El desayuno de la veterinaria
 por Doctor Whiskas
Trabajo de auxiliar de veterinaria por varios pueblos de Alicante. La verdad, es que es el trabajo menos excitante del mundo; siempre rodeada de animales y, lo que es casi peor, sus dueños. Sin embargo, este verano algo me hizo cambiar mi opinión sobre el trabajo con los animales de granja.

Era un viernes muy caluroso de julio. Yo estaba medio resacosa porque había salido la noche anterior y creo que todavía me duraba el colocón. Había intentado enrollarme con un chaval muy mono pero me había dado calabazas, así que para aliviar la penas me había puesto ciega. Mi amiga me sacó de la discoteca justo a tiempo para vomitar en la calle, llegar a casa, ducharme, coger el autobús y llegar a un pueblo perdido a hacer una cura a un caballo.

Después de curarle, me senté a fumarme un cigarro. El muy cabrón estaba con todo el pedazo de polla colgando, casi le llegaba al suelo. La subía y la bajaba como masturbándose.

No se que pronto me dio, debieron ser las pastillas y el alcohol, que le cogí la polla. Estaba muy caliente. El caballo seguía subiéndola y bajándola y yo comencé a ayudarle. Me empecé a poner cachonda y sin parar de meneársela al caballo me bajé los pantalones y me puse a hacerme un dedo.

Entonces dudé. ¿Se la chupo?, ¿Me la meto un poquito?, ¿Y si no lo puedo controlar y me destroza?. La duda me ponía cada vez más cachonda. Llegué a un punto en el que se me disipó y me la metí en la boca. Estaba muy salada y pegajosa, y cada latido me calentaba más y más ante la posibilidad de que se corriese. No se la chupaba realmente sino que la tenía metida en la boca mientras yo me masturbaba.

Y entonces, cuando ya estaba a punto de correrme y mis movimientos eran cada vez más rápidos alrededor de mi clítoris, el caballo empezó a expulsar semen como si fuese una fuente. No me dio tiempo a apartarme porque no hizo ningún signo de que lo fuera a hacer. Simplemente, tras uno de los latidos que yo notaba en su polla, un chorro de lefa me inundó la boca. Ante la sorpresa, reaccioné tragándomelo y cuando, al segundo, pensé lo que había hecho ya una segunda oleada me volvió a inundar. Pensar en la guarrería que acababa de hacer me llevó al límite del orgasmo y comencé a correrme mientras seguía tragándome el semen del caballo. Joder, que puta viciosa estaba hecha, pensaba mientras me corría y tragaba el líquido abundante y caliente.

Terminé de correrme pero el caballo seguía echando lefa a chorros. Saqué su polla de mi boca y acabó de correrse en el suelo haciendo un pequeño charco.

Me senté y pensé que por lo menos me había tragado seis chorros de su semen. Sentía la tripa llena. ¡Cómo podía haber hecho esto! Me sentía como una guarra pero a la vez, no se, especial por haberlo hecho.

Ahora, muchas veces, cuando estoy sola con algún caballo, me encanta chupársela y tragarme su corrida. Incluso algún día que se que a primera hora tengo un caballo no desayuno antes. Al fin y al cabo sólo cambio la leche de vaca por la de caballo.
 
 
 

por Doctor Whiskas
 
 

Volver al Indice