En familia (capitulo I )
 
A mi regreso de los Estados Unidos, a donde mis padres me habían enviado para que estudiara la universidad, fui recibido con grandes señales de júbilo por toda la familia. La cual se hallaba compuesta por mi padre, mi madre y dos hermanas menores que yo.

Luego de un pequeño descanso de dos semanas, empecé a trabajar en la empresa de publicidad de mi padre, ya que su sueño era que yo me hiciera cargo del negocio cuando él ya no estuviera. Como a mi me gustaba la publicidad y en definitiva había estudiado mercadeo y finanzas, me fue fácil irme adentrando en todos los aspectos de la empresa de mi padre. El, claro, estaba feliz de que yo tomara una parte tan activa en el negocio.

Así transcurrieron dos años, al cabo de los cuales, mi padre enfermó gravemente del corazón. Con profundo pesar sufrimos su enfermedad y el desenlace fatal de la misma. Es así que yo quedaba de jefe de familia y era mi responsabilidad el velar por que todo fuera bien para mi madre y hermanas.

Desde el punto de vista económico no me fue difícil hacerme cargo de todo, en vista de las funciones necesarias en la empresa las venía desempeñando desde que mi padre vivía.

Desde el punto de vista afectivo, se fue formando un lazo muy fuerte entre todos ya que definitivamente solamente nos teníamos a nosotros mismos. Mi madre, era una mujer quien a sus 42 años lucía extremadamente joven y bonita.

Ella se había casado con mi padre a muy temprana edad y me había tenido a los 17 años. Mis hermanas tenían 19 y 18 años respectivamente. Ambas estaban cursando la universidad y era la responsabilidad de la familia, y de mi en particular financiar sus estudios, al igual que mis padres lo habían hecho conmigo. Cabe mencionar, que las dos eran unas chicas extremadamente bonitas y sensuales. Mucho habían heredado de mi madre en este respecto.

Las tres me trataban con mucho cariño y respeto considerando que había heredado una responsabilidad muy grande sobre ellas. Se esmeraban porque todo lo tuviera al día. Hacían preparar mis platos favoritos, lo cual me halagaba grandemente.

Una noche, nos hallábamos solos mi madre y yo. Ella miraba la televisión mientras yo estudiaba algunos documentos que había llevado a casa de la oficina sobre una negociación importante que se suscitaría al día siguiente.

De repente, mi madre empezó ha hablarme sobre la posibilidad de que yo encontrara la mujer adecuada y me casaría para formar un hogar. En efecto, yo había pensado en esa posibilidad varias veces, pero, siempre la había descartado pensando en que mientras mi madre y mis hermanas me necesitaran no sería muy buena idea hacerlo. Así se lo comencé a explicar a mi madre, quien mencionó que no le parecía justo que yo tuviera que posponer mi futuro por causa de ellas. De esa manera estuvimos conversando largamente hasta que yo definitivamente expresé mi deseo de continuar como estaba hasta que viera que ella y mis hermanas estuvieran en una situación muy segura. Y, ahí quedó la conversación.

Más tarde esa noche y mientras yo me disponía a acostarme en mi cama, entró mi mamá y sentándose al lado mío en la cama, empezó con la misma conversación otra vez. Yo me apresuré a decirle que no se preocupara, pero, ella insistió y me dijo que a ella le daba mucha pena que yo tomara con tanta seriedad mi responsabilidad para con ella y mis hermanas. Además me dijo que ella entendía perfectamente las necesidades sexuales de un hombre de mi edad y que le preocupaba que mi vida romántica se viera afectada por la situación y que realmente no sabía qué hacer para ayudarme en ese respecto. De repente, se me acercó y me dio un delicioso beso en la boca, lo cual me dejó perplejo, tanto porque se trataba de mi madre, como por la intensidad y sabrosura del mismo.

Pronto lo repitió acercándose aún más y esta vez el beso fue más largo e introdujo de una manera deliciosa su lengua en mi boca. Yo ya no lo pensé más y abrazándola y acercándola más a mi, empecé a besarla con la misma o mayor intensidad. Pronto nuestros besos dieron paso a las caricias. Ella introdujo su mano dentro del short con el que acostumbraba dormir y me acariciaba la verga con mucha ternura y cariño. Yo, igualmente, tomé una de sus deliciosas tetas y se la acariciaba primero en círculos siguiendo el contorno para después estrechar su pezón con mis dedos. Este era el mismo pezón que me había amamantado cuando era niño, la sensación era extraña pero al mismo tiempo deliciosa.

Besando a través de su cuello, hombros y pecho, llegué con mis labios a sus tetas. Las besaba, las chupaba y mamaba de esos pezones con una intensidad tal que ella cada vez se ponía más arrecha. Mientras mamaba sus tetas, dirigí mi mano hacia su chucha. Sentí muy poco pelo, por lo que asumí que la tenía depilada. Empecé a sobarle el clítoris sintiendo como sus jugos mojaban mi mano. Bajé mi mano aún más e introduje dos dedos dentro de su chucha mientras sobaba su clítoris con el pulgar con movimientos circulares.

Mientras tanto ella me masturbaba de una manera deliciosa y me daba besos en el cuello y orejas. Mi piel se erizaba con cada beso suyo. Mi madre introducía su lengua en el agujero de mi oreja y sentía su aliento caliente en ella. Yo apretaba su chucha con mayor intensidad a lo que ella correspondía con un movimiento ondulatorio de sus caderas. Con mi dedo índice empecé a sobarle en la parte interna, superior de su chucha. Allí se formaban unos promontorios como una caña. Su respiración se hizo más fuerte, el movimiento de sus caderas más intenso. Empezó a darme pequeñas mordidas en el cuello y sentí todo su cuerpo convulsionarse anticipando un orgasmo fuertísimo.

Con una voz muy dulce me pedía que no parase, seguí haciéndoselo y ella seguía viniéndose. Al rato, sus convulsiones cesaron y ella se acostó sobre mi cama rendida.

Al momento, se incorporó y haciéndome a mi recostar tomó mi verga y de manera muy tierna se la introdujo en su boca. Empezó besándola y acariciándola con su lengua. Luego, poco a poco, se fue introduciendo en su boca hasta tenerla casi toda dentro. Muy suavemente, iba de arriba hacia abajo, mojando mi verga con su saliva. Sus movimientos cada vez se hacían más intensos y apretaba con sus labios mi verga haciéndome sentir profundamente el placer que me estaba dando. Respiraba con la nariz y a cada movimiento su respiración se hacía más fuerte.

Con la mano que sostenía mi verga empezó a moverla más y más rápidamente. Yo sentía que la cabeza me daba vueltas. Lo único que alcanzaba a decir de cuando en vez era... qué rico! Empecé a sentir como los glandes de mis huevos iban latiendo el semen cada vez más arriba. Finalmente sentí una explosión dentro de mi cabeza y comenzó a salir mi leche a borbotones dentro de su boca. Ella tragaba a mayor velocidad posible como para no permitir que se derramara ni una sola gota. Se la tomó toda y siguió mamándola y lamiéndola hasta dejarla completamente limpia.

Los dos nos quedamos exhaustos y nos dormimos hasta la mañana siguiente abrazados. Me desperté y me introduje al baño para tomar una ducha. Cuando salí ella ya no estaba. Me vestí y bajé las escaleras para desayunar e ir a la oficina. La cocinera ya me tenía listo el desayuno y mi madre estaba a la mesa desayunando. Saludamos como de costumbre, pero esta vez al salir me dio un beso en la boca sin que lo notara la sirvienta.

 ue con ella no jugase.
 Octavio

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