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Hola soy Nayara, esto es una carta que un día apareció en mi buzón, no sé por qué el cartero la puso allí.................... Espero que os guste, yo cuando la leí, me puso a 100 y ya os podéis imaginar lo que pasó después.Yo trabajo en una oficina, hace seis años hubo muchos cambios internos y entre ellos entró una compañera nueva. Yo tenía 25 años y la nueva compañera 34. Era una mujer morena, de baja estatura, pero lo que más me llamó la atención de ella eran sus pechos, jamás había visto unos pechos tan firmes y unas piernas tan esbeltas. Realmente me encantaba todo su cuerpo, a pesar de haber tenido ya dos hijos. Era bastante provocadora, tanto en la forma de vestir como en la de hablar. Sin embargo lo tenía muy claro, no quería nada con ninguna compañera del trabajo, ya se sabe los malos rollos que pueden traer.
Con el paso del tiempo hicimos una amistad entrañable, ella aunque era española, había pasado casi toda su vida en Noruega, por lo que no entendía muy bien las costumbres españolas. En esos momentos pasaba por graves problemas en su matrimonio y yo con mi pareja. Un día después de trabajar, nos quedamos casi toda la oficina tomando una cerveza, cerveza que duró hasta las 3 de la mañana. Debido al estado de embriaguez que yo tenía, me lancé a por ella, de todas las formas posibles, pero ella me rechazó. Pensé que sería el final de nuestra relación, pero al contrario, al día siguiente estuvimos hablando de lo que pasó y me dijo que ella también sentía mucha atracción por mí, pero que sus principios no la dejaban, ya que era una mujer casada y además éramos compañeros de trabajo. A partir de ese momento, nuestra amistad siguió estrechándose y yo, sabiendo que la gustaba, no dudaba en tirarla los tejos cuando se me presentaba la ocasión.
Pasó un año y la empresa nos mandó a los tres vendedores a Brasil, pero ella como fue la que preparó todo el viaje y llamaba tanto la atención pasar 9 días en Brasil, consiguió apuntarse. En mi mente no había otra cosa que qué podría pasar 9 días las 24 horas juntos, en hoteles y playas de Copacabana y en el maravilloso ambiente que te rodea en las Cataratas de Iguazú.
El primer día que llegamos, no sé si por la excitación o por el mismo cansancio no notamos el cambio horario que tanto hablan. Estuvimos de marcha toda la noche, ella y yo solos. A altas horas de la madrugada, con algunas copas de más, me lancé a ella, la arrinconé contra la pared y fui directo a sus labios, esperando un bofetón, recibí una caricia de su lengua a la mía, estuvimos besándonos durante más de media hora. Era el momento más sensual que había vivido en mi vida. Su lengua era suave, como la seda, recorría todos los rincones de la mía, su respiración era cada vez más fuerte, sentía como el aire que soltaba, pegaba contra mis labios.
Cada vez que ella respiraba, sentía como se me clavaban sus pezones erguidos en mi pecho, sentía como si yo tuviese manos en el pecho y estaba acariciando sus senos. Mi excitación era inmensa, pero de repente, se retiró y dijo que no podía ser que nos fuéramos. Al llegar al hotel, cual fue mi sorpresa cuando me dijo que la daba mucho miedo dormir sola, que me invitaba a una copa si dormía a su lado, pero en la otra cama, que ni me imaginara que era una invitación para tener sexo. Ya nos íbamos a la cama y, aunque eran dos camas, estaban juntas, ella me dio la espalda, yo aproveché para abrazarla por la cintura, situación que hacía que sus pechos descansaran sobre mi mano. Eso empezó a excitarme así que me acerqué más a ella, situando mi miembro, que ya estaba bastante duro, contra su trasero y empecé a besarle su desnuda espalda. Dormía con un camisón que la dejaba toda la espalda desnuda. Como me dejaba hacer, yo no perdía la oportunidad, y empecé a rozar su espalda y su cuello con la punta de la lengua. Hasta ahí aguantó y me dijo:
- “ Bueno, parece que estás un poco nervioso, ¿quieres que te de un masaje para tranquilizarte? Mis amigos dicen que los doy muy bien.”
