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Hoy me he despertado con unas grandes ganas de follar. Toda la noche la he pasado teniendo sueños eróticos, o sea de joder y al despertarme los huevos me dolían un montón. Había que vaciarlos como fuera.¿Pero a quien me follo a las 10 de la mañana? Hice un repaso en mi escueta agenda. Áurea se acuesta tarde y no es mujer hasta la 1 y media del mediodía. Éster se va al trabajo a las 8 de la mañana y no vuelve hasta las ocho de la tarde y mis necesidades son perentorias.
No soy joven, 55 años, pero tampoco viejo, pensando donde puede haber hembras a estas horas, me vino a la mente la cafetería de unos grandes almacenes, donde van a desayunar mujeres de mi misma edad y quizá con las mismas ganas que yo. Para estas mujeres, hace 20 años, el echar un polvo era pecado mortal, pero hoy no es nada del otro mundo. La vida se acerca a su fin y hay que disfrutarla en todos sus momentos. Dicho y hecho. Me ducho, me afeito muy bien, me pongo una camisa fina y a la calle. Estamos en pleno mes de Julio.
Llego a la tienda y subo por la escaleras mecánicas hasta la cafetería. Serian ya la 11 de la mañana. No había mucha gente. Por su aspecto engominado, se veían varios ejecutivos, algunos jóvenes que aprovechan el tiempo para bocatear y poca cosa mas.
Me siento en una mesa pequeña pido un café y despliego el periódico para ver las mismas chorradas de siempre. Pero mis ojos no perdían detalle de la puerta de entrada.
En eso, hay una invasión de jóvenes estudiantes y acaparan todas las mesas. No queda alguna libre.
Yo ya me estaba cansando de tanto jolgorio juvenil y, cuando estando pensando en irme aparece por la puerta una hermosa mujer y, digo mujer con todo el sentido de la palabra. Madura, no mayor. Estatura, 1.65. Cuerpo, bonitas curvas. Pechos, los justos. Trasero, respingón. Piernas, gordezuelas (como a mi me gustan) Rubia, ligeramente maquillada y por su aspecto, fresca y juvenil. Blusa amarilla, que dejaba ver un sostén blanco y un falda con un poco de vuelo. En fin muy agradable para follar.
La vi buscando una mesa, todo estaba completo. Se acercó a mí y me dijo:
-¿Puedo ocupar este sitio que hay vacante en su mesa?.
-Por supuesto que si - dije.
Se sentó enfrente de mi y pidió una café con leche y tostadas con mantequilla. Empezamos la conversación como se empiezan todas. Estúpidamente. Sobre el tiempo. “Que calor hace en la calle” “Este año hace mas calor que otros” En fin un cumulo de tonterías Poco a poco se hizo mas, digamos intima, “¿Como te llamas?” “¿Eres casada?” Se estaba diluyendo el hielo.
En verano, yo no llevo calcetines y no me sudan los pies. Así que me quité un mocasín y los puse en un pie de ella. Noté un pequeño respingo pero no lo retiró. Subí el pie por la pantorrilla, y noté que abría sus muslos, por cierto, muy frescos. Ella se arrimo con su silla todo lo que pudo a la mesa. Se echó hacia atrás con disimulo y, ofreció todo el coño a mi pie, (no llevaba bragas) el cual se plantó suave y totalmente en su peludo coño. Mi dedo gordo hacia estragos. Raspaba el clítoris y notaba los jugos vaginales que se derramaban por el resto de los dedos. Ella aguantaba con los ojos cerrados y haciendo esfuerzos para no delatar al resto de la gente el orgasmo que de un momento a otro iba a tener. Lo tuvo. Abrió los ojos y con la mirada me dijo que quería mas. Mi pene estaba a punto de romperse.
En un sitio publico y tan concurrido, es difícil encontrar un sitio para follatear. Se me ocurrió, que en estos sitios la gente suele utilizar las escaleras mecánicas y muy poco los ascensores.
Así que allá nos fuimos. Casi corriendo. Llamamos y efectivamente, subió vacío. Entramos, y lo pusimos al 2º piso. Entre el 2º y 3º, lo paramos. Me bajó muy nerviosa la cremallera y afloró con toda su fuerza mi polla, se la comió, tragó y lamió. Todo a la vez. Se levantó la falda y me ofreció su coño el cual comí, tragué y lamí. Estábamos locos de pasión. Llego el momento de follar. Se inclino y me ofreció sus hermosas nalgas y su coño. Escogí el coño. Le hundí la polla. Dentro, fuera, dentro, fuera, durante 10 minutos. Ella se corrió tres veces mientras yo bombeaba. Con una de sus manos me tocaba los testículos. ¡Joder! ¡Que gusto!Llegó mi hora y solte toda la leche que tenia preparada. Se le salía del coño. Saque la polla y ella me la limpió con sus labios, bebiendo toda la vitamina. TODO EL DOLOR DE HUEVOS QUE LLEVABA HABÍA DESAPARECIDO.
Quedamos para la tarde, para repetir mas cómodamente y ampliado, nuestro encuentro de la mañana, pero eso es otra historia, que como todas, se acaba superfollando.
ue con ella no jugase.
MONCHÚ FALAURCE
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