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Marc.Cada mañana se levanta de la cama y se pone sus zapatillas rojas a cuadros. Anda como si le costara hacia el baño y entonces mea. Se queda a gusto, seguro. Entonces abre los ojos y se mira en el espejo, como volviendo a ser él. Se ducha y se lava los dientes a la vez; es una costumbre que tiene desde pequeño, cuando en casa tenía que compartir baño con tres hermanas “súper monas”. Marc siempre ha sido ese patito que no termina de convertirse en cisne; como muchas veces pasa en la vida.
Desayuna rápidamente, café con leche calentado en microondas. Enciende el primer Camel. Fuma mientras abre el armario y rebusca la camisa en la silla...le cae la ceniza al suelo. Se viste, se ata los zapatos ( unos nuevos, unas bambas “modernas”, de las que se llevan ahora). Se mira, se asegura de llevar las llaves en el bolsillo y apaga la luz del pasillo. Sale a la calle y hace frío. Las temperaturas han bajado. Anda y se monta al metro. Asiento de la derecha, en la punta. Se dirige a su empleo. Once paradas. Menos mal que ya se ha sentado, odia tener que ir enlatado, oliendo el sobaco o la calva del prójimo. Plaza Catalunya; el vagón se vacía.
Paula.
Cuando suena el móvil a forma de despertador, pulsa REPETIR y duerme 5 minutos más. Las siete menos diez, vuelve a pulsar repetir. Es extraño, en estos cinco minutos, Paula vuelve a dormirse. Como si aquello no fuera con ella. Le encanta dormir, es su peor vicio. Chatear hasta tarde y tener que levantarse a las a las siete, no es buena opción.
Se levanta, aún está dormida. Va directa a la ducha y el primer chorro de agua es frío. La hace reaccionar; empieza a salir calentita. Se enjabona. Se aclara. Se seca con el albornoz, mientras se mira en el espejo lleno de vaho. Crema en las piernas; su nuevo tanga verde (kiss me madly), jeans, camiseta negra y encima una de roja. Se lava los dientes, se pone colorete y se pinta los labios, rojos también. Coge las llaves del comedor las mete en el bolso. Móvil, kleenex, agenda, boli, llaves, tabaco, cerillas, pastillas para la garganta, monedero. Coge la carpeta y cierra la puerta. Tiene cinco minutos para tomarse un cortado en el bar de abajo.
Cortado con leche natural, pide. Sorbo de café recién hecho y primera calada, hasta el fondo. Como le gusta encender el primer cigarro del día.Anda dos calles, baja las escaleras, cruza la plaza y se mete en el metro. El metro está en el andén, quizás aún llegue a tiempo a la universidad. Paula se mete en vagón. Se sienta.
Marc.Hoy es el cumpleaños de Marc. Cumple 36. Sabe que hoy va a ser un buen día; a leído un mensaje subliminal en un anuncio de compresas. Lo va a ser, todos sus cumpleaños lo han sido. Alguien se sienta, tiene que mutar su pose comodona de piernas estiradas. Luego mira. Vaya. Joder. Qué tía. Qué huevos. Joder.
Marc, digamos que se ha quedado impresionado con lo que ha visto. Es una jovencita, no debe tener más de 23. Guapa. Expresiva. Con color en la cara y labios rojos, perfectamente dibujados; ojos grandes, oscuros y brillantes. Una expresión un tanto extraña, pero a la vez atrayente.
Va rapada. Dios. Pero que niña. Decide que le encanta, es como una obsesión, que se le mete en la cabeza.Marc, no para de mirarla. La chica se mueve; que si el bolso, que si la carpeta, que si el asiento...por fin se sienta. Cruza las piernas, no es sexy, solo las cruza y entonces mira hacia su derecha. Marc también mira. Hay una mujer pelirroja, de unos 60 años, con el moño todo enlacado. Viste de verde: falda y chaqueta.
Se miran, se ven. Marc no es de los que aguantan la mirada. Se va a acojonar en breves instantes...baja la mirada y se mira los zapatos. La chica se ríe. Qué simpática. Vuelve a mirarla. De nuevo están serios. Marc se está empezando a poner rojo, no lleva muy bien estas situaciones, no sabe a dónde llega este juego de las miradas. La chica no lo mira desafiándole, simplemente parece hacerlo, cómo con curiosidad, sigue con esa expresión divertida. Es guapa.
Paula.
Bien, va bien de tiempo. Va a llegar a su clase. Sentada y sin nada que hacer, empieza a mirar a la gente. Paula siempre hace eso. Sobretodo cuando coge el autobús, se pega a un cristal y observa a la gente que va con coches o motos; muchos también, la ven a ella. Algunos disimulan, bajan la mirada ( dichosa pirada ). Otros la miran y luego simplemente siguen su marcha o le sonríen; alguna vez a terminado riéndose sola en el bus. Es una buena dosis de alegría. Nunca viene mal. Sabe que es atrayente, le gusta llamar al atención.
