez. Poco a poco, ella fue parándose de nuevo. Me permitió que le mamara por unos minutos y luego me levantó del suelo y me hizo sentar con las piernas abiertas de frente a él. Me pidió que con mi mano dirigiera su verga hacia mi chucha y que me acariciara la misma con ella. El placer de dirigir aquel miembro en su aprovisionamiento de placer a mi chucha era enorme. Yo la introducía un poquito dentro de mi y la sacaba nuevamente y restregaba mi clítoris con ella.
 

Suavemente, a susurros, él empezó a decirme que hiciera después. Me ordenaba que la sobara entre los pliegues de mi chucha, que la introdujera un poquito, que la apretara contra la parte de abajo de mi apertura y que la subiera otra vez. Mis jugos salían a borbotones. Toda su verga estaba lubricada por ellos. El me pidió que bajara más su verga hasta llegar a la apertura de mi culo. Lo cual hice con gran placer. Sentía olas de placer elevarse desde mi ano. Traté de introducir un poquito de ella allí, pero el me dijo que no todavía. Seguí frotándome toda yo con su verga hasta que ya no aguanté más y comencé a tener un orgasmo que parecía no parar. El mientras tanto, me había abierto la blusa y estaba mamándome las tetas con fuerza, mordiéndome los pezones y acrecentando mi orgasmo. Finalmente acabé. Quedé exhausta sobre él.

Me hizo levantar y me dio la vuelta e hizo sentar en su regazo de espaldas a él. Con su mano dirigió su verga hacia la apertura de mi culo y la introdujo un poquito. Al principio sentí un poco de dolor, pero ese dolor fue nada más que el anuncio de lo que venía. Mis músculos se fueron distendiendo permitiendo que su verga entrara en mi culo cada vez más y más. El placer era genial. Finalmente cuando toda ella estaba dentro de mi comencé a mover mis caderas haciendo que esa preciosa verga entrara y saliera cada vez con mayor fuerza de mi culo. Me abrazo con sus brazos y con la una mano me acariciaba las tetas y con la otra empezó a acariciarme y frotarme el clítoris. Yo movía mis caderas cada vez con más fuerza. El, con sus sonidos, me hacía saber que disfrutaba grandemente de mis movimientos Otra vez, los músculos de mi estómago se tensionaron dejándome saber que venía otro orgasmo. Y, qué orgasmo. Cerré mis ojos con fuerza y permití que todo mi ser se llenara de placer. Sentía cada movimiento de sus manos, de su verga dentro de mi culo. Llevó la mano que había estado acariciándome las tetas hasta mi boca e introdujo uno de sus dedos en mi boca. Instintivamente empecé a chupárselo, a mamárselo con todo mi corazón. Igualmente, introdujo dos de sus dedos dentro de mi chucha y empezó a frotarme por dentro en la parte superior de mi vagina.
 

Sentí un placer enorme al darme cuenta que todos mis orificios corporales estaban llenos, por primera vez. Inmediatamente sentí las convulsiones propias de un orgasmo y comencé a tenerlo de manera fuerte y sostenida. El, igualmente comenzó a terminar dentro de mi culo y yo sentía cada uno de sus chorros dentro de mi. Qué maravilla, pensé. esto es lo más rico que he sentido en mi vida. Finalmente, el sacó su verga de mi culo y sus jugos empezaron a salir del mismo regándose por mis piernas. Me tomó en sus brazos y haciéndome sentar en su regazo me abrazó y beso en la boca y los dos nos quedamos adormecidos por unos minutos.

Finalmente, nos pusimos de pie y nos vestimos, fuimos al baño y nos arreglamos lo mejor que pudimos. Salimos de la oficina, ya era de noche. Me llevó a mi casa y al despedirnos me dio un gran beso y me dijo hasta mañana. Yo entré a mi casa pensando que si yo hubiera sabido que el sexo con mi jefe era así, lo hubiera violado hacía mucho.
 
 
 

 ue con ella no jugase.
 Octavio

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