Mi portera
 por Eloito
Como cada mañana al salir hacia el cole, Lourdes, la portera me daba un pellizco en las mejillas diciéndome lo guapo que iba y cosas parecidas. Esto que se había convertido ya en una costumbre, lo soportaba, aunque ya me encontraba un poco mayorcito para estos arrumacos, solo por lo buena que estaba la tal Lourdes. No demasiado alta pero muy bien proporcionada, como hecha a escala, pelo castaño, y un par de tetas como dos carretas. Lógicamente era mucho mayor que yo, que por aquel entonces debería tener unos trece años y ella debería estar alrededor de los treinta y cinco. Según había oído contar a mi madre la tal Lourdes se había quedado viuda hace ya varios años y alguien, creo que un vecino de la casa, la había recomendado para el puesto de portera. Yo notaba que Lourdes me tenía cierto afecto, quizás algo más que afecto, o al menos eso era lo que yo creía o deseaba creer.

Fue un día que al llegar a casa del cole, me dijo que mi madre había salido y que no volvería hasta hora de cenar. Ella, le había dicho a mi madre que no se preocupara que mientras tanto, para que no estuviese solo, me quedaría con ella en su casa, que estaba en la planta baja detrás de la garita de la portería. Al entrar en su casa, un aroma agradable me envolvió. El cuarto de estar aunque pequeño era bastante acogedor. Ella me había preparado una pequeña merienda, leche y un plato con galletas, que empecé a devorar a la mayor velocidad  posible.  Estaba yo tan distraído con las galletas y la tele, que había encendido al llegar, que no me di cuenta de que Lourdes, la portera, había desaparecido y no sabia donde estaba. Al rato volvió al pequeño cuarto de estar, se había cambiado de ropa y ahora lucia una bata abrochada que no dejaba ver lo que  llevaba debajo. Haciendo un aspaviento se sentó a mi lado diciendo que se había tenido que duchar y ponerse cómoda debido al calor que había tenido durante todo el día. Al sentarse a mi lado y poner la pierna doblada doble el sofá la bata se abrió y me dejo ver un poco las bragas blancas. Yo ya me estaba empezando a excitar, aunque estaba un poco cortado. Ella siguió parloteando, de vez en cuando me acariciaba el pelo o me daba un arrechucho. A todo esto, yo, aunque seguía con la vista fija en la televisión, la verdad es que no me estaba enterando de nada, el olorcillo de esa mujer recién salida de la ducha y lo buena y voluptuosa que estaba, me estaban poniendo malo. Al rato y haciendo otro aspaviento de calor se desabrocho un poco la bata y pude ver de refilón, que la muy zorra no se había puesto sujetador y que descaradamente estaba tratando de calentarme, lo cual ya había conseguido plenamente. El problema era como seguir adelante, me daba un poco de corte el tratar de tocarla o hacer algo. Hasta entonces yo no había tenido ninguna experiencia, y el dejar que ella fuera avanzando sobre mí, no lo veía yo muy claro y no sabia que es lo que iba a pasar si la dejaba hacer. Así, que en un momento de valor y decisión, deje de mirar el televisor, me recline en el sofá y mirándola directamente a los ojos le dije.

-  Ábrete la bata, quiero ver tus tetas.

Ella dio un respingo, abrió mucho los ojos y fue a decir algo, pero se quedo en un amago. Después de mirarnos fijamente a los ojos como desafiándonos durante un rato, se recostó en el sofá y despacio se fue abriendo la bata hasta dejar al descubierto, solo para mi,  dos fantásticas tetas con sus oscuros pezones y todo. Yo, que solo había visto eso en alguna revista con los amigos me quede mirándolas por largo rato. Ella muy despacio empezó a acariciarse con la punta de los dedos alrededor de los pezones a lo que estos enseguida reaccionaron y se pusieron de punta. Yo, que ya casi había sentido la bofetada después de mi atrevimiento, me encontraba extasiado contemplando el espectáculo y pensando que iba a ser lo próximo que le iba a pedir que hiciera. Así que en un audaz arrojo de valor y procurando poner la voz lo mas seria, pausada y autoritaria posible, la ordene.

-  Abre las piernas y tócate el chocho.

Tardo un rato en reaccionar, pero poco a poco y sin dejar de mirarme a los ojos fue abriendo sus bellos muslos hasta dejar su chocho, aunque tapado por las bragas, a mi entera disposición, luego la mano fue acariciando el interior de sus muslos hasta llegar a su vagina que empezó a frotar por encima de la tela de la bragas.