Paula mira a su derecha y ve a esa mujer; una de tantas, todas iguales. La mira, va vestida de verde. La mujer verde también la mira a ella. Un gesto inamovible en su cara. Paula no está segura de que la vea. Bueno, da igual.
Uy! Y ese...chico. Ese hombre. Vaya, pues que guapo. Ummm, me gusta, jajaja, que loca. Debe tener más de 35, seguro, jajajaja, me parto. Es interesante, sí. Me esta mirando, me mira los labios. Tío, que solo tengo 22. Sigue mirándome a los ojos. Nen, para ya. Joder – piensa Paula.
Paula necesita un cigarro. Dosis de nicotina. El hombre ha bajado la mirada, ella ha reído, pero no por risa, sino por tensión del momento. Joder. Mira al hombre, le encanta. Se fija en sus manos, unas manos preciosas, unos dedos largos y finos. Mueve las manos, tiene algo entre dedos. Lleva el pelo corto, es moreno, recién duchado.
Vuelven a mirarse; Paula ya no se ríe. Él tampoco. Es un hombre muy guapo. Vuelve a mirarle las manos, no ve ningún anillo. Supone que no está casado. 50% de posibilidades de que tenga novia y 50 que no. Paula se pone nerviosa. No sabe en que está pensando. Se tranquiliza pensando que solo es otro desconocido del metro, del que sería interesante conocer algo más. Siempre quedará la duda. Maldita ciudad; puedes ver a una persona que te impresione y puede que nunca jamás la vuelvas a ver; llegas a olvidarla.
Marc.
Aún quedan 5 paradas. ¿ En cuál se bajará la joven rapada?.
Marc nunca ha estado seguro sobre el destino. Piensa. Marc, es mayor que ella, seguro que le saca diez o doce años. Que posibilidad existe de que esta mujer, de sonrisa inquietante este libre y/o se interese por un hombre mayor¿?
¿ Tendrá esta jovencita fantasías con alguien mayor que ella? Preguntarle el nombre no avanzaría la forma de saber de ella.
Marc y Paula.Dos extraños que nunca se habían visto. En pocos minutos se han cautivado. Los dos están deseando hablar. No saben que decir; miedos y preguntas rondan sus cabezas.
Paula gira la cabeza, inquieta, la siguiente es su parada. Se levanta, mira por última vez al hombre.
Marc, inquieto, ve como la joven se levanta y se apoya en la barra metálica, preparada para bajar. Se levanta. No sabe muy bien que hace. La va a seguir. Está loco.
Marc se pone justo detrás de Paula. Casi rozándola, es algo más baja que él. Huele y un olor dulzón hace que se acerque un poco más a ella.
El metro se para. Paula baja y se queda quieta. No sabe que hacer. Dar la vuelta y decirle algo al hombre o seguir andando. Las clases empiezan dentro de nada. Va a volver a hacer tarde. Marc, también se ha detenido; se empieza a sentir como un capullo. Esta haciendo el ridículo.
- Hola, oye... – dijo Paula dándose la vuelta, encontrándose al hombre mirándola.
- Hola, me llamo Marc. ¿Cómo te llamas? – se le escapo de la boca a Marc.
- Paula. Me llamo Paula. Encantada. – Paula sonrío. No se movió.
- Quizás te suene raro que te diga esto, pero estoy haciendo esto por ti. Me he bajado dos paradas antes de la mía. Ahora pareceré obsesivo, pero iba a seguirte. Tienes unos labios preciosos, Paula. Perdona mi osadía. Yo me quedaré aquí esperando el próximo metro; tú recuerda esto como un episodio de locura, locura de un hombre al que has encantado. Anda vete.- Marc dijo esto de un tirón. Casi sin respirar, sin moverse, sin saber por que soltaba todas aquellas palabras; esperando volver a ver la risa de la chica.
- Marc, vamos a tomar un café? La verdad, es que estaba esperando que me dijeras algo así. Pero no creía que fuera posible.La atracción.
El hombre se llama Marc. Paula va tomar un café con Marc. Andan, se miran, no hablan; es el momento del segundo cigarrillo. La cerilla prende el cigarro de Paula; Marc la mira, la sigue. Aquella chica le sonríe.
Fuman, Paula utiliza el encendedor de él. Toman café con leche, en tazas blancas. Se gustan, no se conocen en absoluto, van sobrios; son las ocho de la mañana.