Estaba en calzoncillos, por supuesto porque ella me lo permitió. Me tumbé boca abajo y ella se sentó encima de mí, con una pierna en cada lado. Me untó la espalda con crema y empezó a acariciar mis músculos. La sensación de frescor de la crema y la pequeña presión que ejercían sus maravillosas manos sobre mi espalda hizo que mi sexo endureciera y se convirtiese en una fuente de calor. Mi grado de excitación era bastante alto, pero el de ella también, empecé a sentir bastante calor en mi trasero, era el calor que desprendía su sexo. Sin embargo no hice nada, pues ya habían sido demasiadas calabazas ese día, la dejé hacer a ella. Cada vez era más fuerte el calor y la humedad que emanaba de su sexo. Después de un rato frotando sus manos contra mi espalda, continuó al mismo ritmo frotando su sexo contra mi trasero, lo que hacía que mi miembro se frotara contra las sábanas. Ella estaba totalmente caliente, sabía que ya no se me resistiría y que si seguía frotándose así, haría que yo me corriese en las sábanas. Así que conseguí darme la vuelta quedando ella encima de mí, su sexo contra el mío y sus pechos ante mis ojos. En el momento que su sexo sintió el mío, dio un gemido que casi hace que me corriese.
No pude aguantar y mis manos se lanzaron a sus hombros, para deslizar por sus brazos los tirantes del camisón, con su ayuda conseguí sacarla los brazos. La imagen que conseguí hizo que se estremeciera todo mi cuerpo. Sus pechos cortando la brisa del mar que entraba por la ventana y sus brazos totalmente en alto, lo que hacía que sus senos se levantaran aún más. La yema de mis dedos acariciaban sus pechos, las palmas de mi mano sus pezones, que se me clavaban como agujas, pero me hacían sentir el mayor placer de mi vida. Ella tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, medio jadeando y haciendo círculos con su sexo en el mío. Bajó su boca a la mía y me introdujo su lengua, buscando la mía. Al mismo tiempo me estiraba todo lo que podía para acariciar su precioso culo, por debajo de sus braguitas, suave como la seda, duro como las piedras y fresco como las olas del mar. Conseguí quitarle las bragas y tener todo su cuerpo desnudo encima de mí. Empezó a arrastrarse por mi cuerpo, lamiendo mi pecho y mordisqueando mis pezones, siguió bajando pasándome la punta de la lengua por todo mi cuerpo, mientras me quitaba los calzoncillos. Mi miembro estaba a punto de reventar, me dolía de lo duro que lo tenía. Se lo embutió todo en su boca y empezó a chupármela desde la punta hasta los huevos, sin sacársela, muy despacio, después pasó a darme lengüetazos en la punta del capullo, era lo mejor que me había ocurrido nunca, no sé si porque lo hacía muy bien, o porque era algo que deseaba con todas mis fuerzas. Estaba a punto de correrme, por lo que la avise, pero a ella pareció no importarle y continuó mamando hasta que mi miembro terminó de escupir todo el semen en su garganta, luego continuó comiéndose el resto de él que había quedado en mi capullo.
Después de llamarme cabrón, desgraciado y todo lo que se le ocurrió, se lanzó a mis labios y nos besamos y acariciamos apasionadamente, con lo que logré recuperar energías y mi sexo volvió a ponerse duro. Nada más verlo, se levantó y se clavó mi miembro en su lubricado y húmedo coño. Estuvo cabalgando encima mío durante un largo rato, jadeando, chillando de placer. En ese tiempo se corrió dos veces, pero seguí galopando, cada vez más fuerte, mientras se pellizcaba las tetas y me decía: “ ah cabrón, que bien follas, si sé esto te hubiera follado antes, sigue, sigue”. En este momento acabamos los dos con un gran orgasmo, con el que inundé su cuerpo de semen.
por Chalexal
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