Yo ya estaba a punto de reventar. Pero quería ver hasta donde podría llegar con este juego. Así que otra vez la ordene, sin ningún rastro de temblor en la voz, que se fuera quitando las bragas poco a poco. Ella como si lo hubiera estado esperando se las quito inmediatamente, lo que dejo al descubierto el mejor espectáculo que nunca me hubiera podido imaginar. Aquella divina raja con los labios gordos, que se entreveían a través de la mata de pelo castaño, esos dedos que sabiamente iban tocando en los lugares indicados, la humedad que se adivinaba y el olor, aquel olor a mujer que olía por primera vez. Ella siguió tocándose y gimiendo, la cabeza la echaba hacia adelante y atrás, cerrando los ojos y volviéndolos a abrir para mirarme a la cara. Después de disfrutar del show que me estaba montando la portera, había llegado un momento en el que ya no podía más. Así que me levante y delante de su cara me desabroche el pantalón y bajándome el calzoncillo, le puse el cipote en toda la cara. El mero contacto con su rostro fue suficiente para que se me escapara un latigazo de lefa que le atravesó la cara de lado a lado. La muy puta empezó a relamerse tratando de rebañar lo que había caído cerca de la boca. Luego me agarro el pito y se lo metió todo en la boca chapándolo varias veces hasta el fondo. Viendo que la cosa se me escapaba de las manos, y yo todavía tenia ganas de mandarla hacer unas cuantas guarradas mas, me retire y me fui a sentar, aun con los pantalones y calzoncillos por las rodillas, en uno de los sillones que había frente al sofá donde ella seguía recostada. Y asi, otra vez volvi a ordenar.

- Ponte de pie.

A lo que ella obedeció.

- Date la vuelta y agachate.

Volvió a obedecer no sin dudarlo un poco. Ahora tenía a mi disposición el gran culo y el coño, ya que ella con las manos apoyadas en el sofá y con las piernas estiradas me lo ofrecía todo.

- Separa un poco las piernas.

Obedeció al instante. Y así,… como el que toca un pulpo por primera vez, le fui tocando con la punta del dedo toda la raja muy despacito, empezando por el clítoris, que ahora estaba abajo, para poco a poco ir subiendo hasta llegar mas allá del ano. Ella gemía de placer, así que profundice un poco mas en mis exploraciones y separándole los labios del coño le fui introduciendo el dedo cada vez mas profundo en aquel caliente y aceitoso agujero, cuando ya no pude llegar mas hondo, trate de introducir otro dedo, ella gemía cada vez mas, luego otro y otro mas, al final toda la mano me entro en aquella lubricada caverna que como por arte de magia había tragado todo lo que se le metía. Se agitaba, lloraba, gemía y pedía más. El líquido aceitoso que surgía de allí lo inundaba todo, los muslos le chorreaban, mi mano hasta la muñeca totalmente empapadas. Poco a poco deje de empujar y fui sacando la mano para a continuación empezar a manosear ese esplendido culo que se ofrecía ante mi y que todavía no había catado. La mande arrodillarse, lo que agradeció, aunque el torso seguía paralelo al suelo con la cabeza apoyada en el sofá. O mientras tanto por detrás ya estaba tratando de introducir un dedo por ese agujero prohibido que me atraía, más que nada por la sensación de poder y el morbo de humillarla tal como lo estaba haciendo. Al fin después de efectuar un poco de presión el dedo penetro en el interior de su culo. Por un rato anduve por allí metiendo y sacando el dedo, hasta que ella gimiendo, no se si de dolor o de gusto pidió mas,  a lo que me decidí a poner la punta de mi capullo en la entrada del orificio, después de haberme aceitado bien con sus jugos, empuje y con un golpe de cadera entro hasta casi la mitad, el resto fue fácil. Ella aullaba cada vez más, aunque se tapaba la boca con un cojin para que no se la oyera mucho. Yo mientras tanto le amasaba las tetas por detrás. Como entenderéis perfectamente, después de unas cuantas bombeadas me volví a correr dentro del culo de mi portera. Al rato nos separamos y me fui al baño para limpiarme, cuando volví ella ya se había puesto las bragas y la bata aunque no se la había abrochado. Sonreía,… recogí mis libros y subí a mi casa pensando que es lo que les iba a contar a mis amigos mañana en el cole, y que es lo que le iba a pedir a la portera que hiciera la próxima vez.
 
 
 
 
 

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