"Anti-stress"
 por Discoleta
Sonó la puerta. A penas tuvieron tiempo para colocarse la ropa cuando la manilla de la puerta empezó a moverse y apareció Don Javier.

- Señorita Gómez, estaba buscándola. ¿Tiene para mucho?

- Sólo serán diez minutos – dijo ella, aún con las mejillas acaloradas, en un tono que sonó a insubordinación.

- Está bien, en diez minutos en mi despacho.

Y cerró la puerta.

- ¿Diez minutos?.

- Serán suficientes - dijo abriéndose de nuevo la blusa y dejando al descubierto su exhuberancia femenina.

- ¿Y para qué quiere el jefe que vayas a su despacho?- rodeaba sus pechos con las manos mientras con los pulgares acariciaba los pezones.

- No sé... supongo que es normal que un jefe reclame a su secretaria ¿no? – ya se había remangado la falda y de un empujón le había sentado sobre su silla. Su coño quedó a la altura de su nariz.

- Supongo... .

Y acercó su boca a la húmeda y rala vagina.

- A no ser que haya vuelto a discutir con el subdirector...

Apoyó su culo sobre la mesa y abrió bien las piernas para notar la suave lengua haciendo círculos en su clítoris. Su flujo se mezclaba con la saliva.

- ... y necesite relajarse.

- ¿Relajarse? – se sorprendió él retirando su boca bruscamente pero continuando el masaje con la yema de su índice.

- Sí, ya sabes. El subdirector es muy soberbio y esas discusiones le estresan.

Movía su cadera acompasadamente.

- ¿Y cómo le ayudas a relajarse? Si puede saberse.

- Pues... depende.

El clítoris se hinchaba. El orgasmo estaba cerca.

- ¿De qué?.

- De lo que le apetezca.

Paró sin ninguna consideración y sujetándola por las caderas la atrajo hacia sí.

- Venga, suelta.

De un solo movimiento metió su polla en el mojado coño.

- A veces su propia adrenalina le provoca tal excitación que tiene erecciones de caballo. Entonces tengo que chupársela hasta que se corre. Le encanta correrse en mis tetas. Dice que parecen dos montañas nevadas.

Sobre la silla, él se movía suavemente, delante y atrás.

- No sabía que se la chupabas al jefe... ¿y la tiene más grande que yo?

- Ja ja ja ja. ¿Estás celoso? Al fin y al cabo es quien me paga.

Él la apretaba el culo.

- No... pero no me gusta que te lo montes con otro en la oficina. ¿También te folla?.

Estrujaba sus pezones y los lamía.

- Vaya que si lo hace y se mueve como los ángeles. Le encanta que me ponga de rodillas sobre una silla con las manos apoyadas sobre los reposa brazos, sin abrirme demasiado de piernas...

Parecía mojarse más sólo de pensarlo y su expresión se volvió perversa.

- Te gusta como te folla ¿eh?.

- Sí...- sonrió sabiendo que a él no le gustaba lo que estaba oyendo.

- ¿Y os lo montáis muy a menudo?.

El ritmo de sus movimientos incrementaba.

- Siempre que él me lo pide.

Él la sujetaba con más fuerza a medida que sus embestidas eran más violentas.

- Eres muy puta.

- Lo sé.

Parecía volverse loco. Hacía que ella saltara con sus movimientos.

- Eres una zorra- dijo apretando su culo con las manos hasta clavarle los dedos. - Yo te daré a ti para que se te quiten las ganas de follarte al jefe.

Ella disfrutaba con sus palabras, con su apasionamiento fruto de los celos.

- Te voy a follar hasta reventarte. No te van a quedar ganas de ir ahora a chupársela al jefe- y levantándola sin sacar su polla se corrió mordiendo sus pezones, sobre la mesa del despacho. Vació toda su carga dentro de su coño sintiéndose aturdido porque se había corrido como un animal, excitado, imaginándose como la Srta. Gómez era follada por su jefe.

Ella leyó su pensamiento en la expresión de su cara, y colocando una vez más su ropa y su pelo, salió del despacho en dirección al fondo del pasillo, donde D. Javier aguardaba.

A las seis de la tarde coincidieron en el ascensor. Él no sabía cómo preguntar, pero no hizo falta.

- ¡Menuda discusión han tenido D. Javier y el subdirector!. Menos mal que D. Javier se relaja viendo las montañas nevadas...

por Discoleta
 

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