Podrían caer en el juego de las preguntas ( preguntas fértiles, para situaciones estériles ); pero perdería el encanto todo aquello. Estaban claramente atontados con el otro.Marc besa a Paula, por encima de los cafés. Ella se come sus labios, recelosa atrapa los labios de Marc, cierra los ojos y juega a besarle. Mordiendo, chupando, clavando la lengua en la boca del otro. Él pasa la mano por la cabeza de Paula, mientras ella sigue comiéndoselo, besándolo en la boca; le acaricia el cuero cabelludo y nota los miles de cabellos, cortitos. Abre los ojos y la mira mientras le besa, se deja llevar por la visión de unos labios rojos que se abren y chupan directamente de su boca.
Paula está excitadísima. Acaba de besar al hombre del metro, a Marc. Con las piernas abiertas y la costura de los jeans reposando sobre la palabra “madly” de su tanga. Él desciende la mano por debajo de la mesa y va en busca del pantalón de ella. Aprieta descaradamente el sexo de Paula contra su mano. La boca de la chica lame un trocito del cuello de él, se le acerca al oído, empieza a darle besitos húmedos. Cuando Paula siente la mano de Marc encima de los pantalones, se separa un poco de él, le mira y acercándose le pide, musitando de nuevo, que la folle.
La provocación.
Los clientes del café, de refilón, miran la imagen. Miran a esos dos personajes que se están propiciando caricias muy calientes, en una mesa al fondo del bar.
Hay quien tendrá envidia; otros los tacharan de exhibicionistas; muchos se extrañaran al verla a ella, una chica rapada y joven con un hombre, un hombre mayor. A Paula le pone la idea. Marc está consumando su cumpleaños; le encanta Paula.
Le va a hacer el amor. No puede retirar la mano del sexo de Paula, mira la cara de ella, ese labio rojizo mordido visible a todo el mundo. La gente los mira. Decide parar, por nada del mundo quiere que aquello acabe con un altercado. Paula cruza las piernas y sigue tambaleándose en la silla, rozándose con los pantalones. La erección es más que notable, cuando se levante va a asustar a los niños y las madres pensaran que es un salido; viejo verde.
Mejor irse. En la calle Marc le pregunta si quiere ir a un hotel. Con los brazos estirados, intenta disimular la erección. Paula le acaricia un brazo, le coge la mano, de dedos finos; la huele y le dice que sí, que quiere irse con él. Cuanto antes, quiero tocarte, vuelve a musitar Paula.
A Marc, el reciente empleo de editor, le permite acortar distancias...y pagar una habitación de hotel. Caminan en busca de uno. Él la acaricia, desde atrás. Anda con las piernas separadas, notando las caricias que él le ofrece desde atrás. Doblan la calle; el cuerpo de Paula se pega al de Marc, se apoya contra él. Busca el roce directo de la dureza de su muslo en la entrepierna, mientras acaricia golosamente el pene de Marc, por encima de la tela, pasea su mano por la polla, apretando, notando la dureza comprimida allá dentro.
Están en medio de al calle, Paula se ha corrido en medio de la calle. Qué locura más deliciosa. Los dos riéndose, apresuran el paso, empiezan a besarse.
El sexo.
El sexo entre Marc y Paula. Pues eso, sexo, con sus locuras y delicias. La atención y la inocencia de ver el cuerpo de alguien por primera vez. Marc, miraba como esa jovencita se desnudaba, lo hacia con gracia, pero sin interpretar el papel de nadie. Atrevida, tímida, pendiente de las miradas de Marc. Él se acerca a ella, solo lleva el tanga verde, lee lo que pone; se acerca al sexo de Paula y descifra el mensaje, está claro, directo. Bésame hasta la locura. Huele y toca la humedad que hay dentro de ella. Marc está dispuesto a volverse loco por ella; se la quiere comer con las piernas abiertas. El sexo de esta chica, que aún no había visto, y que se le antoja perfecto, dulce.
Paula necesita ser acariciada, necesita que los dedos busquen en su interior, que toquen su piel. Él acaricia su sexo. Deliciosa locura.
Por fin! Paula siente por la piel, unos dedos que van deslizándose hacia abajo. Queda completamente desnuda. Marc le pide que se siente, que apoyé las piernas en los brazos del sillón, que se abra y empiece a acariciarse, mientras él se va a desnudando. Primero sube una pierna, luego se incorpora la otra. Marc se desabrocha la camisa y se baja al mismo tiempo los pantalones. Se aproxima a Paula, la roza con los dedos y sigue desnudándose. Ella se acaricia la humedad, está fija en el cuerpo de él. Marc se baja los calzoncillos también a cuadros rojos, se acerca el cuerpo caliente de Paula y empieza a rozarla, toca sus pechos, los mira y los acaricia. La besa y va bajando por el cuello; acaricia con la lengua el tatuaje del cuerpo de ella, se queda mirando esa pequeña gotita de agua blanca tatuada en su piel. Lame, sorbe, intentando hacerla desaparecer. Paula tensa el cuerpo, se siente al límite; acaricia pausadamente el glande, toca el miembro duro, grande. Roza la punta por sus muslos.
Los pechos de Paula recogen la saliva de su amante, siente que se ponen duros, siente la respiración de nuevo acelerada. Marc nota los dedos de Paula encima del escroto, no para de moverlos, es una chica juguetona y está a punto de correrse. Paula, espera.
Marc, no esperes más. Métela ya. Coge a Paula, apóyate en sus muslos y entra en su interior. Los dedos de Marc se clavan dentro; dos dedos largos que desaparecen en el interior de Paula. Paula siente como entran, moldean su pared vaginal. Gime, no puede parar de moverse. Este hombre la esta matando. La lengua, los labios de él se mezclan en el sexo de ella. Chupa su clítoris y bebe de sus líquidos. Marc siente como su sexo reposa.
Paula se corre; rodea la cabeza de Marc entre sus piernas. Siente el orgasmo fundirse. Aprieta las nalgas, nota los dedos entrando y a cada sacudida de su cuerpo nota como su clítoris está siendo chupado con ganas. Se queda muda, se cae encima de la boca de Marc. Él la mira, desde el suelo, ella encima de él, con el coño justo en su boca, en su nariz. La coge de las caderas y la eleva, solo un poquito. Empieza a dar bocados a un sexo húmedo, hinchado, rojizo, caliente. Ella está sensible, se aparta , se levanta y mira a Marc, está estirado en el suelo, los labios hinchados, mojados; el sexo erecto.
Marc se levanta, y pega su cuerpo al de Paula, busca con los dedos la abertura trasera. Sube resbalando hacia el ano, mojando, dilatando, abriendo el camino. Paula inclina un poco el cuerpo, se apoya en la cama. Marc introduce la punta del dedo en el conducto y entra sin presionar. Desde esta postura, Marc, empieza a frotar su pene con la humedad de Paula. Introduce el pene dentro de la vagina, se humedece el tronco, se calienta entre las paredes; sale y frota la punta sobre el ano de Paula, presiona y con un gesto de acercamiento de las nalgas de Paula, el pene empieza a entrar. Marc baja la mano y empieza a estimular el clítoris de Paula. La chica empieza a moverse, enculándose un poco en cada movimiento. A su ritmo, con pausas.
Paula disfruta, se abandona al cuerpo, empieza a masajearse los pezones, se deja llevar por el ritmo pausado, al ritmo de las entradas y salidas de Marc. Gozan. Marc se deja caer sobre la espalda arqueada de Paula. Mueven las pelvis. Marc se sale del cuerpo de Paula; le da la vuelta...y ahora sí; la penetra directamente, sosteniéndose en su cuerpo, agitando rápidamente, levantando al unísono las caderas. Ella de la cama, él en la ingravidez. Sus cuerpos se mueven solos, se unen, se funden. Paula empieza a gemir su nombre. Le mira a los ojos, el pelo revuelto; lo abraza y empieza a lamer le cuello de Marc, clava los labios en la clavícula; ahoga las exclamaciones, los suspiros quedan tatuados en la piel de él. Marc sigue bombeando frenético, fundido por el abrazo de ella. Descansa el cuerpo y se abandona dentro de ella. Se corre.
Aquí se produce aquello del no quiero salir; no quiero que salgas.
Besos, más besos enroscados por la cama. La mano de Paula se dirige hacia su sexo. Un sexo aún caliente, abierto, hinchado por el placer. Toca a su compañero, reposa tranquilo a su lado. No habla, la mira de costado y la vuelve a besar.
Le pregunta que edad tiene. Marc dice que hoy cumple 36. Paula, responde que acaba de cumplir 22. Hacen una cuenta rápida. Paula se levanta de golpe de la cama y busca dentro de su bolso, enciende dos cigarros, a la vez, con una cerilla y vuelve a la misma posición en la cama. Le pasa el cigarro a Marc.
Ahora, Marc, empieza la conversación. Preguntas sobre ella, preguntas que le lleven a desvelar quién es esa chica. Saber quien es Paula. Saber si la va a volver a ver.
Paula, responde con detalles, tirada sobre la cama desnuda. Acariciando el cuerpo de Marc, besándolo a cada respuesta, respondiéndose a si misma. Respondiéndose a lo que acaba de pasar. Preguntándose que pasara a partir de ahora.
por Pauline en la playa
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